Lunes, 24 de Noviembre de 2008

El paladín inesperado

Fernando Verdasco gana el punto decisivo tras jugar en todas las eliminatorias disputadas este año

GONZALO CABEZA ·24/11/2008 - 08:00h

EFE - Verdasco golpea de revés durante el partido de ayer.

Se habla del carácter de Fernando Verdasco porque su tenis está fuera de duda: es bueno, eso es algo difícil de negar. Hace nueve días, cumplió 19 años y su mente, en aquella fecha, ya se encontraba en Mar del Plata.

Su temporada no ha sido mala: se ha colocado entre los 15 mejores del mundo y oposita a entrar entre los diez. Pero necesitaba reivindicarse, pues cuelga sobre él el sambenito de jugador que no explota su potencial. Con un poco más de constancia, con más cabeza, sería con casi total seguridad un habitual en las últimas rondas de los torneos. Posee los golpes, ajusta a las líneas, no es mal sacador. Sabe jugar.

Pero sus números reafirman la teoría de su poco temple. Este año no ha sido capaz de ganar a ninguno de los diez mejores jugadores del mundo. No es cuestión de tenis. Su mente se bloquea al llegar el momento de la verdad. En cuatro años, sólo ha ganado dos torneos menores: Valencia, en 2004, y Umag, en 2008.

Tampoco ha logrado pasar a cuartos de final en ninguno de los cuatro grandes torneos. Siempre se queda en la cuneta cuando en su camino se cruza un topten. Y su moral se resiente.

Ahora, su carrera puede dar un giro: se ha convertido en un inesperado héroe. Como lo fue Ferrero, con 20 años, en Barcelona; como Nadal, con 18, en Sevilla, Verdasco ha resultado la pieza clave para que España levantara una Ensaladera que parecía más cara que nunca.

Aunque el tenista madrileño haya llegado a la cita con más más en la experiencia y su particular modo de tocar la gloria. Mientras Ferrero y Nadal contaban con miles de voces empujando sus bolas y amedrentando al rival, Verdasco ha tenido que ganar desde la otra trinchera. La afición argentina cargó contra él, convertido en blanco favorito de los nada cariñosos cantos de la barra brava. La hinchada argentina estaba convencida de que sus cánticos minarían al madrileño. Lo lograron por unos instantes. Después,Verdasco se sobrepuso.

De Perú a Buenos Aires

Al levantar la Ensaladera, sus compañeros tenían claro a quién le correspondía la gloria: le dejaron el trofeo para que disfrutara del momento. El partido no había sido fácil, cinco sets con preocupantes bajones en su juego durante el segundo y el tercero. Pero Verdasco fue capaz de recuperar su mejor versión. Algo similar le sucedió el sábado, en el primer set: tras fallar en el momento clave, propició la remontada con buenos golpes y gran solidez.

Verdasco ha brillado como nadie en esta Davis y su aportación ha ido mucho más allá de la final. Junto con Feliciano, es el único español que ha participado en todas las eliminatorias. Tuvo que batirse el cobre en Perú, allá por el mes de febrero, un lugar al que ningún tenista quería, pese a la importancia de la cita para llegar a la gloria que esperabaen Mar del Plata.

En Perú, ganó en el doble junto a Feliciano. En Alemania, en abril, también dejó su impronta con una victoria en el individual y otra en el doble. También formó parte del equipo que batió a Estados Unidos en Las Ventas. Aquella eliminatoria provocó una guerra con la Federación española que le pilló en medio.

Verdasco quería estar con sus compañeros, pero su relación con Pedro Tomás era mucho más cercana que la de sus compañeros. Firmó el manifiesto en contra del presidente, pero luego intentó retractarse y templar el caldeado ambiente que se había originado.

En Las Ventas, se escenificó a la perfección ese navegar entre dos aguas: fue el único que miró al presidente en la presentación de la eliminatoria y no le rehuía en cuanto aparecía. Tampoco se manifestó en su contra, como sí lo hicieron muchos de sus compañeros.Le unían demasiados años de conocimiento a Muñoz, presidente de la Federación madrileña desde que Verdasco se inició como alumno aventajado en la misma.

Ayer, por fin, se pudo desquitar de todo, de las muchas dudas, de las críticas, de los malos momentos, de los enfados federativos. Ayer le tocaba ser héroe. Inesperado.