Archivo de Público
Jueves, 15 de Noviembre de 2007

El tren de babel

Lenguas del todo el mundo se hablan en las obras del AVE, donde la mayoría de trabajadores son extranjeros

GUSTAVO FRANCO ·15/11/2007 - 18:17h

El peruano Lúmber Hernández trabaja con una bomba de inyección de cemento en las obras del AVE. /MANU FERNÁNDEZ

Container, batea, cesta, bañera... todos los días aprendo palabras nuevas para un mismo objeto. Nos entendemos como podemos, sobre la marcha", cuenta Leonardo, mientras se ajusta el casco y vuelve a las obras del puente sobre la Calle de la Riera Blanca, en L'Hospitalet. Experiencia no le falta a este ecuatoriano que lleva tres años en la construcción del AVE. Pero como traductor espontáneo, aún le falta mucha destreza.

Muchos trabajadores de este proyecto son extranjeros. Pero en este tren de Babel las diferentes lenguas no son un castigo, como en el relato bíblico, más bien un reto. Las subcontratas conforman entre sus obreros equipos de entre 10 y 20 personas, que al menos en un 60% suelen ser de otros países, según los mismos jornaleros. Y aún más en el de Leonardo, "donde no hay ni un español, porque ellos son los encargados".Cuando alguno tiene dificultad para una tarea "te asignan el turno de la noche, cuando la faena es menos complicada", explica un operario de origen dominicano, a quien ya le han advertido que no debe "dar informaciones a la prensa". No cree que el idioma represente un problema, aunque reconoce que ocurren contratiempos. Como el de un compañero marroquí con el que hablaba poco antes. "Se pasó todo el día haciendo lo contrario de lo que debía hacer. Los que no entienden el castellano tienen que espabilarse, no hay otra forma".

Por antigüedad, idioma o mayoría, es común encontrar cuadrillas comandadas por latinoamericanos. La del ecuatoriano Kleyer Linzan es una de ellas, como oficial de primera con 20 hombres a cargo. Después de cinco años con la constructora Geocisa, le dieron de alta con un contrato fijo. Durante ese tiempo, su relación laboral dependía de cada obra. Jamás pensó mucho en esta temporalidad porque siempre llegó a fin de mes.Junto a Kleyer está Lúmber Hernández, encargado de controlar una inyectora de cemento. "Es una responsabilidad y riesgo, porque si revientan los tubos de esta máquina pueden matarte", asegura el peruano, quien fue adiestrado por técnicos italianos para esta tarea.

"Los nuevos inmigrantes son de Pakistán, Irán, Afganistán... ellos hacen el trabajo sucio y por lo general laboran para empresas pistola (subcontratas)". En su sitio, un terreno en la Calle de la Riera Blanca, a pocos metros del puente por donde circulan a diario cientos de trenes de metro, Cercanías y larga distancia de Renfe, con frecuencia se acercan a él personas de nacionalidades diversas preguntando por plazas de trabajo. "No puedo asegurar si lo consiguen o no, incluso es gente desempleada con papeles".

Muerte de un compañero

Así como llegan nuevos trabajadores, también se van otros. La faena se agrió cuando murió un obrero portugués el 15 de octubre. Entonces acudió el personal de la Inspección de Trabajo y los periodistas para averiguar más sobre el accidente. "Al día siguiente echaron a tres compañeros por hablar con la prensa. Hay mucha presión por parte de los políticos", dice otro peón dominicano. Luego se fueron las cámaras y los inspectores, pero "las condiciones más duras están en el túnel".El tren de Babel se abre camino a su manera para llegar hasta Barcelona. Para sortear las diferencias lingüísticas, un trío de chinos, por ejemplo, son asignados a una tarea específica. Deben adosar unas baldosas en el vestíbulo de la estación de Sants y la fluida comunicación entre ellos, se limita a monosílabos con Jaume, trabajador catalán que coordina su labor. "Son muy perfeccionistas, pero muy a su bola entre ellos. Mejor no le tomes fotos, puede que no les guste".

Chinos meticulosos, negros robustos, pakistaníes astutos... hay grupos de inmigrantes que se especializan y crean tendencias. Los europeos del Este destacan como soldadores por sus conocimientos de mecánica, los africanos con los encofrados por la fuerza que requiere, los pakistaníes con el pladur por la supuesta escasa fatiga que implica. Como Gondal Nazir Ahmed, un subcontratista de Dragados en la estación de Sants, que explica sus razones. "En mi empresa hay más de 50 trabajadores y sólo la secretaria es española. Además de Pakistán, también vienen de países como India, Marruecos o Túnez, simplemente porque son conocidos o tenemos amigos en común, además de la facilidad de hablar el mismo idioma", señala el emprendedor pakistaní. Afirma que no tendría ningún problema si tuviera que contratar personal español o latinoamericano.

Cleyer y Lúmber ya están acostumbrados al trabajo. No es la primera vez que construyen un tren de Babel. También lo hicieron en el TGV francés, en el tramo de Pertús. "Eso fue más duro porque había ocho kilómetros de túnel. También allá la mayoría eran inmigrantes, diría que un 80%".

Noticias Relacionadas