Viernes, 16 de Enero de 2009

"¿Y si no fuéramos el que nos ha tocado ser?"

El cineasta Ariel Rotter estrena ‘El otro’, gran triunfadora de la Berlinale 2007

CARLOS PRIETO ·16/01/2009 - 21:30h

 Después de la tempestad viene la calma. ¿O no? Tras pasarse dos años, “literalmente”, recorriendo el mundo entero para defender El otro, ganadora del Gran Premio del Jurado y del Oso de Plata al mejor actor (Julio Chávez) en la Berlinale de hace dos años, Ariel Rotter (Buenos Aires, 1973) se ha refugiado en un lugar remoto (“una isla en el norte de Buenos Aires, en el delta de un río, donde uno puede bañarse de madrugada”) para escribir su próxima película.

No obstante, una vez más, el cineasta argentino se ve obligado a interrumpir su retiro espiritual, descolgar el teléfono y contestar a las preguntas sobre El otro, que se estrena el viernes en nuestras pantallas. “Sí, es extraño volver a pensar en el filme, pero el tiempo te provee de una distancia crítica saludable. Además, estoy muy contento. Hoy día, estrenar en salas una película arriesgada es un verdadero lujo”, dice.

Rotter espera ahora que las vistas al río activen un mecanismo similar al que hizo posible El otro. “Fue un proceso mental largo. Se puso en marcha una asociación libre de eventos relacionados con mi vida: mis fantasías sobre la decadencia física de mi padre y la inesperada pérdida de mi mejor amigo, mezclada con una creciente inquietud sobre ese lapso de tiempo que denominamos vida, que puede interrumpirse de golpe o arrancar de nuevo. Todo ello dio paso a la siguiente pregunta: ¿Qué pasaría si no fuéramos quien nos ha tocado ser?”, cuenta.

El otro y yo

El interrogante remite a un título mítico, El reportero (Michelangelo Antonioni, 1975), donde un periodista hastiado, interpretado por Jack Nicholson, tiene la oportunidad de cambiar de vida suplantando la identidad de otra persona. Pero si la película de Antonioni combinaba el viaje existencial con una intriga de espionaje, la de Rotter, pese a haber “coqueteado” con la intriga (“me gusta la tensión de que en cualquier momento pueda suceder algo relacionado con otro género”), se aferra “a la búsqueda interior de un hombre que trata de comprender su propio ciclo vital”, explica.

En efecto, lo inquietante aquí es ver cómo la usurpación de personalidad saca a flote una serie de facetas extrañas del protagonista, que parecía una persona normal. Así, El otro permite sacar una conclusión que no deja de tener su aspecto pavoroso: somos otro. Y otra aún más terrorífica: la vida pasa.

“¿Por qué se comporta así este hombre?, se pregunta Rotter. “Quizás por la posible muerte de su padre. O por el futuro nacimiento de su hijo. Esa angustia, que surge cuando uno empieza a tener noción, por primera vez, de cómo va a ser el resto de su vida, y de que de la vida se acaba, le lleva a
realizar ese viaje de autoconocimiento”, zanja.

El eterno conflicto 

La relación entre los espectadores y el cine de autor 

Berlinale

‘El otro’ está contada con un estilo “austero” (pocos diálogos, menos música y muchas miradas). Eso no echó para atrás a los espectadores de la Berlinale.

Novela y cine

La buena acogida lleva a Rotter a reflexionar sobre su trabajo: “La literatura demanda un constante ejercicio de imaginación del lector, que debe imaginarse una imagen para cada palabra que está escrita. El cine es mucho más limitado y concreto, siempre te da la imagen que buscas. Me interesa el cine que provoca una búsqueda personal dentro de la historia”.

Benditas contradicciones

“Me sentí muy bien cuando vi que generaba interpretaciones muy diferentes, que provocaba sensaciones contradictorias en el espectador, que no ofrecía una imagen unívoca sobre la realidad”, explica.