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Miércoles, 17 de Diciembre de 2008

Casavella, muere el último vampiro de Barcelona

El premio Nadal ha fallecido de un ataque al corazón en la ciudad condal. El pasado enero el autor catalán ganó el premio Nadal por su obra 'Lo que sé de los vampiros'

TONI POLO ·17/12/2008 - 20:05h

MANUEL FERNÁNDEZ - Francisco Casavella.

El escritor Francisco Casavella (Barcelona, 1963) murió ayer en su ciudad natal víctima de un ataque al corazón. A sus 45 años, Francisco García Hortelano, que adoptó su tercer apellido –Casavella– para no ser confundido con el novelista madrileño Juan García Hortelano, era considerado una de las voces más prometedoras de la narrativa española actual y una de las figuras literarias claves para comprender la Barcelona contemporánea.

No hace todavía un año, el seis de enero, ganó el Premio Nadal con su novela Lo que sé de los vampiros . Esa obra, ambientada en el siglo XVIII con la expulsión de los jesuitas como hilo argumental y que él se negó desde el principio a considerarla novela histórica. Se salía de los ambientes de su producción anterior, aunque no dejaba de ser una tragicomedia.

De hecho, Casavella refleja una sociedad marginal, itinerante, estafadora, que nada tiene que ver con la receta tradicional de la novela histórica sobre aquellos años: aquí, la ilustración deja paso al despotismo. Siempre defendió que lo que ofrecía al lector es “una filosofía de la historia”.“Mi propósito es profundizar en lo que yo creo que son los tres asuntos que vuelven tragicómico al hombre contemporáneo: incidir en la identidad, definir los límites de la libertad y soportar el peso de la historia”, explicó al recibir el Nadal.

El concepto de tragicomedia

Siempre defendió que lo que ofrecía al lector es “una filosofía de la historia”

Los de Lo que sé de los vampiros son, en otra época, los mismos ambientes sórdidos que el escritor había narrado en sus primeras novelas. Casavella, noctámbulo por excelencia (decía que era “de los que cenan a las cinco de la madrugada”) escribía con conocimientos de causa. La elegancia de su prosa no está reñida con esa degradación que describe. Irrumpió en el panorama cultural con El triunfo (1990) –poco antes había publicado La chica ye-ye– una novela en la que ya se introduce en su mundo urbano y a contracorriente. Enseguida fue invitado a compartir etiqueta con autores como Ray Loriga o José Ángel Mañas. Él no quiso encasillarse.

En su siguiente novela, Un enano español se suicida en Las Vegas, profundizó en su intención irónica. Una intención que cultivaría en las siguientes obras, como las que componen la trilogía El día del Watusi (2002-03), compuesta por Los juegos feroces, Viento y joyas y El idioma imposible. “Cada vez me doy más cuenta de que la novela que prefiero es una forma elaborada de la tragicomedia”, afirmó en la última noche de Reyes.

Una Barcelona canalla

Las 1.200 páginas de las que constan las tres partes del Watusi trazan un retrato de la Barcelona del final del franquismo y de los años de la Transición, hasta la odisea olímpica, con todos sus escándalos y cambios de aspecto: podemos hablar de una Barcelona canalla en una época, sobre todo la de los primeros años 90, en la que la ciudad se empezaba a vestir de postal, de diseño, de galería abierta. Él siempre dejaba espacio para la ironía: “Todo es terrible, pero nada es serio”.

Òscar López, director de Página 2, de La 2 de RTVE, lo visitó hace tres semanas en Roda de Berà (Tarragona), donde estaba enfrascado en su nuevo proyecto. “Si hubiese vivido su juventud en los años setenta, Casavella habría sido, guardando las distancias, un Marsé”, comenta el presentador.

Fue amante del rock de Los Ramones y de la voz de Leonard Cohen, del ambiente más “depravado” y de las canciones rockeras de los ochenta de Loquillo y de su amigo Sabino Méndez. Desde mucho antes de convertirse la ciudad en un “paseo de guiris”, frecuentó garitos del Raval, como el Karma o el Magic donde deambulaba hasta altas horas, tal vez la hora de su cena.