Viernes, 2 de Enero de 2009

Comer un dulce en Navidad no necesariamente arruinaría la dieta

Reuters ·02/01/2009 - 15:28h

Por Amy Norton

Si se pregunta si comer esa única galleta o porción de torta de Navidad hará que su dieta entre en caída libre, un nuevo estudio sugiere que la respuesta sería "quizás".

En un conjunto de estudios en los que se tentó a estudiantes universitarios a comer trufas de chocolate, un equipo de investigadores halló que una pequeña trufa era capaz de avivar el deseo de los participantes de comer más bocadillos dulces y grasosos, pero sólo bajo ciertas condiciones.

Todo dependía de cómo estaba presentada la situación, dijo el doctor Chris Janiszewski, profesor de Marketing de la University of Florida en Gainesville, y coautor del estudio.

Los resultados sugieren que si una persona come una trufa sin pensarlo demasiado, sino diciendo "Me voy a dar un pequeño gusto", por ejemplo, podría estar abriendo un camino peligroso a la indulgencia, explicó Janiszewski a Reuters Health.

Pero la situación cambiaría cuando una persona tiene objetivos por cumplir, señaló el experto junto con su colega Juliano Laran en Journal of Consumer Research.

En un estudio, el equipo le ofreció a los alumnos la misma tentación con trufas de chocolate. Pero, esta vez, a un grupo se le dijo que debía permitirse "un bocadillo por día".

Al segundo grupo se le indicó que rechazar las trufas le permitiría "alcanzar el objetivo de una alimentación saludable".

Al final, el grupo que había comido las trufas era más propenso a optar después por elecciones más saludables, como ensaladas, frutas y yogur.

En cambio, la cohorte que había optado por no comerlas, quizás con el sentimiento de haber cumplido la misión, era más propenso después a desear más golosinas o bocadillos que alimentos saludables.

Ese último hallazgo es especialmente interesante, dijo Janiszewski, porque implica que "no comer una trufa puede ser tan malo como comerla".

Entonces, ¿qué se debe hacer?

Janiszewski señaló que ningún estudio puede predecir lo que hará una persona ante una tentación. Aun así, los resultados sugieren que es clave cómo piensan las personas sobre comer o no bocadillos.

Rechazar una tentación y "cantar victoria", opinó Janiszewski, podría generar indulgencias el resto del día. En cambio, decidir posponer un bocadillo para después de la cena, sin ninguna indulgencia más, sería una mejor opción.

Y, como siempre, una porción moderada es mejor que una súper grande, recordó Janiszewski.

FUENTE: Journal of Consumer Research, abril del 2009