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Lunes, 2 de Febrero de 2009

Un divo místico en la lista de superventas

The Crying Light, el tercer álbum de Antony & The Johnsons, arrasa en ventas en el viejo continente

VÍCTOR LENORE ·02/02/2009 - 08:00h

VÍCTOR LENORE - Antony Hegarty, en un concierto en Valencia, en 2005.

Antony Hegarty se ha colado en el número uno de las lista de ventas de Europa y en el dos de España. Pocos lo esperaban, aunque no es la primera vez que el gran público se engancha a una voz ajena a la estética de la radiofórmula.

Antes que a él, tuvimos a otros como Björk, Thom Yorke (Radiohead) o Kate Bush (a quién Hegarty idolatra). Estamos ante un músico cuyo estilo embriaga o empalaga: sus inflexiones de querubín y sus letras de divo místico le han ganado también un selecto grupo de detractores. Lo que nadie duda es que se ha ganado el respeto de sus compañeros de trabajo. Antes de su explosión mediática en 2005, ya fue invitado a cantar con Lou Reed, después lo hizo con otros clásicos como Franco Battiato, Brian Ferry o Marianne Faithfull, entre otros.

Una de sus grandes inspiraciones para este álbum ha sido el bailarín japonés Kazuo Ohno, maestro de la danza butoh que tiene 102 años. Es el hombre vestido de mujer que aparece en la portada de The Crying Light. Pero no, este no es otro disco sobre conflictos de identidad sexual. Esta vez Hegarty ha dejado de mirar hacia dentro para cantar sobre el mundo que le rodea.

Todo con su prisma particular: "Me fascina que Ohno bailase hasta que el cuerpo dijo basta. Hizo sus mejores trabajos entre los 75 y los 95 años", explica. Tampoco hay que atender a sus letras para disfrutar de su música: basta exponerse a la textura de su voz, majestuosa y vulnerable, arropada por sutiles arreglos orquestales. Melodías como Epilepsy is dancing dejan claro por qué seduce igualmente a los oyentes de Enya y a los de Rufus Wainwright.

En Estados Unidos, los fanáticos de Hegarty están resentidos por el escaso interés del público. Sólo ha despachado 7.837 copias frente a las 100.000 de Inglaterra. Por supuesto, un hombre vestido de mujer no es la imagen perfecta para conquistar al público de aquel país. Con David Bowie hicieron una excepción, pero no muchas más. Recordemos que Brian May todavía culpa al vídeo de I want to break free (donde los Queen aparecían travestidos) de no haber triunfado en el mercado yanqui.

The Crying Light tampoco necesita la coartada del progresismo sexual para convencer al oyente: unos caerán rendidos y otros bostezarán en el tercer corte. Lo que es innegable es que Antony ha abducido a un público militante.

Basta ver el ritmo frenético al que se han vendido las entradas para su gira española en mayo. Hay ciudades donde ya se han agotado.