Jueves, 27 de Noviembre de 2008

Marsé y la educación sentimental

JULIÁN RODRÍGUEZ ·27/11/2008 - 23:54h

Tengo cuarenta años. Hace veinticinco, leí por primera vez, con asombro, emoción y entusiasmo, a dos autores españoles que enseguida formaron parte de mi educación sentimental: Jaime Gil de Biedma y Juan Marsé. Al poco sabría que ambos eran amigos y que, según contaba la leyenda, Marsé terminó Últimas tardes con Teresa en La Nava de la Asunción, en la casa de recreo de Gil de Biedma. Cada enero, desde su muerte en 1990, leo algunos poemas de éste: parte de esos píos deseos al empezar el año. Y cada agosto, desde aquel lejano verano de mi adolescencia, leo a Juan Marsé.

Por decirlo con palabras de otro amigo suyo, Carlos Barral: le asocio a mis preocupaciones. Siempre lo he hecho. A mis preocupaciones como aspirante a escritor y a mis preocupaciones de clase: las del desclasado que soy ahora, la del adolescente que fui entonces (otro Pijoaparte más), quien se reconocía en el aprendiz de joyero, en el ayudante de laboratorio, en el freelancer de la escritura a destajo de anuncios, solapas o diálogos para el cine.

No lo conozco personalmente y quizá nunca llegue a conocerlo: mi admiración me ha colocado a debida distancia

 

Si te dicen que caí es una de las novelas que más veces he leído durante todos estos años. Una de las que más me ha hecho reflexionar sobre cómo narrar una historia política y necesariamente sentimental a la vez, con nuestra lengua y en este tiempo.

Cada vez que he tenido que regalar un libro durante todos estos años -he regalado, no exagero, más de cien ejemplares de Ronda del guinardó, una de las novelas más tristes y perfectas de nuestra literatura-, que recomendar un libro, que escribir un libro, he pensado en los de Marsé.

No lo conozco personalmente y quizá nunca llegue a conocerlo: mi admiración me ha colocado a debida distancia. Qué feliz me ha hecho hoy este premio.