Archivo de Público
Martes, 9 de Diciembre de 2008

Los jóvenes como caja de resonancia

FRANCISCO VEIGA ·09/12/2008 - 08:00h

EFE - Centenares de estudiantes ayer ante la sede policial.

La oleada de disturbios juveniles que se está viviendo en Grecia es susceptible de ser analizada a partir de varios niveles interpretativos. El primero y más evidente tiene que ver con la arraigada tradición de rebeldía de los estudiantes griegos, respondida en cada ocasión por la no menos clásica contundencia de la Policía local.

Podemos remontarnos a las históricas manifestaciones de 1973, cuya brutal represión culminó con el colapso de los siete años de la Junta Militar. En tiempos sucesivos, ya en la década de los ochenta, el barrio de Exarchia se convirtió en el bastión de la juventud rebelde y la pesadilla de la policía antidisturbios.

Pero sin ir tan lejos en el tiempo, recordemos que recientemente, el pasado mes de junio, los estudiantes griegos chocaron duramente contra las fuerzas de orden público tras ocupar varias facultades en protesta por los planes del Gobierno para fundar universidades privadas, mientras decrecían los presupuestos públicos destinados a la educación superior.

A su vez, esas manifestaciones se inscriben en las oleadas de protestas sociales que vive Grecia: recordemos la huelga general del año pasado por estas mismas fechas relacionada con el rechazo al recorte de las prestaciones de la seguridad social.

La conclusión de todo esto es doblemente interesante. Las rebeliones estudiantiles o más simplemente: juveniles suelen ser la caja de resonancia de malestares sociales más profundos. La unanimidad de las protestas en Grecia, aunque en apariencia pueda parecer que no existe una relación directa de causa a efecto, refleja un trasfondo de profundo desconcierto en el país: los socialistas del PASOK, desalojados del poder, atraviesan momentos de crisis. Pero la derecha en el Gobierno ha visto como su política neoliberal quedaba en entredicho, a poco de comenzar la legislatura, por la grave crisis económica y financiera que sus mentores occidentales han debido atajar a golpe de intervención de los poderes públicos. Por lo tanto, el reajuste neoliberal ha fracasado en Grecia, incluso antes de que diera sus primeros pasos. Sin embargo, tampoco es posible volver atrás y por ello Atenas está, políticamente, a mitad de camino hacia ninguna parte.

Hay un malestar profundo que ya se manifestó durante la picaresca que rodeó a los enormes incendios forestales de agosto de 2007 en paralelo al reventón de las subprime en EEUU y que ha continuado hasta ahora con reiterados escándalos de corrupción que salpican a los altos círculos del poder y la oposición. De ahí que mientras en otros países estamos llevando la crisis con una llamativa resignación social, Grecia parezca a punto de estallar.

Segundo colofón: estos conflictos definen la plena occidentalidad de Grecia, pese a estar situada geográfica y culturalmente en los Balcanes: el día en el que en otros países de la zona se organicen manifestaciones para reivindicar mejoras en la atención del estado a la ciudadanía o el rechazo de la brutalidad policial, dejando de lado cuestiones relacionadas con retoques fronterizos, rechazo del vecino e indignaciones nacionalistas varias, será síntoma de que están avanzando seriamente en el camino de la normalización civil y la integración real en Europa, aunque ello no deje de comportar pugnas duras e inquietantes.