Archivo de Público
Jueves, 22 de Enero de 2009

El efecto Obama transformará la vida de la capital federal

La llegada de un equipo joven y progresista acaba con las costumbres de los conservadores

MARÍA CORRAL ·22/01/2009 - 08:00h

Velada inaugural

La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca ha desatado un torbellino en la capital estadounidense, que se prepara para adaptarse al abrupto contraste entre el nuevo equipo de gobierno y la Administración de George W. Bush.

A la llegada del estrecho núcleo de los colaboradores de Obama en Chicago se sumará el cambio generacional que acompaña al nuevo líder demócrata y que insuflará aires de juventud en una capital acostumbrada a los neocon, los halcones que manejaron la política exterior.

La primera dama ayudará a barrios negros pobres de Washington

Centros de estudios conservadores como el American Enterprise Institute o la Fundación Heritage se convertirán en refugio de los conservadores a la espera de tiempos mejores. En cambio, institutos próximos a los demócratas, como Brookings y el Centro Para el Progreso de América, que asiló a los refugiados de la presidencia de Clinton, han ayudado a nutrir las filas del nuevo Gobierno.

Por su parte, la nueva primera dama, Michelle Obama, ha expresado su interés en temas como la educación y ha prometido que se dedicará a mejorar la ciudad, invirtiendo en los barrios más pobres de Washington, muchos de ellos afroamericanos. Un 56% de la población de la capital es de raza negra, uno de los porcentajes más altos del país.

Otra de las novedades será la presencia de niños en la Casa Blanca, Malia y Sasha, las hijas del presidente, algo que no ocurría desde la presidencia de John Kennedy.

Los locales rivalizan para ganarse a un presidente al que le gusta salir de noche

La escena nocturna y los restaurantes de moda se preparan también para el cambio de Obama. Bush ha sido un presidente poco trasnochador, que cenaba en casa en lugar de visitar los restaurantes washingtonianos. Igual que su círculo más estrecho de asesores.

Karl Rove, arquitecto de las victorias electorales de Bush, no supo responder a la pregunta de si cambiarían los restaurantes de moda con la llegada de los republicanos a la Casa Blanca en 2001. "No tengo forma de saberlo. No voy a restaurantes", respondió secamente en su día.

Distinto fue el caso de los influyentes "lobistas" próximos a los republicanos que sí disfrutaron, y mucho, de la buena mesa, sobre todo de churrasquerías como Smith & Wollensky, Nick & Stefs y Angelo & Maxies, tres clásicos de la categoría carnívora.

Ahora, Cork, un local relativamente nuevo, es ya uno de los lugares favoritos de los funcionarios más jóvenes del nuevo Gobierno. Su carta incluye bebidas como "champán del cambio" y sus dueños tienen vínculos con los demócratas y los sindicatos.

Hook, un local que se proclama respetuoso con el medio ambiente se perfila como otra de las atracciones del nuevo equipo.

Y los dueños de los lugares más cotizados de la ciudad se frotan las manos ante la posibilidad de que Obama, a quien le encanta salir a cenar, decida dejarse caer con la primera dama Michelle por el restaurante que regentan y lo convierta en un hit.

El 44º presidente visitaba con frecuencia un restaurante francés cerca del Congreso durante sus años en el Senado y disfrutó largas horas de sobremesa durante la campaña en sus dos locales favoritos en Chicago: Spiaggia, un italiano, y Topolobampo, un mexicano.