Archivo de Público
Domingo, 21 de Diciembre de 2008

La furia exquisita

 

 

ÁNGEL LUIS MENÉNDEZ ·21/12/2008 - 08:00h

Obligado a guardar las apariencias, resignado a venerar el único título colectivo que hasta hace seis meses podía lucir, la Eurocopa de 1964, el aficionado español rendía culto a la furia. Idolatraba un concepto futbolístico tan entusiasta como vago, de una sonoridad tal que no deja oír algunos de los matices que se esconden en su interior.

Nacida buena, la furia sufrió el paso de los años esperando una nueva alegría con la que reactivar su ilusión primigenia. Aferrada al que parecía eterno periodo de fracasos y desengaños, se dejó tentar por el éxito fácil. Desesperada, le abrió la puerta al victimismo, se echó en brazos del "todo vale", permitió las patadas y el patadón, recitó de corrido el grasiento manual "mil y un teorías de la mezquindad", sacó el carné de aparcar autobuses y dibujó tácticas eficazmente feas. Creyó contentar así al sufrido seguidor español, sin percibir en él la melancolía, sin darse cuenta de que bajo el ruido soportado durante más de 40 años sobrevivía, aletargada, la pasión por la belleza.

Y no será porque no recibió toques de atención al respecto. Llamadas de auxilio en forma de admiración confesa al Brasil de 1970, Pelé, Cruyff, Maradona, el Milan de Sacchi,la Quinta del Buitre, el Dream Team, Ronaldo, Ronaldinho Y, por fin, al 29 de junio de 2008, el inolvidable domingo en que España se proclamó campeona de Europa. Por segunda vez y, ahora, con fútbol antes que con furia. Encandilando al mundo y abriendo de par en par la puerta a la vistosidad ganadora.

Una joven generación de futbolistas criados sin ataduras ha oreado las vetustas estructuras mentales del balompié patrio. Unos cuantos llevaban tiempo subidos silenciosamente a esa ola. Ahora, con Guardiola a la cabeza nunca mejor dicho, perciben el decidido apoyo del aficionado que antes no se atrevía a significarse por miedo a ser tildado de poeta.

De norte a sur, de este a oeste, Publiscopio a Publiscopio, la espectacular puesta en escena del Barça de Pep suma apoyos. Y Messi, su abanderado, es proclamado rey de la Liga y amenaza con encaramarse al trono del fútbol mundial a golpe de regates imposibles y goles incontables.

El argentino, con 21 deslumbrantes años, encarna el súmmum del fútbol. En él se condensan el sacrificio y el afán de superación como rutas muy recomendables hacia la cima. Dotado de una zurda prodigiosa, su pierna parece en guerra permanente con el resto del cuerpo. Tuvo que someterse a un tratamiento especial para doblegar unos huesos que se negaban a crecer y vive permanentemente amenazado por la fragilidad de sus músculos, así que no es extraño que asuma las abundantes patadas de los defensas rivales como un riesgo inherente a su profesión.

Aprendió desde niño a medir el tamaño de su éxito por los centímetros de morado que decoran sus piernas cada vez que concluye un encuentro. A más regates, más golpes. Es consciente de que cada jugada suya es un calvario para los defensores. Lo que ellos se toman como una humillación no es más que su forma natural de hacer las cosas.

Algo que le sale del alma desde que, con 5 añitos, Leo Messi se bajó de los brazos de su abuela Celia para completar una alineación en un partido como portero disputado en el barrio de su Rosario natal. Sin alardes pero sin miedo, aquella pulga destrozó a chavalotes curtidos en mil batallas callejeras. Hoy, sin perder la sonrisa candorosa de entonces, quiebra la cintura de los más reputados defensores del universo.

A ese espíritu, furioso y exquisito a la vez, es al que se rinden embelesados los aficionados españoles.