Archivo de Público
Domingo, 14 de Diciembre de 2008

Guantánamo vive sus últimos días de oprobio

Los 250 presos que quedan en la base de EEUU en Cuba esperan que Obama tome la decisión de cerrar el campo de detención. El nuevo presidente se encontrará muchas dificultades legales

ISABEL PIQUER ·14/12/2008 - 08:00h

MANDEL NGAN / POOL - Entrada al Campo 5 del centro de detención estadounidense en Guantánamo, donde se encuentran la zona de máxima seguridad de la base.

Es fácil mirar hacia la Meca en Guantánamo. Pequeñas flechas negras pintadas aquí y allá en el cemento blanco muestran la dirección de la Kaaba.

Es la única referencia geográfica del universo claustrofóbico del campo. Ni los espesos muros de cemento, ni los kilómetros de alambrada, ni las impenetrables puertas blindadas, ni los dobles cerrojos, dejan pasar la brisa del mar cercano ni el calor del sol cubano.

A la luz de un neón que nunca se apaga, algo más de 250 prisioneros esperan su veredicto. En los últimos años, 520 han sido discretamente deportados, a sus países de origen o a terceros. De los que quedan, 18 han sido acusados de delitos terroristas, cinco de ellos de haber participado directamente en los atentados del 11-S.

La mayoría sigue encarcelada por ser "enemigo combatiente", una nueva categoría legal inventada por el Gobierno de George Bush. El resto, como los 17 uigures (la minoría étnica musulmana china) apresados en 2002, sólo aguardan la larga tramitación de su salida.

Las flechas negras que señalan a la Meca son la única

Guantánamo ya no es el Camp X Ray de las famosas fotos de hace seis años, jaulas de alambradas a la intemperie y detenidos arrodillados con monos naranja.

Los monos son los mismos (al menos para el 12% más peligroso, el resto va de blanco) pero la cárcel, o mejor dicho las cárceles, son ahora prisiones de máxima seguridad, parecidas a las llamadas Supermax de Indiana y Michigan.

Cada una tiene un nivel de seguridad: en el Campo 4 los prisioneros más "dóciles" comparten habitáculo y pueden pasearse unas horas; en los 6 y 5, los más conflictivos viven en celdas de aislamiento en constante soledad, aunque pueden hablarse por las rendijas de las puertas; el Campo 7, ubicado en un lugar secreto, aloja a los cinco acusados del 11-S, entre ellos el presunto cerebro de la operación, Khalid Sheikh Mohamed. El Gobierno de EEUU se gasta 60 millones de dólares al año en mantener el complejo donde trabajan 2.200 personas.

«Es surrealista pasar de la cárcel a la playa», admite la abogada de un reo

Esto es lo que Barack Obama ha prometido cerrar. Esto y las comisiones militares, los tribunales especiales creados por el Gobierno republicano en octubre de 2006, en las que muchas pruebas son secretas y se admiten confesiones conseguidas bajo tortura.

Pero cerrar Guantánamo promete ser un serio quebradero de cabeza para el nuevo Gobierno demócrata. "Las comisiones se crearon por orden presidencial, otra orden las puede borrar de un plumazo. Obama no debe esperar un minuto", dice Anthony Romero, director de ACLU (Unión Americana de Libertades Civiles).

Jennifer Daskal, que sigue este tema para Human Rights Watch, piensa que no va a ser tan rápido. "Obama sin duda tomará la decisión simbólica de cerrar la cárcel y suspender las comisiones antes del 26 de enero, cuando debe celebrarse el próximo juicio (el del niño-soldado Omar Khadr). Podría dejar el tema en manos de un comité de sabios y darse un año de reflexión para examinar los casos uno por uno".

Algunos, muchos, serán puestos libertad; está por ver, dónde, cómo y cuándo. La complicada repatriación de los uigures no presagia una tramitación fácil: esta semana Portugal ofreció acoger a algunos, Alemania también estaría dispuesta aceptar unos cuantos, pese a las tremendas presiones de China. Pero otros, como los cinco del 11-S y otra treintena de prisioneros, capturados en Afganistán, deberán pasar por algún tipo de tribunal.

Consejos de guerra especiales

Todos los abogados de la defensa, civiles y militares, piden que los casos se trasladen simplemente al sistema federal. "Es hora de sacarlo todo a la luz, nuestro sistema funciona", sostiene Suzanne Lachelier, la oficial reservista de la marina, que se encarga de defender a Ramzi Bin al Shibh, uno de los acusados del 11-S.

Se baraja la idea de consejos de guerra especiales, pero eso equivaldría a perpetuar otros tribunales al margen de la ley. "Circulan muchas teorías y creo que ninguna es acertada", opina Shayana Kadidal, del Centro pro Derechos Constitucionales. "En este momento no creo que el equipo de Obama tenga muy claro lo que quiere hacer. Me consta que se barajan todas las opciones", asegura Daskal.

La situación legal es aún más complicada desde que, el pasado junio, el Tribunal Supremo de Estados Unidos reconoció el derecho de los detenidos a acudir a las cortes federales para cuestionar su detención y reclamar su puesta en libertad.

Mientras, en la base naval que Estados Unidos "alquiló" al Gobierno cubano en 1903, la vida sigue su ritmo, al margen de lo que pueda pasar en el futuro. "Guantánamo es tristemente bello", dice Lachelier quien viaja a la bahía desde Washington cada dos semanas. "Es surrealista pasar de la cárcel, del abuso de nuestro sistema, a la playa", donde a veces los abogados se toman un descanso.

"Guantánamo es tristemente bello"

El oficial al mando de la prisión, el comandante David Thomas, asegura encantado a los periodistas que "la nueva clase de arte del Campo 4 es muy popular", (hasta ahora sólo podían aprender idiomas) y que, con suerte, "añadirá clases de Geología" a mediados de 2009. "Nosotros seguimos adelante".

La semana pasada, durante las audiencias que se celebraron en el tribunal de Camp Justice por fuera, un hangar de chapa acanalada construido en una antigua pista de aterrizaje, por dentro, una sala de máxima seguridad anónima y funcional los cinco del 11-S, además de Mohamed, Ali Abd al-Aziz Ali, su sobrino, Mustafa Ahmed al-Hawsawi y Walid bin Attash, pidieron declararse culpables y afrontar lo antes posible la muerte.

Una siniestra confluencia de intereses, la de los acusados que quieren morir mártires y la del Gobierno actual por justificar la creación de las comisiones (los carceleros dejaron a los cinco detenidos reunirse durante 27 horas para preparar su petición sin informar a sus abogados, denuncia uno de ellos), que podría complicarle las cosas a Obama, sobre todo si el juez decide acelerar los trámites.

Manipulación emocional

"Hay muchas variables", se limita a decir el coronel Lawrence Morris, jefe de la acusación, sobre la posibilidad de ejecutar a los condenados antes de la llegada del nuevo Gobierno. Mohamed, sus acólitos y Washington saben que si los casos pasan al sistema federal habrá que empezar todo desde cero.

Por primera vez en la sala, tras una mampara de cristal blindado e insonorizado, estuvieron presentes nueve familiares de las 2.973 víctimas del 11-S.

Los abogados de los presos denunciaron la manipulación emocional de su presencia porque todos pidieron mantener las comisiones, ante los 50 periodistas que el Pentágono trajo hasta Guantánamo. Vinieron buscando algún tipo de respuesta por su pérdida.

"No tuve ninguna reacción y me sorprendió, dice Maureen Santora, cuyo hijo bombero murió en las Torres Gemelas. "Vi al hombre responsable de la muerte de Christopher y no sentí absolutamente nada", reconoce Santora.