Archivo de Público
Lunes, 29 de Diciembre de 2008

Cuba no está para fiestas en los 50 años de la revolución

Raúl Castro ordena una conmemoración modesta de la entrada de ‘los barbudos' en Santiago

BERNARDO GUTIÉRREZ ·29/12/2008 - 22:00h

REUTERS - Un cartel conmemorativo de la revolución cubana, con un Fidel Castro en su juventud, ayer en Santiago de Cuba.

"Nadie vaya a creer que las cosas se van a resolver de la noche a la mañana. La guerra no se ganó en un día. La revolución tampoco se ganará en un día". Casi medio siglo después de que Fidel se asomase al balcón del Ayuntamiento de Santiago de Cuba para proclamar el triunfo de la revolución, las palabras de su discurso parecen de absoluta actualidad.

Los medios oficiales, Granma y Juventud Rebelde, repiten estos días las hazañas de los barbudos. Sus palabras, sus silencios, sus gestos. Y los hechos que propiciaron la fulminante caída del dictador Fulgencio Batista. Sin embargo, la celebración de los 50 años del triunfo de la revolución será muy modesta.

Cuba se asomará con timidez al medio siglo de gobierno revolucionario. No habrá manifestaciones multitudinarias como las que se celebraban para protestar contra la retención del niño Elián González en Miami. Ni marchas colectivas como las que tenían lugar contra el "Furercito Aznar". Ni mítines. Ni grandes discursos. Fidel, el hombre que lideró el proceso revolucionario desde su embrión armado de Sierra Maestra, no estará presente en las conmemoraciones. Y, según el guión previsto, apenas Raúl Castro aparecerá el día 1 de enero en el balcón del Ayuntamiento de Santiago de Cuba. La rumoreada aparición de Hugo Chávez sería el único comodín internacional de las celebraciones.

Habana discreta

La capital cubana, que vio entrar el día 8 de enero la caravana de la libertad de los barbudos redentores, vive el 50 aniversario de la revolución con pasmosa tranquilidad. Apenas algunos conciertos populares frente a la Tribuna Anti Imperialista (en pleno Malecón). Y un show privado de Omara Portuondo en el teatro Amadeo Roldán. Algunas calles de La Habana lucen pancartas conmemorativas. Por email, circulan discretos mensajes de felicitación revolucionaria. La institución cultural Cubarte envía uno escueto con fotos históricas: "Año 50 del triunfo de la revolución. 50 años de victorias". Y poco más.

No habrá manifestaciones multitudinarias ni manifestaciones para el aniversario

La llamada Caravana de la Libertad, eso sí, volverá a recorrer la isla desde el 2 de enero, de Santa Clara a La Habana, como lo hicieron los barbudos en 1959. Pero serán apenas medio centenar de maestros, artistas, científicos, deportistas y militares de segundo grado. Nada de grandes nombres. Y sin mucho ropaje mediático.

"Yo no sé si hay demasiado que celebrar. 2009 ha sido un año desastroso. Los ciclones nos hundieron y la situación económica no mejora", afirma Ana María, que regenta un hospedaje particular en el Vedado. Su marido, José de la Fuente, un revolucionario declarado, opina que "hay muchísimos motivos de celebración". Pero que la realidad económica y "el carácter estricto de Raúl Castro" han transformado el medio siglo de revolución en una fiesta de andar por casa.

A Luis Costa, un físico que disfruta de unos días de vacaciones, le preocupa más "celebrar las fiestas con la familia" que los festejos revolucionarios. Luis es católico. Y en un país que prohibió la Navidad en 1969 (y que la rescató en 1997), se considera un "elemento contracorriente". Las Navidades, a pesar de que Cuba recibió en 2008 a dos cardenales del Vaticano, continúan desinfladas en la isla. Árboles en algunas casas. Consumismo casi inexistente. Y ni Papá Noel ni Reyes Magos. "No puedo negar los logros de la revolución, pero no estamos para grandes eventos. Me interesa más transmitir a mis hijos mis costumbres católicas", matiza Luis.

Raúl Castro afirmó hace unos días que Cuba está preparada para "resistir otro medio siglo". Sin embargo, Raúl, el estadista prudente, ha ordenado una celebración a ras de tierra. Quizá porque es más consciente que nadie de algunas de las contradicciones que ha generado la revolución. Y que las palabras del discurso histórico de Fidel en Santiago pueden regresan como incisivo boomerang crítico: "El poder no me interesa, ni pienso ocuparlo", "ahora hablará el que quiera, bien o mal, pero hablará el que quiera (...) habrá libertad (...) Libertad para que nos critiquen y nos ataquen".