Viernes, 2 de Enero de 2009

Literatura rockera

Los músicos también saben escribir. Varias editoriales se pelearon en la Feria del Libro de Fráncfort por la nueva novela de Nick Cave. Cada vez hay más músicos que hacen narrativa y poesía

JESÚS MIGUEL MARCOS ·02/01/2009 - 08:00h

El músico Nick Cave. AP

En la última Feria del Libro de Fráncfort hubo pelea. Algo habitual, por otra parte: allí se negocian los derechos editoriales de los libros más importantes de la próxima temporada. Pero especialmente encarnizado fue el combate por un libro del músico australiano Nick Cave.

Hasta seis editoriales españolas pujaron por la segunda novela del cantante, originalmente titulada The Death of Bunny Munro. Finalmente, será Global Rhythm Press la editora de las imprescindibles Crónicas de Bob Dylan la que publique el libro en nuestro país.

Que un músico termine escribiendo un libro es más normal de lo que parece. No en vano, lo que más se destaca del repertorio de Nick Cave en muchas ocasiones son sus letras, de una profundidad literaria indudable. En esa misma línea, el nombre de Bob Dylan suena año tras año para muchos de forma anecdótica cuando llegan los Premios Nobel.

El estadounidense Willy Vlautin, líder del grupo musical Richmond Fontaine, acaba de publicar en España Northline, en la editorial La otra orilla. Desde su casa en Portland, nos explica que escribe desde niño, pero que hasta hace muy poco no encontró la confianza para mostrar sus escritos. Su primer disco es de 1996.

En cambio, su debut como novelista no llegó hasta una década más tarde, con Vida de motel (Belacqva, 2007). "Es curioso, porque en un principio Northline iba a ser una canción. Y la novela que estoy escribiendo ahora también ha surgido de una canción. En ese sentido, es como si estuvieran casadas. Creo que cuando mi mente se atasca con algo, continúo el trabajo musical en forma de libro", dice Vlautin, al que el diario Independent denominó "el Dylan de los marginados".

El nombre de Bob Dylan suena año tras año para el Premio Nobel

Canción vs. novela

Una canción no es una novela, eso es evidente. De forma intuitiva, uno puede pensar que la primera limita las posibilidades de expresión (principalmente por su concisión y por tener que ajustarse al corsé de la música). Se equivoca. O al menos eso asegura Javier Corcobado, otro músico literato. "Por mucho que me empeñe, todavía no consigo expresar con una novela o un poemario lo que expreso con una canción".

"El poder de una canción es demoledor. No obstante, en los libros puedes contar más minuciosamente las historias, dar descripciones más detalladas y tener más dominio sobre la imaginación del lector".

Corcobado es otro letrista brutal. No todos los escritores de canciones de este país hallan versos como "Fumando espero la navaja automática de tu voz / cociendo en mi hombro una falsa caricia" (de La navaja automática detu voz, canción incluida en su disco Tormenta de tormento, de 1991). Su salto a la literatura era fiable.

Hablamos ahora con uno que está en pleno vuelo, Antonio Luque, también conocido como Sr. Chinarro. El cantante andaluz está escribiendo en la actualidad su primer libro de cuentos ("carezco aún del oficio para articular 300 páginas sobre una misma historia", se sincera). Luque había escuchado tantas veces lo buenas que eran sus letras que no le quedó otro remedio que saltar a la literatura. Ya tiene hasta agente.

"Amigos entre comillas me insitían que me dedicara a escribir, nunca sabré si halagando mi escritura o destacando mi torpeza como músico", dice él. En realidad, Luque está trabajando en dos libros. "El otro es una especie de diario de gira", avanza.

Ser músico, con un nombre medianamente conocido, es un plato jugoso para muchos editores. "Parte de la promoción ya está hecha", asegura Luque, "un autor desconocido en todas las disciplinas requiere un mayor esfuerzo por parte de las editoriales para que la gente se dé cuenta de que existe".

Pero también puede suceder lo contrario. Si no, que le pregunten a Sabino Méndez, autor de gran parte de las canciones (las más conocidas) de Loquillo y Los Trogloditas. "Al principio, ser un músico conocido fue un obstáculo. No me tomaban en serio. Una vez convencidos de la calidad de los escritos, sucede lo contrario. Interesas porque eres una rara avis, con un pie en cada terreno. Pero cuesta convencerles", reconoce Méndez, cuyo último libro, Hotel Tierra, ha editado Anagrama.

Antonio Luque, de Sr. Chinarro, está preparando su salto a la novela

La conexión entre la música y las obras literarias de estos autores es necesaria. Son el mismo ser humano. Hacen dos cosas distintas, sí, pero con la misma materia prima. Joan Miquel Oliver, líder de la banda Antònia Font y autor de un poemario Odissea trenta mil (Lleonard Muntaner Editor, 2002) y una reciente novela El misteri de lamor (Empúries, 2008), explica así el peso de su autoría: "Si alguien que conozca mi repertorio musical lee mi libro, me reconocerá a la tercera línea".

Es muy gráfico, casi plástico, a la hora de explicar las diferencias entre hacer una canción y una novela. "En la música tienes que luchar con la física y la mecánica. Tienes rimas, tiempos... Es como hacer un puzzle. Escribir no tiene limitaciones: puedes poner en una página a un tío volando y en la página siguiente a un coño de hierro de diez metros que es capaz de hablar. Y no pasa nada, es perfecto para la imaginación", dice Oliver.

Franz Ferdinand y los fogones

La lista de músicos que han escrito es interminable. Podría empezar por Erik Satie y terminar en Alex Kapranos (el líder de Franz Ferdinand publicó un libro de cocina). Lee Ranaldo, guitarrista de Sonic Youth, editó el año pasado su primer libro de poemas en español: Road movies (Acuarela Libros). El cantante Steve Earle va por su segunda novela. Y Ry Cooder acompañó su último disco, I, Flathead, de una novela corta en la que contaba las aventuras del protagonista del álbum.

Bob Dylan escribió Blowin in the wind en diez minutos (se podría decir, sin temor a equivocarnos, que es uno de los seres humanos que menos ha tardado en ganarse la vida). Una novela, en cambio, requiere un tiempo diferente. "Son dos cosas distintas, que parten de sentimientos distintos dice Willy Vlautin; cuando escribo canciones estoy más emocionado, es como un accidente. En cambio, una novela te lleva horas y horas, días y meses".

Dime lo que lees y te diré qué escritor eres. Antonio Luque ya avisa de que se le notará la influencia de Proust: "En cuanto leo un libro que me gusta ya se me empieza a notar en lo que escribo". Y Willy Vlautin, tras nombrar la influencia de dos autores que ya se intuyen en sus libros (John Steinbeck y Raymond Carver), sorprende citando al colombiano Álvaro Mutis. "Tiene algo", dice.

La ecuación es clara: piensen en un músico que escriba buenas letras y él puede ser el siguiente. El editor de Nick Cave, Jamie Byng, de la casa escocesa Canongate, debió tener ese mismo pensamiento. El argumento promete: la historia de un vendedor ambulante que después del suicidio de su mujer se lleva a su hijo a un viaje en coche por el sur de Inglaterra. Eso sí, en la Feria de Fráncfort repartió varios recopilatorios del músico. Por si acaso.