Archivo de Público
Sábado, 20 de Diciembre de 2008

Madoff, el hombre que engañaba a los ricos

Era una leyenda para entendidos en el mundo de los fondos de inversión. Hizo uso de este prestigio para alcanzar una discreta clase de preeminencia social

JOSÉ CERVERA ·20/12/2008 - 22:41h

Bernard 'Bernie' Madoff era una leyenda sólo para entendidos en el mundo de los fondos de inversión. Con apenas 22 años y licenciado por la Universidad Hofstra, alejada del glamour de la Liga de la Hiedra, puso en marcha Bernie Madoff Investment Securities, su empresa de corretaje bursátil en 1960, según la leyenda con los 5.000 dólares ahorrados trabajando durante el verano como salvavidas de playa e instalador de aspersores en Queens y Long Island.

Al principio se especializó en acciones marginales, pero su carrera se cimentó como pionero del corretaje bursátil electrónico; la compraventa de acciones sin contacto físico entre las partes. Hacia mediados de los 70 su firma fue la primera en comprar y vender acciones de la Bolsa de Cincinnati por medios electrónicos, convirtiéndolo en el primer mercado bursátil en funcionar de este modo.

Su éxito se baso en favorecer la tecnología electrónica de compraventa, que su firma desarrolló

Su éxito se baso en favorecer la tecnología electrónica de compraventa, que su firma desarrolló haciéndola más competitiva en el mercado, siempre en un segundo plano. Muchos 'brokers' importantes empezaron a usar los servicios de Madoff, más baratos gracias a su ventaja tecnológica, para enfado de los operadores tradicionales.

Además, Madoff puso en marcha un controvertido sistema de pagos conocido como 'pago por flujo de órdenes', que recompensaba a los 'brokers' comerciales que más pedidos le enviaban. De este modo la casa de corretaje de Madoff se situó entre las más importantes del mercado bursátil estadounidense, llegando a gestionar un 5% del volumen de negocio de la Bolsa de Nueva York a finales de los 80.

Por esa época estaba considerado uno de los ejecutivos mejor pagados de Wall Street; en 1990 fue nombrado Presidente (no ejecutivo) del NASDAQ, por entonces gestionado por un comité de la Asociación Nacional de Corredores de Valores. En calidad de tal, asesoró a la SEC sobre cuestiones de regulación y control de los mercados. Hacia el fin de la Burbuja.com la empresa era el mayor participante en el mercado electrónico NASDAQ. El prestigio de Bernie Madoff Investment Securities, y de su presidente y propietario, alcanzó su cúlmen.

 Madoff hizo uso de este prestigio para alcanzar una discreta clase de preeminencia social.

A los habituales signos distintivos de riqueza empresarial (oficinas ocupando tres plantas del Edificio Lipstick -pintalabios-, en el centro de Manhattan; oficinas londinenses en el exclusivo barrio de Mayfair) y personal (apartamento en Manhattan, mansión playera en los Hamptons, villa en la Riviera francesa, varios yates en varios puertos, jet privado), Madoff unió una gran actividad caritativa.

Así, a lo largo de los años realizó generosas donaciones a múltiples organizaciones cívicas sin ánimo de lucro, casi todas con fuerte vinculación a la comunidad judía de Nueva York.

Así fue pasando de donante a miembro de los selectos consejos de gestión de prestigiosas organizaciones como la Universidad Yeshiva, de la que era tesorero.

Desde esa exaltada posición no sólo le resultó sencillo atraer los fondos de inversión de estas instituciones a su propia empresa, sino que consiguió proyectar un aura de completa confianza.

En el mundo financiero, y en la comunidad de origen judío en particular, Bernard Madoff era de total confianza.

Localización del Edificio Lipstick, en Google Maps

Por eso cuando su empresa vendía productos de inversión que obtenían una rentabilidad entre el 10% y el 15% anual (alta, pero no espectacular en sí misma) todos los años, con independencia de las condiciones del mercado, los clientes no se extrañaron, sino que hicieron cola a su puerta. Y no clientes cualesquiera, sino lo más granado de entre los ricos y los financieramente sofisticados. Desde promotores inmobiliarios de Nueva York y Florida (que captaba jugando al golf en exclusivos clubes de campo) a otros fondos de inversión, hedge funds, importantes bancos europeos, fondos soberanos del Golfo Pérsico, organizaciones de caridad, bancos privados suizos, y en general gentes ricas, con conocimiento de la industria financiera y necesidad de discreción.

Algunos gestores de hedge funds y fondos de inversión se acostumbraron a invertir buena parte del capital que se les confiaba en Madoff

Los productos de Madoff se convirtieron en un secreto a voces entre los inversores más sofisticados: era como invertir en bonos, pero con una rentabilidad mucho más alta. Estas inversiones eran gestionadas directamente por Bernard Madoff desde la planta 17 del edificio Lipstick, separadas del negocio de corretaje que dirigían sus hijos.

Por lo que parece, la estafa no podía ser más simple: Madoff pagaba los intereses de sus antiguos inversores con el capital de los nuevos que iban entrando. Se trata nada más y nada menos que de la primera pirámide financiera de alcance global de la Historia. Su prestigio social y financiero garantizaron la entrada de nuevos capitales mientras las cosas fueron bien en la economía, de modo que nadie tenía queja alguna: el capital estaba asegurado por la fama de Madoff, y los intereses eran pagados con puntualidad.

Algunos gestores de hedge funds y fondos de inversión se acostumbraron a invertir buena parte del capital que se les confiaba en Madoff, sin mayores complicaciones: era una forma sencilla de cobrar jugosas comisiones de gestión sin apenas trabajo o riesgo.

La aureola de Madoff hacía innecesario el tedioso trabajo de comprobación que justifica esas comisiones. Invertir en sus productos era como tener una máquina de imprimir billetes. Recomendar a terceros que invirtieran en Madoff era hacerles un favor, darles entrada en el selecto club de los 'insider'.

Algunos invirtieron por consejo de bancos privados o asesores financieros que podrían resultar responsables

Por eso la cantidad de afectados es tan grande, y el grado de afectación varía tanto: quienes invirtieron directamente lo han perdido todo, pero algunos de ellos lo hicieron por consejo de bancos privados o asesores financieros que podrían resultar responsables. Otros invirtieron en fondos que a su vez invirtieron en parte en productos Madoff, frecuentemente sin su conocimiento. La situación se complicará notablemente en estos casos.

Porque, como era previsible, en el momento en que la situación económica mundial se deterioró, la pirámide empezó a venirse abajo. La ausencia de nuevos ingresos hizo imposible seguir pagando los dividendos a los antiguos, y la bicicleta se detuvo. Para separar responsabilidades y salvar lo salvable fueron los propios hijos de Madoff quienes denunciaron a su padre, que libremente confesó que no quedaba nada, y que el negocio de inversiones era una pirámide que había evaporado 50.000 millones de dólares de capital.

Ahora sólo queda enumerar los afectados y analizar las consecuencias que tendrá la pirámide financiera más grande y dirigida a víctimas más sofisticadas de la Historia. Al menos, por el momento.