Sábado, 29 de Noviembre de 2008

Chicho: el eco de su garganta

Canciones contra la esclavitud. Desde lo más recóndito de la música protesta de este país se recupera la música, los poemas, los textos de Chicho Sánchez Ferlosio

PEIO H. RIAÑO ·29/11/2008 - 08:00h

Filougandés, terajulio, pentanewton, ciudadelo, pericanutos eran palabras que no existían hasta que las inventó Chicho Sánchez Ferlosio. Nadie pensó antes tampoco en reunir una lista exhaustiva con palabras de cinco vocales sin repetir ni faltar, siendo aceituno la primera de la lista y zurrapiento la última. "Llamemos -le recuerda alzando un dedo su amigo Rafael Costa- eucaliptos a las acacias, murciélago al gorrión, digamos duodécima por doce o bandurriero por guitarrista", escribe Costa en uno de los prólogos recuperados para la entrada del libro De Chicho Sánchez Ferlosio. Canciones, poemas y otros textos (Hiperión).

A Rosa Jiménez le acaba de llegar una grabación en DVD. Aparece junto con Chicho en el auditorio de la sede de Comisiones Obreras en Madrid, donde actuaron en 1985. Más de 20 años después le llega una copia y así con cuentagotas va recuperando su memoria y la de su pareja desde 1978. "Chicho nunca se preocupó por archivar ni por ordenar sus textos", cuenta Rosa. Tampoco le interesó convertirse en músico rebelde estrella para sembrar de bolos España. Ellos dos se trabajaron a fuego los bares del barrio de Malasaña, en Madrid. "A Chicho cada vez le costaba más salir a actuar y a mí cada vez me apetecía más", recuerda Rosa, mientras miramos la pantalla del pequeño y antiguo televisor, del que no salen imágenes hasta que no se calienta del todo. Entonces aparece un Chicho mayor, con tirantes, rostro plácido, ocupando la guitarra con todo su cuerpo, tan agustito.

Escribió para que el pueblo cantase sus canciones sin saber que eran suyas

Sin canon moral

Tampoco tiene copia del documental que Fernando Trueba le dedicó en 1981, con el título Mientras el cuerpo aguante, del que sólo se puede encontrar un cartel en ebay, una versión pirata en alguna que otra web, y, con suerte, algún pase en una Filmoteca. La cinta arranca con Rosa y Chicho subidos a un tren en Sóller (Mallorca) leyendo un periódico, antes de parar en la ciudad a cantar y pasar la gorrilla. En tres planos se resolvía la fuente de inspiración y las intenciones de este "cantante callejero". Trueba llegó a la isla con 26 años de edad y montó un largo eclipsado por la figura y el talante del hijo ácrata de Rafael Sánchez Mazas, fundador de la Falange, ex ministro de Franco y escritor.

José Antonio Julio Onésimo "Chicho" Sánchez Ferlosio (1940-2003) calzaba grandes gafas con celo y alambre, era alto y desgarbado, trabajó como corrector de estilo, traductor, librero, articulista en periódicos y revistas, comentarista en radio (con Balbín) y televisión, actor y cantante, autodidacta en mil saberes, investigador de problemas matemáticos, físicos e informáticos, temas de lingüística y gramática, métrica y armonía, inventor de prototipos de juegos, rompecabezas, laberintos y otros artilugios.

La vida de Chicho estuvo regida por una veta ética extrema

"La gente le veía como un vago bohemio pero era todo lo contrario. Por eso tampoco podría calificarle como ácrata, porque era una persona muy activa. Siempre contra el poder y lo constituido, eso sí. Porque el poder fue para él el enemigo y el objetivo contra el que dirigir su trabajo", recuerda su amigo durante 50 años, el escritor Julio Martín Casas.

La lengua suelta

"Yo no/ siento/ la fe del mal ni el bien/ ni me atengo a ningún canon/ moral./ Yo no/ uso/ bozal, rienda o dogal/ ni aguanto fácil la espuela/ dorsal/", reza otra de las canciones antifranquistas, de los años sesenta y primeros setenta, que se ha encargado de reunir Lisi Prada para esta ejemplar compilación.

De pequeño le decían el gramático porque corregía a todo el mundo

"Yo paso muchísimo tiempo en la cama", reconoce en el documental Chicho, y no parece que sea durmiendo. En aquel plano, sobre una cama a medio hacer, explicaba cómo quería montar el primer "silabario" de la lengua castellana con una calculadora, y Rosa recuerda cómo en los últimos años lo que le retenía entre sábanas era su ordenador portátil. "¡256 megas de memoria!, ¡Con este ordenador me doy miedo a mí mismo", cuenta Amancio Prada que dijo en la cama del hospital, cuando su hermana le llevó el regalito.

Buen momento para recordar la canción Hoy no me levanto yo: "Hoy se nace con el sino / de actuar por actuar, / la gente anda arrebatada / y no se para a pensar / que hay veces que levantarse / se lo puede uno saltar / y aunque a nadie le hagas falta / allí te vienen a hurgar / pues por mí que canten misa / ¡no me pienso levantar!".

Admiraba a su padre, porque una parte importante de su formación se la debía a él. Fue el primero en guiarle entre libros, explica Julio Martín, que recuerda la biblioteca de su casa en Coria como algo "espectacular". "Cuando viajaba toda la familia allí se volvían ratones de biblioteca". Hablaban de que a Chicho con cinco años le llamaban "el gramático", porque corregía a todo el mundo. "Siempre dijo que su verdadera profesión fue la de corrector de estilo", de hecho Carmen Martín Gaite, admiradora y amiga, no dejaba de darle a leer lo que escribía.

Zurró la badana a Felipe, a Pilar Miró, a Belloch, a Isabel Tocino...

Otro gallo cantaría

El libro De Chicho Sánchez Ferlosio es la biografía cosida a puntadas de canciones, poemas, artículos y pensamientos sueltos de un tipo incómodo para el franquismo y la transición, para la dictadura y la democracia. Trescientas páginas que alumbra al tiempo la vida de uno de los personajes menos conocidos y más inclasificables de la tradición popular, con las letras más sangrantes contra las injusticias, la imposición y las exigencias del capitalismo. "Siempre andaba mal de dinero pero nunca se vendió a nada", dice Martín Casas. Sus amigos le recuerdan cómo un ser temible e insobornable contra lo injusto, porque largaba unas letrillas al momento.

La vida de Chicho estuvo regida por una veta ética extrema. Rosa se ríe al pensar cómo se le ocurrió tirarse por el balcón de una revista que estaba en un primer piso, porque no le pagaban o aquella vez que se quedó en Cádiz para reclamar a la puerta del Ayuntamiento las 50.000 pesetas que se le debía por la actuación o cuando, aun convaleciente, fue a quejarse a una famosa clínica, con unas coplas por delante, contra su último cirujano.

En enero llegará, además, un CD, que incluye un recital en el Círculo de Bellas Artes, en 1997, y un DVD, con filmaciones y películas desde 1982, para sacar a este cantante, poeta, articulista e investigador, de la memoria de sus amigos y ponerle sobre la pista común. Porque nunca está de más saber cómo tratar a la opresión, en este caso no de un régimen dictatorial, sino de un régimen consumista.

Chicho zurró la badana a Felipe ("Ay Felipe González,/ flor de una hora,/ quién te ha visto en tu día,/ quién te ve ahora), a Pilar Miró ("No importa que concediera a una película suya la mayor subvención que se ha concedido en ese ámbito"), a Amando de Miguel ("Como es listo y está vivo/ De Miguel detecta el mal/ pero lo ve natural/ en cuanto explica el motivo"), a Belloch ("Era Juan Alberto magistrado ejemplar/ y en cosa de minutos empezó a cambiar"), a Isabel Tocino ("¿Es Lady Bacon, panceta,/ vaca loca o ibérico/ porcino? ¿Es garza real, codorniz,/ gallina clueca, estornino?/ ¿Qué es La Tocino?"), y defendió a los mineros en huelga, a Buenaventura Durruti, a los trabajadores de Sintel

El valor del personal

Chicho bajaba a desayunar al bar y a leer el periódico. Chicho tomaba nota de la actualidad, fluían las letras, rabia contenida contra la estupidez del poder. Escribió para que el pueblo cantase sus canciones sin saber que eran suyas, para que el viento no se llevara lo que escribía. Chicho juglar, divertido, irónico, animado y amargo. Coplas heladas contra la conciencia muerta y guitarra reventona para colorear el panfleto.

Chicho saliendo del coche para llamar a Alberto Pérez desde la cabina de teléfonos para contarle la estrofa con la que rematarían un fox, sobre el ruido de los pitidos por el atasco que había montado. Alberto Pérez recordando la estricta dieta veraniega de Chicho a base de polos de chocolate.

En el libro aparecen muchos lacerados, pero no perdía la esperanza de dejar de acorralar al adversario, porque quería que lo dejara de ser alguna vez. "Pero es que el adversario te acorrala constantemente".