Archivo de Público
Viernes, 5 de Diciembre de 2008

El carrusel sentimental de Nacho Mastretta

Más locuaz y explosivo que nunca, llega su nuevo álbum ¡Vivan los músicos!

DAVID LERMA ·05/12/2008 - 08:00h

Blanca del Amo - El músico se lo pasa en grande en escena.

Así lo afirma el pianista argentino Luca Grasca: "Nacho es como Frank Capra". Aunque el propio compositor, que nos recibe en su casa de Malasaña, matiza: "Si prescindimos de sus valores políticos, que hoy me parecen anticuados".

Viéndole en el escenario de la sala Galileo, donde actuó el pasado martes para presentar su nuevo álbum ¡Vivan los músicos! (Nuevos Medios), Mastretta podría ser un personaje de Jacques Tati por el ingenuo entusiasmo que pone a esos momentos en que sus músicos (entre ellos, los habituales Pablo Navarro, Ricardo Moreno y Miguel Malla) se convierten en protagonistas.

Cada tema, con sus emocionantes cambios de compás, "sigue a cada solista como a un cantante en una taberna", ya sea el chelo de Marina Sorin, la trompeta de David Herrington o el propio Grasca, con su piano porteño y elegante.

"Los músicos que más me han influido son aquellos con los que he tocado", afirma. Una celebración entre diez músicos en el que el tono galante, el esplín de París y lo bucólico de toda merienda campestre filmada por Renoir, "no quiere intelectualizar la música". Cortes como Barrido y palanca, resuelto con tono de thriller cine negro, desmienten su propio fatalismo y saludan "esa importancia que tiene el espíritu, por encima de la letra". Algo que, confiesa, "no podía hacer con un multipistas". Lejos están las precisas melodías de Melodías de rayos X , uno de los mejores discos electrónicos de la pasada década. Mastretta ha querido "vencer la inercia" y "jugar con la parte más lúdica de la música".

"Los músicos que más me han influido son aquellos con los que he tocado"

De hecho, sobre el escenario mostró todo su desorden balcánico para celebrar "la espontaneidad que supone trabajar con los matices de expresión de cada músico",y trabajar de la misma en que lo hizo su inagotable Duke Ellington: "Con solidaridad obligatoria".

El compositor que nos hizo sentir Belmondo en Música para automóviles, profundiza en "los matices de expresión" y en esa galante sinestesia cinematográfica que busca "la disonancia y las cualidades espaciales de la orquesta". "La poesía es la llave" y anula la ironía que parece imponerse cuando algo parece demasiado retro.