Martes, 18 de Noviembre de 2008

Los etarras 'Txeroki' y Leire López son trasladados en avión de Bayona a París

Está previsto que los etarras comparezcan ante el tribunal de la capital francesa encargado de asuntos de terrorismo

ÓSCAR LÓPEZ-FONSECA ·18/11/2008 - 11:00h

El presunto jefe de comandos de ETA Mikel Garikoitz Aspiazu, Txeroki y la etarra Leire López Zurutuza, detenidos la pasada madrugada en el suroeste de Francia, ya vuelan hacia París desde la comisaría de Bayona.

Está previsto que los detenidos comparezcan ante el tribunal de la capital francesa encargado de asuntos de terrorismo.

La detención de los dos presuntos etarras se llevó a cabo por orden de la juez parisina Laurence Le Vert, especializada en sumarios de ETA en Francia.

Le Vert es la juez responsable del sumario abierto sobre el atentado en Capbreton, que costó la vida a dos guardias civiles en esa localidad del suroeste de Francia, el 1 de diciembre de 2007 y en el que Txeroki reconoció haber participado, según las autoridades españolas.

Según ha explicado la ministra francesa del Interior, Michèle Alliot-Marie, "va a haber primero un cierto número de operaciones que van a ser llevadas a cabo aquí —en Francia— y luego muy probablemente será entregado a la Justicia española", declaró ayer. 

Faltaba Txeroki

Habían caído los cuatro integrantes del comando a los que él encargó dinamitar el proceso de paz con un coche bomba en la T4 de Barajas. Había sido detenido también Francisco Javier López Peña, Thierry, su jefe directo, el mismo que impuso en la dirección de ETA la línea dura en los contactos con el Gobierno y, por tanto, la ruptura del “alto el fuego permanente”.

'Txeroki' se había convertido en “el principal objetivo” de las Fuerzas de Seguridad

Pero faltaba él, Txeroki, el máximo responsable del aparato militar , el que ordenó directamente cometer el atentado de Barajas. El joven etarra –35 años–, que desde hace casi cinco controlaba los comandos de ETA, se había convertido en “el principal objetivo” de las Fuerzas de Seguridad, según recalcó en rueda de prensa el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Este lunes, de madrugada, la Policía gala, en colaboración con la Guardia Civil, puso fin a esta caza.

Placas "imposibles"

Dos fueron las pistas que llevaron a la Guardia Civil y a la Policía francesa hasta Garikoitz Aspizu y su compañera, según confirmaron a Público diversas fuentes policiales.

El propio ministro del Interior detallaba en rueda de prensa una de ellas: la matrícula falsa “evidentemente imposible” que los etarras habían colocado a un vehículo Peugeot 207 robado hace algunas semanas con el que el jefe etarra y su compañera utilizaban para desplazarse en los últimos días. Un error tan simple como colocar una placa correspondiente a un coche antiguo en uno nuevo.

“No es que fueran falsas sino que no podían existir, correspondían a otro tiempo”, señaló Rubalcaba, que recalcó que este tipo de errores “da buena cuenta de la situación por la que atraviesa ETA”.

Sobre la segunda, el rastro dejado por el jefe etarra en internet, el ministro se limitó a apuntarla que “para nadie es un secreto que ETA usa los cibercafés, y que las Fuerzas de Seguridad lo saben y lo utilizan” en sus investigaciones. Según fuentes de la lucha antiterrorista, la Guardia Civil, con la colaboración del CNI, consiguió localizar dos cuentas de correo electrónico que supuestamente utilizaba Txeroki para dar instrucciones a los comandos. A través de ellas, según estas fuentes, los agentes pudieron centrar la zona de Francia desde la que el joven etarra se conectaba a la red para ponerse en contacto con sus subordinados.

Otras fuentes consultadas por este diario eran más precisas y señalaban que la localización en internet del jefe etarra fue posible después de que los servicios de información identificasen el nick –nombre en clave– que utilizaba en determinados foros para dar instrucciones a los comandos. De nuevo, fue clave localización de los lugares desde donde se conectaba a la red el etarra.

Los dos terroristas habían alquilado la vivienda donde fueron detenidos, en la calle Richelieu, de Cauteres, una localidad de turismo invernal, el pasado jueves 13 de noviembre y habían comunicado a su propietaria su intención de permanecer en ella una semana. Al parecer, los dos etarras preguntaron en una cafetería del pueblo donde podían alquilar un apartamento, y fue la dueña de ésta la que les ofreció uno de sus alojamientos.

Obsesión de Txeroki

Cuando la Policía entró en la vivienda a las 3.20 horas, los dos etarras se encontraban durmiendo y no pudieron oponer resistencia. En el registro de la misma, que duró cerca de doce horas, los agentes se incautaron de dos pistolas, otros tantos ordenadores, varios manuales de los utilizados por la banda para adiestrar a sus militantes y media docena pendrives, pequeñas memorias informáticas.

Rubalcaba añadió que también había documentación falsa española, francesa y británica, más de 3.000 euros y una peluca que Txeroki utilizaba para ocultar su identidad. De hecho, según fuentes de Interior, el etarra llevaba el pelo rapado. “Estaba obsesionado por su seguridad y cambiaba constantemente de aspecto para dificultar su detención”, destaca un alto responsable de la lucha antiterrorista.

Este lunes, tanto el ministro del Interior como José Luis Rodríguez Zapatero pusieron en valor la detención, calificándola de “extraordinaria importancia”.

El ministro del Interior habló de Txeroki como “el responsable de todos los comandos y quien ordenaba todos los atentados” poco antes de recordar que el detenido estaba también presuntamente implicado, en este caso como autor material, en el asesinato del juez Lidon, en el atentado que mutiló al dirigente socialista Eduardo Madina y el asesinato de dos guardias civiles en la localidad vascofrancesa de Capbreton.

Crimen, este último, del que el etarra presumió ante los integrantes del comando Nafarroa cuando los adiestraba.

Rubalcaba no descartó que ETA intente ahora una respuesta, como hizo con el coche bomba que estalló en Pamplona el pasado 30 de octubre, sólo 48 horas después de la caída del comando Nafarroa.

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