Miércoles, 14 de Enero de 2009

Ecología, dramas y monos de esquí de diseño

RUBÉN ROMERO ·14/01/2009 - 21:36h

La solución del festival indie de referencia para no morir de éxito pasa por la lágrima. Guión de cómo mantener la independencia, divino tesoro.

Planteamiento: ¿Fue por una mala inversión inmobiliaria o por amor al arte? No ha quedado claro, pero Robert Redford fundó en las montañas de Utah el festival de referencia para el otro cine, o, lo que es lo mismo, el cine con distribución irregular.

Nudo: Sundance no pasaba de ser un festival del montón hasta que aparecieron los hermanos Weinstein, auténticos tiburones del cine independiente. A través de Miramax compraron los derechos de Sexo, mentiras y cintas de vídeo por dos millones de dólares e invirtieron 2,5 en publicidad. Recaudaron 50 y triunfaron en Cannes. La denominación de origen Sundance empezaba a funcionar. Repiten en 1992 con Reservoir Dogs. Por el camino ven las películas de Robert Rodríguez, Wes Anderson o Alexander Payne.

Desenlace: Visto el negocio, Hollywood manda a sus rastreadores de chollos. Sundance se convierte en parte del engranaje comercial. Las estrellas lucen allí sus monos de esquí de diseño. Pequeña Miss Sunshine rompe récords cuando Fox la adquiere por más de diez millones de dólares en 2006. La inversión acaba en Oscar para la multinacional.

Epílogo: ¿Cómo combatir la sensación de que la nieve empieza a ensuciarse con el color del dinero? Soluciones drásticas para 2009: reducir comedias y aumentar dramones (The Greatest, con Sarandon y Brosnan llorando la muerte de su hijo); aumentar la cuota extranjera para eliminar el típico guión sundancero de familia disfuncional gringa (Sin nombre y Don’t Let Me Drown hablan de la típica familia disfuncional… latinoamericana), y ganar en compromiso (chorrocientos documentales medioambientales).