Lunes, 12 de Enero de 2009

La lenta muerte del teatro de variedades

GUILLEM SAN MORA ·12/01/2009 - 08:00h

Público - Bienvenidos al último mes del Wintergarten.

La crisis ha acabado con un intento de resucitar el teatro de variedades de los años veinte en Berlín. El Wintergarten, uno de los principales referentes del entretenimiento nocturno en los años veinte y treinta, ha quebrado y cerrará sus puertas este 31 de enero con un espectáculo de acrobacias, música y baile titulado Orientalis.

La administración municipal no mueve un dedo para salvar este proyecto porque tiene bastante con mantener las tres óperas de la ciudad y remodelar una de ellas, la Staatsoper Unter den Linden que dirige Daniel Barenboim. Los teatros de la principal avenida comercial del oeste de la ciudad, el Kurfürstendamm, cierran uno tras otro.

Solos ante el peligro

La dirección y los trabajadores del Wintergarten se quejan de la falta de ayudas públicas, ya que el verano pasado la ciudad de Berlín salvó con una inyección financiera a la competencia, el Friedrichstadtpalast, que había sido el principal teatro de revista del este. Ahora, gracias a la ayuda pública, y también a una buena gestión, el Friedrichstadtpalast se llena de turistas y hay que comprar entradas con semanas de antelación. El Wintergarten, en cambio, ha tenido la mitad de la platea vacía en este año.

El Wintergarten ha tenido peor suerte. Se reabrió en 1992 en la Potsdamer Strasse con la intención de recuperar el espíritu del primer Wintergarten de la Friedrichstrasse, el más famoso de los 80 teatros de variedades con que contaba la ciudad hacia 1900, donde actuaron artistas como el mago Harry Houdini cuando Berlín era un lugar verdaderamente cosmopolita, hasta que fue bombardeado en 1944.

En los primeros años de su reapertura, el negocio funcionó con cuatro espectáculos al año y registró decenas de miles de espectadores, sobre todo turistas de otras partes de Alemania. En la entrada principal hay una frase: "Si has dejado de creer en los milagros, entra".

A los 68 trabajadores del teatro no les ha quedado más remedio que creer en los milagros y han organizado protestas contra el cierre, como un concierto de cláxones. Si tienen que irse a la calle, al menos que sea con ruido.