Archivo de Público
Lunes, 15 de Diciembre de 2008

El fin del refrito

Arte. En el Distrito 798 de Pekín, verdadero Soho asiático, las galerías empiezan a cerrar

 

ANDREA RODES ·15/12/2008 - 08:00h

asia art center - La obra de Chen Wenling The God of Materialism es una crítica abierta a la sociedad de consumo.

Los obreros del Distrito 798 de Pekín están acostumbrados a ver pasar a grupos de occidentales de aspecto fashion mientras ellos comen sus fideos en cuclillas en la calle. Son los coleccionistas extranjeros que, atraídos por el boom del arte contemporáneo chino, abundaban hasta hace unos meses en este antiguo complejo industrial comunista, reconvertido en el centro de galerías de arte de la capital china. Pero, desde que estalló la crisis internacional, las calles del Distrito 798 se han quedado sin los visitantes que han hecho posible convertir a algunos artistas chinos en multimillonarios.

"Sólo hemos vendido un cuadro desde octubre", explica Fanny Zhang, directora de la galería Fifth Element. La incertidumbre que ha despertado la crisis financiera global ha acabado por repercutir en el mercado del arte contemporáneo, que venía creciendo como la espuma gracias al boom de la pintura china. "Muchos de nuestros clientes dejaron de venir", reconoce Zhang mientras vigila a estudiantes que acaban de entrar. Como en la mayoría de galerías de arte de Pekín o Shanghai, los clientes de Fifth Element son extranjeros. En especial, americanos, alemanes y surcoreanos, detalla Zhang.

Desde entonces, el negocio no ha dejado de empeorar. Zhang se aburre tras el mostrador, esperando a que suene el teléfono, mientras los estudiantes observan un lienzo de Xiao Se, el artista estrella de la galería. Pekinés de 38 años, Xiao es conocido por sus óleos inspirados en la pintura flamenca y del Renacimiento italiano. Una de ellas reproduce la Santa Cena, pero las figuras bíblicas muestran rasgos orientales; en otra, aparece la Venus de Botticelli en colores chillones, rodeada de símbolos y personajes chinos. "Xiao combina la cultura oriental y europea: es lo que atrae a los coleccionistas occidentales", explica Zhang. Algunos de los cuadros de Xiao cuestan más de 35.000 euros, una cifra considerable teniendo en cuenta que se trata de un pintor no muy conocido.

Artistas de dudosa calidad

Un gran número de artistas chinos se ha beneficiado del boom del arte contemporáneo, adaptando su estilo al de los artistas más consolidados, como Fan Lijun o Yue Minjun, estrellas del llamado realismo cínico. Yue es conocido por sus máscaras sonrientes, uno de los iconos del arte chino actual. Sin embargo, la caída de las ventas en las últimas subastas internacionales de arte asiático amenaza con poner fin a esta red de artistas de dudosa calidad que se aprovecharon de la pasión por el arte chino de Occidente.

La última subasta de arte asiático de Christies, celebrada en Hong Kong el pasado día 3, facturó un 35% menos de lo esperado, y casi la mitad de los lotes de arte chino se quedaron sin vender. Incluso algunas obras de Yue, que consiguieron sobrepasar los 40 millones de euros en los últimos dos años, se quedaron sin comprador. Los expertos llevan tiempo criticando la sobrevaloración del arte chino, pero la caída de las ventas no deja de sorprender. En diciembre, las ventas de arte contemporáneo chino en Christies fueron de 112 millones de euros, casi la mitad que en diciembre de 2007. Una de las obras favoritas de la subasta, De las masas, hacia las masas, de Zeng Fanzhi, se vendió por menos del precio de salida (unos tres millones de euros).

"El precio de las subastas de arte no refleja la situación real", dice Karen Smith, crítica de arte británica y experta en arte contemporáneo chino, residente en Pekín. "En las subastas compran inversores y especuladores, no coleccionistas", dice Smith. Según la experta, que asesora a grupos de coleccionistas extranjeros cuando llegan a China, las galerías de arte chino siempre mantuvieron precios estables a pesar de los resultados desorbitados de las subastas. Smith cree que las galerías de Pekín y Shanghai tenderán a mostrarse más cautelosas, ya que "los coleccionistas seguirán comprando arte, pero menos". "Muchas galerías cerrarán en los próximos meses", advierte.

Sin embargo, en el Distrito 798 de Pekín sólo han cerrado las galerías pequeñas, con un enfoque comercial, que representan a artistas de baja calidad. Las más consolidadas, como la berlinesa Alexander Ochs, que está a punto de inaugurar un nuevo espacio en el noreste de Pekín, siguen en pie. Los galeristas occidentales no tienen más remedio que instalarse en China para estar en contacto con los artistas emergentes, aunque sus clientes siguen siendo extranjeros.

Replantearse su obra

"El coleccionista chino no es arriesgado", dice Smith. La actitud conservadora y la falta de un marco crítico para debatir la calidad del arte chino explican por qué muchos chinos prefieren seguir invirtiendo en valores seguros o imitar a los coleccionistas occidentales, según Smith. Esperar que el coleccionista chino pueda mantener al alza el arte emergente en su país es poco probable. "El coleccionista chino sabe que los artistas consagrados no se depreciarán a pesar de la recesión", explica Ana Gómez, directora de Art In Capitals, una galería española en Shanghai. "Esta crisis servirá para que los artistas emergentes empiecen a replantearse su obra", dice Gómez. Con el fin del boom del arte chino, muchos artistas tendrán que abandonar el estilo del realismo cínico y su empeño por repetir iconos comunistas, como el rostro de Mao, que tanto gustan en Occidente.

"Nuestros clientes saben que no vendemos arte refrito, explica Julie Kumalawati, de la galería Vanessa Artlink. El arte refrito engloba, según Julie, los artistas comerciales que se aprovechan del boom. Ella muestra con orgullo un lienzo del pintor Qiu Shihua, valorado en 81.000 euros. La obra de Qiu forma parte de una de las mejores colecciones de arte contemporáneo chino del mundo, la del ex embajador suizo en Pekín, Uli Sigg. Junto al cuadro de Qiu cuelga una composición abstracta del pintor Yang Liming, de 33 años, valorada en 23.000 euros. Julie espera poder venderla a uno de sus clientes de Hong Kong o Taiwan. "Todas las galerías estamos ante la misma situación de incertidumbre", dice. "Pero no vamos a cerrar sólo por la crisis".