Jueves, 8 de Enero de 2009

La violencia como mecanismo narrativo

Lionel Tran publica ‘Sida mental’, una novela sobre la frustración

GUILLAUME FOURMONT ·08/01/2009 - 22:04h

Malik Oussekine murió por los golpes propinados de dos policías. Le destrozaron el abdomen y la espalda. Era el 6 de diciembre de 1986 y Malik, de 22 años, se manifestaba en contra del enésimo proyecto de reforma de la Universidad del entonces gobierno Jacques Chirac. Frente a la presión popular, el periodista y escritor Louis Pauwels escribió: “Esta juventud padece sida mental. Perdió sus inmunidades naturales. Todos los virus degenerativos la afectan”. Hirvió la ira.

Leer a Lionel Tran deja sin aliento, sin respiro, en el libro Sida mental (Periférica): “El presentador anima a confesar las traiciones, las puñaladas en el contrato, las tentativas de suicidio. (...) Cada domingo, mi sexo se convierte en un largo desgarro del que brota líquido linfático, sangre y semen”. Tran retomó la expresión “sida mental” para titular un libro que atrapa al lector, le hace rehén de la ira y la violencia como único medio de expresión. Es “una bomba casera y miramos el mecanismo”, comenta el escritor desde las oficinas de la editorial Terre Noire, que creó en 1997.

Bajo la forma de crónicas escritas en desorden cronológico de una juventud atormentada, Tran dispara las palabras para narrar una vida hecha pedazos. El estilo es telegráfico, directo, como si el escritor fuera boxeador. “En este libro, hay mucho trabajo de edición, de montaje, como si fuera un cómic. Junté varios textos escritos a lo largo de los años para luego restructurarlo todo”, explica Tran. Hijo de una ex sesentaiochista, nació en 1971 y pasó toda su infancia en una banlieue pobre de Lyon. Donde los sueños se convierten en frustraciones y las frustraciones en luchas diarias para sobrevivir.

Suicidas sociales

“A los hijos del baby boom [nacidos al terminar la II Guerra Mundial], como mi madre, se les decía que se dejaran llevar por sus sueños, que buscaran su plenitud personal. Nosotros sólo vivimos en la precariedad. Hacemos más estudios que nunca y vivimos en la miseria. Somos suicidas sociales”, sentencia.

Además de masturbarse con los amigos del barrio, el narrador del libro –“es autobiográfico al 95% ”, confiesa Tran– está obsesionado por la violencia. Fabrica campos de concentración para hormigas, imagina un atentado, hasta este encuentro con su madre. En él narra cómo la empuja contra la pared y le pasa la hoja por el cuello. Sin embargo, el escritor logra que la violencia supere el estado bruto sin más para, en vez de chocar, plantear cuestiones.

“Mi intención con Sida mental era hacer algo que no dejase indiferente, lo que es muy difícil en la actualidad. Para hacer las cosas, necesito tener miedo”, matiza Tran. 20 años después de la muerte de Malik Oussekine, el escritor –que también se manifestó en 1986– confiesa: “Sí, padecemos sida mental porque vivimos en la destructuración, en plena implosión”. Pura sangre.