Archivo de Público
Sábado, 3 de Enero de 2009

El tesoro maldito de Congo

Las luchas por poseer sus riquezas desangran el país desde el siglo XIX

BEATRIZ LABRADOR ·03/01/2009 - 08:00h

afp - Congoleños buscan oro en el río Iga, en la región de Ituri.

Bajo el suelo de la República Democrática de Congo yace el sueño quimérico del rey Midas: el mayor tesoro natural del mundo esperando a ser desenterrado. Toneladas de oro, millones de quilates de diamantes y, sobre todo, el 80% de las reservas mundiales de coltán.

Se trata de un mineral que, probablemente sin saberlo, todos utilizamos a diario en nuestros teléfonos móviles, ordenadoresportátiles o MP3.

La concentración de riquezas es tal que, si las cosas hubiesen sido de otro modo, el país africano podría hoy tutear a cualquiera del G-20. Sin embargo, lo que debería haber sido su mayor bendición se ha convertido en su maldición.

Desde la época colonial, en el siglo XIX, el Congo se convirtió en el trocito de África que todos querían poseer. Y la carrera la ganó el rey belga Leopoldo II, que exprimió a la población durante décadas hasta diezmarla. De 25 millones se bajó a 15 en 20 años. Pero no hubo discusiones porque se trataba de una propiedadpersonal del monarca.

Cuando en 1908 Congo pasó a manos del Gobierno belga, las cosas mejoraron socialmente, al estilo paternalista colonial. Colegios católicos, nada de democracia y, por supuesto, apartheid. Durante todo este periodo, el ex Congo belga se convirtió en el mayor exportador de uranio para Occidente. De hecho, la carga de las bombas de Hiroshima y Nagasaki salió de sus minas. Además, cientos de congoleños fueron movilizados enla II Guerra Mundial.

Camino a la independencia

En 1956, Congo dijo basta. Nació el Mouvement Congolais Nacional, encabezado por Patrice Lumumba. "Durante los 80 años del Gobierno colonial sufrimos tanto que no podemos alejar las heridas de la memoria. Nos han obligado a trabajar como esclavos por salarios que ni siquiera nos permiten comer lo suficiente para ahuyentar el hambre o criar a nuestros hijos. (...)

Pero nosotros, los que hemos sufrido en cuerpo y alma la represión colonial, declaramos en voz alta que esto ha terminado ya", dijo Lumumba. Bélgica no tuvo más remedio que aceptar un proceso de transición hacia la independencia.

"Nos han obligado a trabajar como esclavos por salarios que ni siquiera nos permiten comer"

En las primeras elecciones libres de la República Democrática de Congo, en 1960, Lumumba arrasó. Se convirtió en el símbolo de un Congo libre, sin injerencias extranjeras que esquilmasen susubsuelo.

Prescindir del filón congoleño no entraba en los planes de Occidente. Sobre todo de Bélgica, que temerosa de perder sus concesiones mineras, alentó y apoyó militarmente la secesión de dos de las provincias más ricas, Katanga y Kasai del Sur, colocando gobiernos títere en ambas regiones.

Ante la grave rebelión interna, Lumumba pidió ayuda a la ONU, que rehusó inmiscuirse en lo que consideró "un asunto interno de Congo". Viajó a Estados Unidos y se plantó en la Casa Blanca, pero Eisenhower ni siquiera le recibió porque le consideraba un "marxista peligroso". Así que, en plena Guerra Fría, su siguiente escala estaba clara: Moscú, donde sí atendieron sus peticiones. La URSS ayudó técnica y económicamente al maltrecho Gobierno congoleño.

Lumumba se convirtió en enemigo de EEUU, que no podía permitir que "la semilla comunista" se implantase en el corazón del continente negro. La esperanza congoleña de un futuro democrático se frustró en menos de tres meses. El 14 de septiembre de 1960, Mobutu Sese Seko tomó el control mediante un golpe de Estado orquestado por la CIA.

Durante los 30 años de dictadura, la corrupción caló en todas las estructuras. Se exprimieron los recursos pero nunca llegaron a la población, sino al bolsillo del dictadorMobutu, que en 1984 contaba con una fortuna personal de 4.000 millones de dólares.

A partir de entonces, la historia de la República Democrática de Congo ha estado bañada en sangre. Millones de personas murieron en 1998 y 2002, aunque la paz no ha vuelto. Ni los 20.000 cascos azules ni las ayudas internacionales consiguen que el corazón de África siga desangrándose.