Archivo de Público
Miércoles, 4 de Febrero de 2009

La vida blindada de Saviano

Rabia y dolor. En el nuevo libro del autor de 'Gomorra', los personajes que aparecen legitiman la condena del escritor al fatalismo propio del sur de Italia, a una vida no elegida, pero culpable pase lo que pase

TONI POLO / PEIO H. RIAÑO ·04/02/2009 - 23:00h

EFE - El escritor y periodista italiano Roberto Saviano.

La carne en el asador y la palabra contra el poder. Roberto Saviano (Nápoles, 1979) no ama el riesgo. Roberto Saviano es un chico del sur de Italia resignado al fatalismo, que intenta sacar ventaja de su complicada situación. "Aquí te adiestran para considerar todo lo que sucede como inevitable", dice el narrador del primero de los dos relatos breves, que da título a su nuevo libro, Lo contrario de la muerte (Debate), escrito al poco de publicar Gomorra (Debate) y de ser condenado por la Camorra.

En una voz reflexiva, que camufla las experiencias por las que está pasando el propio autor desde los 26 años de edad, alega que a lo hecho, pecho: "Todo sucede porque debe suceder. Sufre, y extrae todo lo que puedas de lo que sufres. De lo que recibas saca lo que puedas, pero nunca podrás decidir qué parte se le puede atribuir a la mala suerte, qué te espera y por qué te espera". Mañana estará el libro en las librerías y ayer el autor pasó por Barcelona, con motivo del Festival Barcelona Negra.

"Si alguien no está dispuesto a arriesgarse por sus ideas no valen nada"

Miguel Aguilar, el editor de Saviano en España, destaca la voluntad y el esfuerzo del autor para seguir escribiendo, en medio de un "auténtico infierno". Apunta que apenas tiene tiempo para escribir, que no duerme dos noches seguidas en la misma cama, que vive sin amigos, que su conexión con el mundo es un portátil y que en la última edición de la Feria de Frankfurt llevaba cuatro guardaespaldas mientras visitaba las casetas y otros cuatro le esperaban fuera. "Ahora está limitado a escribir ficción", resume haciendo balance de la consecuencia creativa a la que está obligado a someterse el periodista italiano. Ve difícil que pueda acercarse a las fuentes con cuatro gigantes a su alrededor.

Rabia contra injusticia

Sin embargo, Lo contrario de la muerte es el producto (breve) de un ejercicio de oído, de atención a los problemas por los que pasa el sur de Italia. Por un lado, los soldados jóvenes que mueren en la guerra de Afganistán; por otro, los chavales que acaban acribillados a balazos en un pueblucho, por asuntos de mafia. "Hay lugares donde nacer implica tener culpa", suelta uno de sus personajes. En ambos casos, la escritura se vuelve peleona, vengativa, rabiosa, contra los poderosos y sus muros de silencio. Sigue siendo periodista, con extensión de libro. El frente militar y el frente criminal, esquilmando la población. "El libro quiere ser un cuento a la esperanza, la posibilidad que tienen las nuevas generaciones, que viven en una guerra verdadera en el sur de Italia, de inventarse una humanidad nueva", explicó ayer en rueda de prensa.

"Lo que es un éxito se ha convertido en una condena"

Pero la esperanza está bien tapada por varias capas de decepción, y unas cuantas de escepticismo. "Habían nacido en la tierra de la culpa. No podían llamarse inocentes", incide la voz que guía el segundo relato, titulado El anillo. Por eso él mismo reconoció en Barcelona que "lo que es un éxito se convierte en una condena", y que no sabe "cómo salir de esta situación".

Entre las preguntas, el autor recuerda que en octubre hará tres años que vive bajo protección. Una vida blindada las 24 horas del día. "Mi vida anterior, por muy mediocre que fuera, me parece ahora bellísima. En el libro explico lo que hacía antes y confirmo el pensamiento de Ezra Pound, que señala que si alguien no está dispuesto a arriesgar algo por sus ideas, o no valen nada o no vale nada él como hombre", dijo con cierto resentimiento.

En un artículo del diario "La Repubblica", publicado el pasado 14 de diciembre, al hilo de su comparecencia en la Academia Sueca en Estocolmo, junto a Salman Rushdie, escribe en el límite de lo que podría ser un manual de principios para una literatura de mínimos: "Confío en una literatura capaz de transportar a cualquiera a los lugares del horror más inimaginables". Saviano condenado a una escritura comprometida, por obligación moral y por amenaza. En otro momento escribe que no puede dejar de confiar en que sus palabras lleguen a alguien, porque eso significaría dejar de creer en la capacidad de sus palabras para comunicar y afectar.

"Ahora está limitado a escribir ficción", dice su editor en España

Maduro a trompicones

Entonces, ¿le compensa la situación? "No me compensa, pero por otro lado me siento afortunado: otros no tienen el privilegio de hacer denuncia. Lo peor es que consideren que escupes sobre tu propia tierra. [El futbolista] Cannavaro, por ejemplo, considera que no hay que escribir sobre esto", respondía a las preguntas.

Saviano está en todos los detalles a los que acude en Lo contrario de la muerte. Al fondo aparece ese muchacho con la otra vida de la que habla. Hay Vespas, chicas del norte que no se enteran de las señales del sur, hay tortazos a bocajarro, tabernas, gaseosas... Y personajes que maduran antes de tiempo, donde los minutos corren sin parar más allá de su edad: "María parece haber adquirido una sabiduría que no cuadra con sus años", exactamente lo que le ha pasado a él.

"La mafia no teme mis palabras, sino su difusión", cuenta el autor

Roberto Saviano no puede quitarse de encima el tono del artículo largo, denunciativo, ácido y machacón, al hablar, al escribir. Sabe más de la cuenta, sabe que lo que teme la mafia de él no son sus palabras, sino "su difusión". "Saviano les importa porque escribe en la tercera de La Repubblica", dice. Conoce a la peligrosa mafia calabresa afincada en Madrid, está al tanto de la llamada "Costa Nostra", la Costa del Sol, y quiere que se sepa que no están escondidos, que los arrestos han sido hechos en casinos, restaurantes, a plena luz del día.

"Te culparán de haber sobrevivido y no haber muerto como debías. Que te dé lo mismo. Vive y escribe. Las palabras ganan", le dijo Salman Rushdie en Estocolmo. Se lo ha grabado a fuego y parece que de ahí, de la palabra, es de donde saca la indiferencia a la condena.