Archivo de Público
Viernes, 12 de Diciembre de 2008

El flequillo más poderoso del siglo XX

Betty Page, la famosa ‘pin-up’ de los cincuenta, muere a los 85 años después de pasar una semana en coma

JOHN TONES ·12/12/2008 - 21:22h

Bettie Page ha muerto con 85 años, después de una semana en coma, dejando un rastro de contadísimas imágenes que hayan capturado sus años de ocaso. Indiscutible icono de una época, su fugaz carrera
enuncia las claves que explican su forja como fetiche de culto.

Casualidades

Con 27 años, Bettie conoció a Jerry Tibbs, un policía interesado en la fotografía que, fascinado con su físico, le proporcionó su primer book. Lo que entonces se llamaban clubes de fotografía (intrépido eufemismo para asociaciones de intercambio de imágenes eróticas) la convirtieron,
gracias a sus apariciones en revistas como Wink o Titter, en un icono subterráneo.

Erotismo duro

El tramo más recordado de su trabajo pertenece a las películas y sesiones de fotos en las que posó para Irving Klaw entre 1952 y 1957. Klaw distribuía por correo fotos de bondage, spanking y otras variantes de sadomasoquismo suave. Es decir: chicas en ropa interior simulando pequeñas palizas, riñendo y azotándose, con escenografía de amas, esclavas, empleadas del hogar y gobernantas exhuberantes. Klaw bordeaba los límites de lo permisible en la época, para lo cual, sin duda, aprovechó el encantador físico de una siempre guapísima Bettie Page.

Conejitas

En 1954, ya convertida en la pin-up más famosa de Nueva York, Bettie conoció a Bunny Yeager, ex modelo y fotógrafa con la que hizo la memorable sesión Jungle Bettie. A través de Yeager, Bettie se convertiría también en chica Playboy, vestida únicamente con un gorro de Santa Claus y decorando un árbol de Navidad.  

Inocencia   

La pobreza de medios y el espíritu semiclandestino de los espectáculos de burlesque filmados, que se produjeron en los cincuenta, dan una textura sórdida a títulos como Striporama o Varietease. Pero el estilo que convirtió a Bettie Page en la reina de las pin-up volaba a una altura a la que el apagado erotismo de sus coetáneas no podía aspirar. Su físico, a pesar de la rotundidad propia de la época, se distanciaba de los excesos ultrafemeninos de Tempest Storm, con quien compartió cartel en Teaserama, o Jayne Mansfield, que fue playmate (conejita) un mes después que ella. Su tupida melena negra y su insolente flequillo se mantienen como símbolo de una era y ha sido imitado por numerosas artistas, la última de las cuales bien podría ser Dita Von Teese. Casi como un tornado proto-punk dentro del mundo del erotismo de línea dura de los cincuenta, sus pasos de baile, simpatía natural y abundante y desvergonzada improvisación transmiten una espontaneidad que hace que las producciones de Irving Klaw mantengan intactas, hoy, todo su magnetismo.

Desaparición

Después de un considerable desgaste psicológico, en 1957, cuando tuvo que declarar en una serie de juicios por indecencia a los que se enfrentó Klaw, Bettie se convirtió al cristianismo y se retiró. La mitología que la rodea vio este cambio de actitud como una especie de revelación religiosa pero, posiblemente, tuvo más que ver con el rechazo al estilo de vida que llevó durante años, a pesar de no haber rodado ni posado nunca en material pornográfico. Casada y divorciada tres veces, vivió durante décadas ignorante del culto que estaba despertando en los ochenta la publicación de los cuatro volúmenes de Betty Page: Private Peeks y el mítico fanzine The Betty Pages. En 1993, en una entrevista telefónica para televisión, Bettie volvió a la luz pública, en un regreso que fulminó su halo de misterio pero que dotó de humanidad, al fin, a las imágenes de amable agresividad que la convirtieron en uno de los sex-symbols más peculiares de la cultura pop.