Domingo, 30 de Noviembre de 2008

Dos generaciones de bibliotecarios, cara a cara

El más veterano y la más joven del cuerpo hablan de su profesión

M. SUÁREZ ·30/11/2008 - 08:00h

GABRIEL PECOT - El ex director de la biblioteca, Manuel Carrión, junto a María Gómez, de la última promoción.

La nuestra nunca ha sido una profesión que dé para mucho". María Gómez tiene 27 años e ingresó en el cuerpo de bibliotecarios en la última promoción. Pasea por la sala Hipóstila de la Biblioteca Nacional (BN) horas antes de que en ella se inaugure la muestra 150 años de archiveros y bibliotecarios. La acompaña el comisario de la exposición Manuel Carrión, de 78 años, que antes de jubilarse fue subdirector general de la BN y a quien María escucha con la atención de una discípula.

Les separan, entre otras cosas, varias generaciones e Internet, pero les une una reivindicación histórica del cuerpo: las carencias de personal. "La falta de medios ha sido motivo de llanto perpetuo, pero en la actualidad es una demanda que está más subsanada en la profesión". Manuel aclara que cuando habla de la profesión se refiere sobre todo a los bibliotecarios de entidades privadas. "En la España de las autonomías, hasta el pueblo más pequeño tiene bibliotecas. Ahora no faltan bibliotecas para el pueblo. Falta pueblo para las bibliotecas", lamenta.

Para todos

Hace 11 años fue testigo del mayor cambio que ha sufrido su profesión: la llegada de Internet. "Desde entonces, nuestro trabajo, por fin, es para todo el mundo".

María abunda en esas diferencias. Acaba de llegar a la BN, pero es consciente de que lo que la gente espera de ella en el mundo de Google no es lo mismo que lo que esperaban hace 50 años unos usuarios que sólo manejaban ficheros escritos a mano. "Ahora tenemos que hacer todo tremendamente accesible para todo el mundo. Internet ha sido la gran revolución, el problema es que ha traído un exceso de información que necesita organizarse", analiza.

"Ahora no faltan bibliotecas para el pueblo, falta pueblo para las bibliotecas"

Lo que no ha cambiado mucho es el perfil de quien se acerca a realizar una consulta. Tanto Manuel como María se han encontrado con investigadores, estudiosos, gente mayor y también jóvenes interesados en consultar determinados libros. "Lo que cambia ahora explica Manuel es que cualquiera puede acceder sin tener que entrar en el edificio. Cualquiera puede contemplar el poema original de El Cid. Gran parte de los usuarios, entre los que me incluyo, ya no tenemos que venir a la BN a hacer una consulta".

Otra de las grandes diferencias entre las dos generaciones es el papel de la mujer. La exposición recuerda que la mayoría de los bibliotecarios del pasado siglo eran hombres. Había algunas mujeres, como María Moliner, pero esa situación se ha dado la vuelta. "Ahora mismo lo de las mujeres es una invasión", bromea María.

Antes de terminar el re-corrido, Manuel le muestra las medallas del cuerpo expuestas. "¿Ya no se otorgan? Nos daría un sentimiento de pertenencia al cuerpo", lamenta María. Manuel le aclara que entregar las medallas nada más aprobar es una de esas costumbres de los bibliotecarios que se han quedado en el camino.