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Martes, 16 de Diciembre de 2008

Los judíos de Bombay tratan de superar el ataque

La comunidad judía de India convive con la musulmana y nunca se había sentido amenazada

ELISA RECHE ·16/12/2008 - 02:23h

Cherna sostiene en sus brazos a Liba, una niña de un año y medio, durante toda la ceremonia religiosa en recuerdo a las víctimas de los ataques de Bombay celebrada en la sinagoga Keneseth Eliyahoo. Su marido, el rabino francés Dov Goldberg, se hará cargo del centro judío en la capital comercial india Nariman House, que fue asediado durante tres días y donde murieron seis personas, entre ellas el antiguo rabino y su mujer. Moshe, el hijo de dos años de la pareja, pudo ser rescatado por su niñera y llevado a Israel.

"Soy de Israel, no siento miedo por venir a vivir a Bombay. Imagino que el momento de entrar a Nariman House sí que puede ser duro", afirma Cherna, de 24 años. La alegría y curiosidad de Liba contrastan con los llantos desesperados llamando a su madre de Moshe unos días atrás en este mismo templo durante el funeral de sus padres.

"Nos sentimos amenazados"

"Perdí a parte de mi familia en el Holocausto, pero esto ha sido horrible", señala Jane, una anciana de 81 años de edad, quien huyó de la Alemania nazi y, tras vivir en Francia, Cuba y Estados Unidos, se estableció en Bombay junto a su marido.

"Por primera vez en India nos sentimos amenazados. Es el primer ataque contra los judíos aquí en 2.500 años de historia", explica Ezra Moses, líder de la comunidad judía, frente a la sinagoga de Thane, el barrio residencial periférico de Bombay donde se concentra la población judía. "Los terroristas se hicieron pasar por estudiantes judíos y estuvieron comiendo y cenando con todo el mundo en Nariman House antes de comenzar el ataque. El rabino Gabriel era una persona muy buena y cálida, ha sido una enorme pérdida para la comunidad", añade.


Trabajadores judíos hablan con la Policía en la puerte del centro judío Nariman  el día en que se levantaron los cadáveres. EFE

Bombay acoge al 90% de los 5.000 judíos que viven en India. Nariman House o Jabad House, ambos en Bombay, forman parte de los 2.000 centros abiertos por el movimiento jasídico ortodoxo Jabad-Lubavitch, que tiene su sede en Nueva York. El rabino Gabriel y su esposa Rivka, embarazada de seis meses cuando fue asesinada, abrieron el primer centro en 2003 en Bombay. Existen otros cuatro en India. En Nariman House, los viajeros israelíes o judíos podían compartir con el matrimonio comida kosher, productos alimenticios que respetan los preceptos de la religión, o rezar juntos las oraciones del shabat, día sagrado para los semitas.

Los judíos indios insisten en señalar que el atentado no estuvo dirigido contra ellos. "Atacaron a quienes venían de fuera, ciudadanos americanos e israelíes", comenta Haim, un arquitecto de 58 años, a la salida de los rezos en la sinagoga Magen Hassidim, situada en un barrio musulmán de Bombay.

Convivencia tranquila

Según Haim, en el barrio musulmán la convivencia con los judíos es tranquila. Pero en privado no es raro recibir advertencias de que es mejor no preguntar en voz alta por una carnicería kosher.

El israelí Daniel señala la puerta desprotegida de la sinagoga Magen Hassidim y exclama: "¡Ahora mismo me siento más seguro en Jerusalén!". Daniel se enteró de los ataques en el avión que le llevaba de Israel a Bombay para visitar a su hermano rabino.

De los judíos bagdadíes, que llegaron a la capital comercial india a finales del siglo XVIII y dieron un gran impulso a su economía, sólo quedan unos 200. Esta comunidad decrece de forma acelerada tras la migración a Israel.

La corriente mayoritaria en Bombay la forman los llamados bene israelíes, los judíos que naufragaron en la costa india en 175 antes de Cristo después de sufrir persecuciones en Galilea. Aurora, una maestra de 38 años, es una de ellos.

"Cocino los productos kosher al estilo masala, visto ropa india, y hablo inglés y marathi [la lengua del estado de Maharastra donde se encuentra Bombay]", señala Aurora. El ataque a Nariman House ha cambiado su percepción de sí misma. "Es la primera vez que me han hecho ser consciente de mi religión".