Archivo de Público
Domingo, 14 de Diciembre de 2008

El banco, el nuevo enemigo

Varias empresas explican cómo les afecta la restricción del crédito

GLÒRIA AYUSO ·14/12/2008 - 17:57h

Las empresas españolas están pasando verdaderas dificultades porque los bancos no les dan créditos. Hasta 1.000 pymes han acudido en poco más de un mes al centro de asistencia que ha abierto la Cámara de Comercio de Barcelona para informarse sobre cómo lograr financiación. La patronal coincide en que si la liquidez no llega pronto a las empresas aumentarán las que se ven abocadas al cierre.

Las que atraviesan mayores dificultades no quieren explicar públicamente su situación debido a que ello pone aún más en peligro su relación con clientes y proveedores. Pero las que no se ven tan ahogadas también sufren. La falta de circulante ha recortado sus ventas. Incluso las empresas que pueden crecer gracias a sus exportaciones se han visto obligadas a poner freno a sus planes de expansión.

Es el caso de Iremar, vendedora y reparadora de maquinaria para tratar piedra y mármol. Constata que su facturación, que en 2007 bordeó los tres millones de euros, ha descendido en los últimos meses un 20% por la restricción bancaria. Ahora le cuesta mucho más vender máquinas, cuyo precio oscila entre los 6.000 y los 150.000 euros, porque sus clientes no pueden financiarse la compra. La empresa se ha planteado como alternativa dejar de hacer ventas al contado y financiar ella misma a sus clientes, recuperando poco a poco la inversión. Pero el problema es el mismo: los bancos tampoco le han permitido este tipo de operación, tal y como explica la directora financiera, Eva Sanz. Además, “tampoco anticipan los pagarés”, lamenta la directiva. Todo ello hace que los clientes no puedan comprar maquinaria y vean truncadas sus expectativas de crecimiento en la producción. “Tampoco renuevan las viejas, nos piden que las arreglemos”, dice Sanz, que augura que, si las cosas no cambian, 2009 será aún peor. “Los bancos tienen que ayudar a las empresas cuanto antes”, reclama.

Thuya, fabricante de cosméticos, empezó el año creciendo por encima de las expectativas, pero en septiembre se inició la tendencia a la baja en las ventas. Si la previsión era que el mercado nacional aumentara un 15%, en estos momentos sólo lo ha hecho un 4%. “El dinero no circula y los distribuidores nos hacen pedidos mucho más pequeños por miedo a no cobrar”, explica la directora comercial, Laura Pla. La ejecutiva constata que antes se compraba bajo previsión y ahora sólo si existe una necesidad inmediata que cubrir. A veces, opina Pla, el problema no es tanto la falta de liquidez sino el temor que impera y que ha llevado a los distribuidores a actuar con precaución. En Thuya, además, coincide con que “muchos centros de estética han tenido que cerrar” ante la falta de oxígeno que antes sí les proporcionaba el banco sin dudarlo.

Otra empresa que no quiere revelar su nombre explica que dos bancos con los que trabaja le han subido los intereses de pólizas y servicios. “Nos están incrementando aún más la presión”, denuncia.

Todos los agentes que intervienen en el circuito comercial temen los impagados y las formas de operar han cambiado. Kmec, fabricante de maquinaria de alto nivel para el embalaje flexible que factura unos 16 millones al año, explica que la empresa sufre indirectamente la restricción bancaria. Sus proveedores por primera vez le reclaman que les adelante el pago de los materiales, cuando lo habitual era hacerlo a 90 días. “Las empresas que nos sirven el material están no trabajan si no tienen asegurado el cobro”, explica el director general de Kmec, Ignasi Gómez.

Pagar antes y cobrar más tarde

Pradinsa, que fabrica productos para la conducción de agua potable y factura nueve millones al año, también tiene que liquidar por adelantado el género que le sirven sus proveedores, incluso un mes antes de que lleguen al Puerto de Barcelona. Sin embargo, las administraciones públicas para las que trabaja le siguen pagando a 190 días. “La financiación del banco permite salvar el descalabro de pagar antes y cobrar más tarde. Si los bancos no dan líneas de crédito me están impidiendo ir al mercado exterior a comprar”, explica el director financiero de Pradinsa. Una de las soluciones de la empresa es el factoring: el banco es quien cobra las facturas a los clientes y facilita así el líquido a la empresa para que continúe operando, eso sí, a cambio de intereses.

“Ahora se habla mucho del factoring, cuando antes era anecdótico”, explica el responsable del programa de ayuda a la empresa de la Cámara de Comercio de Barcelona, Víctor Torrents. Sin embargo, en la práctica, los bancos también se están negando a correr este riesgo a no ser que el cliente sea muy buen pagador. La Cámara de Comercio asesora también a las empresas sobre “cómo presentarse en el banco” para pedir financiación. Aun así, Torrents confirma que “ahora no hay solución. Quien no tenía dificultades en el pago, las tenía en el cobro, y a la larga eso implica también no poder pagar”.