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Martes, 3 de Febrero de 2009

El Ejército de Sri Lanka acorrala a los Tigres Tamiles

La ofensiva militar en el norte del país deja entrever el fin de la guerrilla y de la guerra civil más antigua de Asia

ELISA RECHE ·03/02/2009 - 08:00h

Sri Lanka es una isla extraña. Mientras los magnates rusos se van de vacaciones a las playas paradisiacas del sur del país, el este, pero sobre todo el norte fronterizo con la zona de guerra, es un verdadero infierno. Bajo una vegetación frondosa miles de jovencísimos soldados cingaleses con un AK-47 entre las manos que no hablan el idioma local, el tamil, vigilan cada esquina de las calles y salpican de controles militares y barricadas las carreteras cada pocos metros.

La minoría tamil que habita en estas zonas se ve obligada a un penoso ejercicio cotidiano de mostrar su identificación donde aparece escrita la etnia a la que pertenecen, lo que cambiará bastante el trato. Habrán de bajarse cada media hora en los controles militares durante los trayectos en autobús donde enseñarán prenda por prenda el contenido de su bolsa de viaje. Los viajeros muestran un rostro cansado y casi nadie intercambia una palabra. Los soldados se suben a veces a la parte trasera del autobús y bromean estrepitosamente en medio del pesado silencio.

Civiles atrapados

Los civiles son las víctimas directas de la guerra civil más larga de Asia, que dura desde 1983. Antes de la medianoche del domingo nueve personas murieron y una veintena resultaron heridas a causa del bombardeo de un hospital llevado a cabo por el Ejército ceilandés en el norte de la isla.

"Estamos horrorizados porque ha sido la segunda vez que atacan el hospital", afirmó en un comunicado Paul Castella, responsable en Colombo del Comité Internacional de la Cruz Roja.

"Decenas de miles de niños están atrapados en una zona cada vez más pequeña donde existe un combate cada vez más intenso. También sabemos que el Gobierno ha bombardeado en más de una ocasión hospitales", explica James Elder, portavoz de la ONU en el país. "La ONU pide encarecidamente al Gobierno que no bombardee las zonas de seguridad y a los Tigres que permitan a los civiles salir del área de conflicto", continúa preocupado Elder.

La Cruz Roja ha denunciado que cientos de civiles han muerto en los combates de los últimos días, una de las muchas acusaciones que han puesto al Gobierno de Sri Lanka entre la espada y la pared por haber llevado a cabo ataques contra la población atrapada en la zonade guerra.

La tregua de 48 horas anunciada el jueves para permitir la salida de los 250.000 tamiles, supuestos escudos humanos de los Tigres de Liberación de la Patria Tamil (LTTE), ha servido para evacuar a cientos de heridos, pero parece a todas luces insuficiente para resolver la situación.

El Gobierno ceilandés ha decidido que lo más conveniente es cerrar la boca a quien se atreva a seguir cuestionando su campaña militar y ha advertido a diplomáticos, organizaciones humanitarias y medios de comunicación que serán expulsados del país en caso de favorecer a los Tigres Tamiles. El secretario de Defensa y hermano del presidente, Gotabaya Rajpaksa, ha expresado que la "falta de objetividad" entre los extranjeros perjudica "el golpe final alos rebeldes".

En Vavuniya, una localidad al norte de Sri Lanka, fronteriza con lo que antes era el Estado de facto de los rebeldes tamiles, las pocas ONG y organismos internacionales con presencia en la ciudad se preparan para una avalancha humana.

El Gobierno de Sri Lanka prevé que los 250.000 civiles atrapados en el cada vez más escaso territorio defendido por los Tigres Tamiles acaben en los campos de refugiados de esta ciudad cuando la guerra termine, si no mueren antes por los bombardeos en la zona.

Tras capturar la capital del LTTE, Kilinochi, el estratégico Paso del Elefante que une la península de Jaffna con el resto del país, y la ciudad costera de Mullaitivu, el Ejército de Sri Lanka ha seguido acorralando esta semana a los Tigres Tamiles en el distrito de éste mismo nombre, último bastión de la guerrilla.

"Esto es parecido a Gaza. Imagina a unas 250.000 o 300.000 personas atrapadas en 300 kilómetros cuadrados bajo las bombas. Se trata de la ofensiva final. El Ejército prevé que en menos de dos meses podría acabarse la guerra, de manera que están intensificando el ataque y poniendo en riesgo la vida de muchos civiles", afirma un trabajador humanitario que prefiere no identificarse, como la mayoría de las personas dispuestas a hablar del conflicto que sacude Sri Lanka desde hace 25 años y que se ha cobrado la vida de 70.000 personas.

El presidente de Sri Lanka, Mahinda Rajapaksa, tras formar una alianza con dos partidos nacionalistas, ha hecho del fin de la guerra civil su única bandera política. La mayoría cingalesa del centro y sur del país aprueba su labor.

Sin ayuda humanitaria

Este triunfalismo militar se ve oscurecido por muchos factores, entre ellos, la muerte de periodistas críticos con la labor del Gobierno. Desde noviembre el Ejecutivo no da cifras de muertos en los combates. Ningún periodista ni la ayuda humanitaria tiene acceso ala zona del conflicto. La guerra traga mucho dinero y la inflación ha alcanzado dos dígitos.

El pasado septiembre el Gobierno vació de ayuda humanitaria Vanni, la zona que recientemente ha recuperado. Sólo camiones con alimentos de la ONU pueden penetrar en su interior, pero existen sospechas de que sólo accede a ellos la mitad de sus destinatarios.

Los civiles atrapados en la zona defendida por el LTTE se han desplazado hasta 14 y 15 ocasiones y ya no les quedan joyas o muebles que vender. En muchas ocasiones están tirados en la carretera o duermen al aire libre en la jungla. Muchos quisieran escapar y ponerse a salvo, hartos de la violencia que sacude el norte del país, pero los Tigres no se lo permiten.

Los tamiles que huyen a la zona conquistada por el Gobierno tampoco se enfrentan a un panorama prometedor. Encerrados en supuestos campos de refugiados, a los que los organismos internacionales no tienen acceso, pueden permanecer allí meses.

Mientras el Gobierno de Sri Lanka ha aprovechado el ambiente de la "guerra contra el terror" promovido por el anterior presidente de Estados Unidos, George Bush, y recibido apoyo y entrenamiento de EEUU, Pakistán y China, los Tigres han ido perdiendo apoyo entre la minoría tamil para la lucha por la independencia.