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Miércoles, 24 de Diciembre de 2008

La llaga no resuelta del genocidio ruandés

La reanudación de las hostilidades el pasado agosto ha desplazado a 250.000 personas en el este del país 

GEMMA PARELLADA ·24/12/2008 - 08:00h

WALTER ASTRADA/AFP - Niños congoleños desplazados piden comida a una ONG.

El conflicto de los Grandes Lagos dejó de estar olvidado durante algunas semanas del otoño europeo, mientras las lluvias tropicales agravaban el brote de cólera y las condiciones de vida para los refugiados en el este del Congo.

Un general tutsi, al mando de hombres bien uniformados, armados y financiados, ocupó fácilmente buena parte de la provincia de Kivu Norte. Combates, avance rebelde, nuevas oleadas de refugiados. Otra vuelta de tuerca de un conflicto complejo, profundo, viejo, que ha cambiado de colores sin dejar de existir, desde los años noventa. Las minas, la he-rencia del genocidio ruandés de 1994, y los intereses geopolíticos mantienen el estado de guerra y permiten que millones de civiles sigan azotados por sus consecuencias.

"El Ejército de Congo no defiende a los tutsis", afirma Nkunda

Las últimas riadas humanas han movilizado a más de 250.000 personas desde que, a finales de agosto, se inició el avance rebelde de los hombres de Laurent Nkunda, pero antes ya existían un millón y medio de desplazados internos, que no sólo sufren por lo que han perdido familiares, campos y hogares y por las condiciones insalubres en las que viven, sino por el miedo constante a más ataques. No hay terreno libre de inseguridad.

Las fichas que actúan en el tablero congoleño forman un complejo entramado de milicias, con alianzas de distinto grado de fidelidad. Están los hombres de Nkunda, los hutus del FDLR, el Ejército, los mai mai...

Todos los grupos armados dicen autodefenderse, protegerse de agresiones externas. Pero todos ellos contribuyen a los terribles índices de violaciones que destrozan física y psicológicamente a las mujeres. Todos reclutan a menores de edad a la fuerza y utilizan sus Kalashnikov para obtener de los civiles lo que necesiten: comida, transporte, ollas, vacas o dinero.

Todos los grupos dicen defenderse, pero todos violan y reclutan a menores

Nkunda, los tutsis y Ruanda

El general Laurent Nkunda lidera el Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP). Reside en la región de Masisi. Es congoleño pero lo que ha determinado su vida, más que su nacionalidad, ha sido su condición de tutsi, lo que le acercó y ha hecho permanecer siempre muy cercano a Ruanda. De joven se enroló con los rebeldes tutsis ruandeses. Más tarde, formó parte de la milicia impulsada en Congo por Ruanda, la Unión Congoleña por la Democracia, que ayudó a Laurent Kabila a tomar el poder en Kinshasa en 1996.

El CNDP de Nkunda está formado en gran parte pero no sólo de tutsis. Su estandarte es la defensa de la minoría tutsi, presente tanto en Ruanda como en Congo. En Ruanda, donde representaban un 14% de la población, tres cuartas partes de los tutsis fueron exterminados en el genocidio de 1994.

"La minoría tutsi fue atacada por los hutus en Ruanda y ha seguido siendo vejada en Congo. Si el Ejército congoleño no nos quiere defender, tenemos que hacerlo nosotros", cuenta Nkunda a Público entre el verdoso entorno de su monte.

El presidente de Ruanda Paul Kagame y la élite que gobierna actualmente el país son tutsis. El informe reciente de un grupo de expertos de la ONU atribuye a Ruanda apoyo económico y materiala Nkunda.

Asegura que los uniformes y las armas los recuperan de los enemigos caídos o los consiguen gracias a los miembros que apoyan al movimiento, que les financian por completo. Dice que no usan los recursos minerales, que no tocan las minas, y que ni siquiera sacan partido de la madera. Pero solamente con las tasas que han impuesto a los comerciantes que entran y salen del territorio que controlan (tasas más elevadas que las oficiales), ya sacan un primer rédito demostrable de estas materias.

En Congo se viste la lucha de principios pero la realidad de estado de guerra permanente deja los valores sólo para los discursos oficiales.

Fennete, la única mujer que forma parte de su guardia personal más cercana, reconoce que no tuvo opción: "Al terminar la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad de Kigali con una beca, volví al campo de refugiados donde crecí, y ante la falta de posibilidades, me uní al grupo".

El coronel Munyakazi, encargado del punto estratégico de Mushake, también se sinceraba en el mismo sentido: "La primera razón por la que hago la guerra, es por supervivencia"

FDLR, los hutus y el Gobierno

Las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR) están formadas, en su mayor parte, por hutus que llegaron a Congo en 1994 procedentes de Ruanda, donde una parte de ellos algunos análisis estiman que un 10% estuvo directamente implicada en el genocidio. Aunque el Gobierno de Congo se comprometió a capturarlos y repatriarlos, en la práctica, el débil Ejército no tiene capacidad operativa para desmovilizarlos.

Además sus desmotivados militares no pueden despreciar ninguna ayuda delante un enemigo más fuerte que ellos: el CNDP.

La comunidad internacional, la ONU, Congo y Ruanda coinciden en que la presencia de las FDLR es una de las causas esenciales por la que la guerra se eterniza. Son la excusa de la razón de ser de Nkunda.

"Luchamos por que no nos exterminen. Por nuestra protección. Nos oponemos al Gobierno de Kigali y deseamos volver a nuestro país, pero la falta de seguridad, de libertad de expresión y el favoritismo nos lo impide", clama en Lushebere el teniente coronel Edmond Garambe, portavoz militar de las FOCA (Fuerzas Combatientes Abacunguzi, que significa liberadores en ruandés), uno de los grupos armados de las FDLR. Nkunda, dice este mando, "está instrumentalizado, es una marioneta de Kigali".

"Somos refugiados que huimos en 1994. Al ser atacados en Congo, algunos volvieron a casa, otros se exiliaron y otros nos unimos contra el enemigo", añade Garambe, a cuya guarida se llega tras una ascensión por prados de densa vegetación.

El portavoz admite que hay presuntos genocidas en sus filas y asegura que están dispuestos a colaborar con la justicia.

"No tengo miedo a la gacaca [tribunales populares ruandeses que están juzgando a los civiles autores del genocidio]. Todo el mundo estuvo implicado. Pero hay que saber qué pasó antes del 94. En 1990, el Frente Patriótico Ruandés [el grupo rebelde liderado por Kagame] quemaba hogares, exterminaba. Mis tres hermanas fueron asesinadas. A lo que tenemos miedo es a una justicia injusta, desigual. En la gacaca, sólo el hutu es consideradogenocida".