Archivo de Público
Martes, 13 de Enero de 2009

El laboratorio narrativo de Antón Chéjov

CARLOS PARDO ·13/01/2009 - 21:46h

Los nuevos hábitos de lectura parecen otorgar un lugar privilegiado a los libros de apuntes, de notas dispersas y de lectura urgente. Si a esto le añadimos que Antón Chéjov (1860-1904) es un autor en alza, porque sus cuentos y obras de teatro casan con nuestro gusto actual por lo fragmentario, la reciente aparición en la editorial La Compañía del Cuaderno de notas del escritor ruso, inédito en nuestro idioma hasta la fecha, es especialmente oportuna.

Chéjov comenzó a llevar estos cuadernos en 1891, coincidiendo con la escritura de su primer éxito teatral, La gaviota. A la manera de un pintor en su cuaderno de dibujos, esboza los temas y personajes de esta y de otras obras como El tío Vania o Las tres hermanas, además de las situaciones de sus relatos más conocidos: La señora del perrito, El obispo y Casa con desván.

Estas páginas privadas son un primer paso para que Chéjov convierta la realidad –un recuento de ropa, el gesto de un cochero, un bosque de abedules– en literatura. Un laboratorio de observaciones psicológicas sin maquillaje que también revela un peculiar silencio coincidente con la época más creativa del escritor.

El silencio va ganando a Chéjov cuando se recrudece su enfermedad, hacia 1896, y queda a la espera del desenlace de la tuberculosis. Cada frase adquiere la entidad de un aforismo o de un microrrelato: “Y a él le parecía que se lo respetaba y se lo apreciaba en todas partes, incluso en los buffets de estación, y por eso siempre comía con una sonrisa en los labios”. “Esas estrellas se extinguieron hace tiempo... pero brillan aún para la masa”. “Cuando llegue al otro mundo, quisiera pensar esto de la vida: no han sido más que maravillosas visiones”. Chéjov, que murió con 44 años, se aferra a los detalles para darnos unas “maravillosas visiones” del mundo antes de desaparecer.