Archivo de Público
Jueves, 11 de Diciembre de 2008

Sentencias más dolorosas que una bofetada

La prohibición a una madre de Jaén de acercarse a su hijo por darle un tortazo se vuelve en contra de los cuidados al menor

O. CARBALLAR / J. ARMENTEROS ·11/12/2008 - 22:00h

O. CARBALLAR / J. ARMENTEROS - David abraza a sus padres, José Domingo y María Dolores, en la puerta del domicilio familiar, en Pozo Alcón (Jaén).

La sentencia que condenó la semana pasada a una madre de Pozo Alcón (Jaén) a 45 días de prisión y a estar alejada 500 metros de su hijo durante un año y 45 días, por propinarle un tortazo, ha generado un gran revuelo social y muchas preguntas.

¿Puede hacer más daño al menor la separación de su madre que la bofetada que recibió hace ya dos años y dos meses? ¿La protección judicial puede desproteger al mismo tiempo al menor? A juzgar por el llanto del niño, que ahora tiene 12 años, así es: "No quiero que mi madre se vaya". Este viernes la familia saldrá a la calle, acompañada de sus vecinos, para protestar por la decisión judicial, aún sin ejecutar y que han recurrido.

El niño, reprendido por no hacer los deberes, no quiere que ella se vaya 

El pequeño David, de carácter difícil, según la sentencia dictada por el juzgado de lo Penal 3 de Jaén, lanzó una zapatilla contra su madre y se encerró en el baño después de que ésta le recriminara no haber hecho las tareas escolares. Al entrar, la mujer lo levantó del suelo agarrándolo por el cuello.

Tras darle un tortazo por detrás en la cabeza, el niño se golpeó contra el lavabo y le comenzó a sangrar la nariz. Ya en clase, el profesor, que denunció los hechos, comprobó que tenía restos de sangre. El parte médico reflejó hematomas en el cuello. Ocurrió en octubre de 2006.

Ahora, con el contratiempo añadido de que son sordomudos, los padres del niño, María Dolores y José Domingo, que tienen además otro hijo de seis años, viven con la incertidumbre de no saber qué será de su hogar si ella tiene que alejarse de su hijo mayor.

María Dolores se ocupa de la casa y José Domingo trabaja de albañil en Almería, a 170 kilómetros de Pozo Alcón, el pueblo de apenas 5.000 habitantes donde residen. ¿Cómo vivirán los hijos y el padre? ¿Qué van a hacer con el hijo pequeño? ¿Dónde va a vivir la madre para cumplir la condena?. Este periódico intentó, sin éxito, contactar con la magistrada, María Fernanda Pérez, para intentar dar respuesta a estos interrogantes.

Drama familiar

El padre trabaja en Almería, a 170 kilómetros de su pueblo, Pozo Alcón

El matrimonio, poniéndose en el peor de los casos, ha pensado que María Dolores podría irse a casa de su madre, a la que además cuida porque padece alzheimer; pero aun así sería imposible mantener la distancia de medio kilómetro si madre e hijo hacen vida en el pueblo: él tiene que ir al colegio y pasa cerca de la casa de su abuela, ella tendría que salir a comprar "¿Cómo voy a educar así a mis hijos?", se pregunta María Dolores.

"Estoy sufriendo mucho con el problema que se nos ha presentado, llevo unos días que no duermo y apenas como", cuenta José Domingo, que ha decidido pelear para que su esposa siga en casa. "Estoy recogiendo firmas en el pueblo; llevo 1.150. ¿Serán suficientes?", pregunta desesperado. José Domingo podrá encabezar la concentración contra la sentencia porque está de baja laboral, a la espera de una operación de columna.

La familia ha seguido haciendo su vida normal durante estos dos años. José Díaz, que vive en la casa de al lado, no ve en la casa de sus vecinos más problemas de los habituales en un hogar con niños: "El muchacho es muy revoltoso, a veces la madre no puede manejarlo y se pone nerviosa. Además, el padre trabaja fuera Pero nada de malos tratos. Eso no. ¡Es que se puso nerviosa y se le fue la mano! Ahora el chiquillo ha visto la cosa fea y le ha pedido perdón, y ¡claro que no quiere que se vaya!".