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Viernes, 5 de Diciembre de 2008

La heroína de los videojuegos tiene rival

Pacifista y antisistema, Faith es como Obama: la esperanza. Lara sigue fiel a sí misma: temeraria, inteligente y muy sexy

 

VÍCTOR SÁNCHEZ/NÉSTOR FERNÁNDEZ ·05/12/2008 - 08:00h

VÍCTOR SÁNCHEZ - Plataformas en primera persona: salta al vacío y agárrate a un saliente.

Mirror's Edge 

En un futuro inmediato, no existe la libre información y los runners viajan por las azoteas, a toda velocidad, para transmitir información considerada ilegal. Este es el paisaje de Mirrors Edge, una aventura en primera persona que se desarrolla en los tejados de la gran ciudad y que consigue trasladar un efecto de vértigo y subidón de adrenalina como pocos títulos. No en vano, nunca antes nadie se había atrevido a trasladar la experiencia de un juego de plataformas a la mecánica de shooter en primera persona.

En gran medida, su éxito se debe a su protagonista, Faith, una heroína hecha a conciencia de las jóvenes del siglo XXI. Ella no es como otros personajes femeninos de videojuegos surgidos en los años noventa. No presume de cuerpazo ni esconde un estereotipo masculino bajo la ropa. Es idealista, urbana, está en contra del sistema y lucha contra él dentro de sus posibilidades. Sus métodos son menos radicales que los de otras damas del videojuego: es pacifista, y no es normal verla con un arma excepto, tal vez, para romper algún cristal. Ella se vale de la velocidad, la sorpresa y la infiltración para sorprender a sus enemigos y fulminarlos de un golpe, procurándoles un simple dolor de cabeza.

Faith es como Obama: la esperanza. Con ella, Electronic Arts parece querer abandonar el toque bélico a lo Bush de Mercenaries 2 y Army of Two. Y es la protagonista de lo que, esperemos, se convierta en una saga con futuro. Por lo pronto, en Mirrors Edge tenemos candidato serio a juego del año.

Tomb Raider Underworld 

 Lara Croft. La punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. La. Ra. Croft. De acuerdo, Lara pervierte un poco el concepto nínfula. Pero para muchos jugadores, en 1996 ver en Tomb Raider cómo saltaba, disparaba a dos manos y apretaba mandíbula fue una experiencia similar a la de Humbert Humbert cuando tenía delante a Lo...

La Lara que conocimos hace casi 13 años era una mujer independiente, testaruda, encantadoramente temeraria, femeninamente militar, de una obstinación sexy. Una mujer de familia noble que viajaba, versión de feromona de Indiana Jones, por todos los continentes en busca de artefactos extraños. La Lara de Tomb Raider era una mujer fuerte que pretendía dejar en bragas (con perdón) a todos esos bollitos estereotipados, más bimbos o dominatrix que otra cosa.

Lara entró en el Récord Guiness de los Videojuegos como “la heroína con más éxito” y quedó en tablas este año con Mario y Sonic en una encuesta de MSN para determinar el personaje pixelado más icónico. Y es que Lara es puro espíritu de los noventa. Fue Angelina Jolie incluso antes de que la propia Jolie hiciera de Lara.

Ahora se estrena Tom Raider Underworld, su noveno título. Y aunque todo lo que la rodea ha cambiado muy poco (bendito inmovilismo) y a ella le ha pasado un poco como a la Jolie –su rotundidad curvilínea se ha relajado– sigue siendo un gusto vivir anclado en los noventa. Qué bien sigue oliendo a espíritu (de píxel) adolescente.