Viernes, 9 de Enero de 2009

El secreto del éxito del cine francés

Ayudas para la creación que funcionan en taquilla

ANDRÉS PÉREZ ·09/01/2009 - 22:10h

Al término de la ocupación nazi de Francia, el cine francés andaba moribundo entre las estrellas colaboracionistas y la hambruna de la clandestinidad, y un hombre de las artes, André Malraux, imaginó un Fondo de Apoyo a la creación. Hoy ese fondo, perfeccionado, ultracomplejo y capaz de ir a buscar financiación pública y privada allí donde se encuentre el dinero, es la clave que permite a nuestros vecinos tener la producción más poderosa de Europa y la mejor cuota de pantalla.

Año tras año, el cine francés mantiene un nivel de producción nacional subvencionada de entre 200 y 240 películas, tanto de cine de
autor como obras para el gran público. Y esos filmes conservan una cuota de pantalla que nunca baja más allá del 34% de las entradas, y que, en el caso espectacular de 2008, superó el 45%, por encima del cine norteamericano, básicamente gracias al tirón de Bienvenidos al norte.

Cuestión de millones

Para todas y cada una de esas películas, el Centro Nacional de la Cinematografía (CNC) encuentra recursos gracias a su formidable tesoro de guerra: su "Fondo de Apoyo" al cine, que en 2008 canalizó 530 millones de euros. Un dinero organizado para que, de alguna manera, el filme rico ayude al filme pobre.

El botín celosamente guardado por el CNC, organismo independiente, proviene en gran parte (380 millones) de una tasa a las cadenas televisivas –grandes beneficiarias del hecho que haya películas que programan en prime time–, y en menor medida de una inteligente tasa a la entrada de cine, de un 11,5% de su precio.

Mediante esa tasa, un degenerado que decida someterse a una proyección de, pongamos por caso, un bodrio hollywoodiano como Beverly Hills Chihuahua, financia, quiera o no, la producción nacional o europea auspiciada por el CNC, con el 11,5% de lo pagado por entrada.

Lo bueno no es fácil

Si complejo es el sistema de recaudación de las tasas para financiar cine, y más complejo aún el de búsqueda de fuentes nuevas, laberíntica es la arquitectura de atribución de las ayudas. Por un lado, el CNC dispone de un sistema bautizado "adelanto sobre los ingresos", calificado también de "ayudas automáticas". Ese sistema permite que un productor que logre un taquillazo con una película fácil, por ejemplo Astérix en los Juegos Olímpicos, disponga automáticamente para el año siguiente con un botín para otras producciones.

Por otro lado, el organismo independiente que "ante todo huye de la cultura y la estética oficial, y está dominado por los propios profesionales", dispone de un ingente aparato de ayudas calificadas de "selectivas", en las que sólo cuenta el valor artístico, estético y documental que se atribuya a la obra.

Para esas películas "de autor", el CNC dispensa apoyo financiero en todas y cada una de las numerosas fases de creación. Existen desde las "ayudas a la escritura", para el chaval guionista que contacta por primera vez a un productor con una idea, hasta "ayudas a la distribución", para que una pequeña firma pueda alcanzar a colocar su película en una sala de barrio de una ciudad alejada que le sería inaccesible sin apoyo.

El tirón del cine francés este año vuelve a revalidar el sistema: su empuje en taquilla financiará, en 2009, más creaciones.

El sistema de apoyo al cine es un pacto de Estado, que también reúne en su favor a los profesionales. Aunque algunos, como el documentalista René Vautier, han denunciado el riesgo de comisiones en las que los profesionales que deciden las ayudas selectivas son los mismos que enseñan en las escuelas oficiales de cine, y los mismos que poseen las productoras beneficiarias.