Lunes, 10 de Noviembre de 2008

Los invernaderos se unen a la lucha contra el calentamiento

Un estudio asegura que la temperatura ha descendido en Almería al reflejar el plástico buena parte de la radiación solar

MIGUEL ÁNGEL CRIADO ·10/11/2008 - 22:30h

Vista aérea de una zona de El Ejido (Almería) poblada de invernaderos. PEDRO ARMESTRE

Los pueblos mediterráneos siempre han pintado sus casas de blanco para mantenerlas frescas. Es lo que los científicos conocen como efecto albedo, la capacidad que tiene una determinada superficie de reflejar parte de la radiación solar. Gracias a este fenómeno, los casquetes polares ayudan a mantener la temperatura del planeta. Ahora, un estudio lanza la idea de que los invernaderos de Almería están combatiendo el calentamiento en la zona.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Almería, dirigidos por el profesor Pablo Campra, ha comprobado cómo esta zona del país ha registrado una bajada neta de las temperaturas en los últimos 25 años frente a la subida sufrida en las provincias limítrofes y, en general, el hemisferio norte. El estudio señala a las 26.000 hectáreas de invernaderos como la causa.

Los autores analizaron la evolución de la temperatura recogida por seis estaciones meteorológicas. Dos están situadas en el corazón del mar de plástico. Una tercera, en el aeropuerto de Almería (lugar relativamente libre de invernaderos alrededor). Las tres restantes están en los aeródromos de Málaga, Granada y Murcia. En estas zonas, se confirma el calentamiento global, con una subida de 0,5º centígrados por década desde 1984. Sin embargo, el observatorio de Almería registra un estancamiento de la temperatura desde 1989. Aún más, las dos estaciones de la zona de Poniente (la mayor concentración de invernaderos del mundo) han recogido un enfriamiento de -0,3º por década.

Hasta aquí los datos. La segunda parte del estudio quiere demostrar que el enfriamiento está provocado por el reflejo de la luz solar al espacio por parte de la cubierta de los invernaderos.

Con los datos aportados por imágenes tomadas por el satélite Terra de la NASA, los investigadores han calculado que cada una de las casi 30.000 hectáreas de invernaderos refleja al espacio una potencia media anual de 580.000 watios (58 W/m2), con picos de un millón en verano. Para hacerse una idea, a escala global, el efecto protector de las nubes es sólo de 20 W/m2.

Dogma de fe contra el plástico

Cuando el trabajo se publicó en un reciente número del Journal of Geophysical Research muchos se llevaron las manos a la cabeza, incluidos algunos colegas universitarios de Campra. "La gente de las ciencias ambientales tiene como dogma de fe una imagen negativa de los invernaderos. Para ellos, que tengan algún beneficio medioambiental es imposible", dice el autor del estudio. "Mientras no se presente otra hipótesis, el hecho es que la temperatura ha bajado", añade.

Campra está empeñado en desmontar esos prejuicios. Así, al efecto protector del albedo suma el de la captación de CO2. Según sus datos, cada hectárea de cultivo bajo plástico captura 10 toneladas, el equivalente a lo que emiten cuatro coches al año. Además, tienen otro efecto beneficioso indirecto. La concentración de la producción en una zona tan pequeña (el 3% de la superficie provincial) ha aliviado la presión demográfica y agrícola sobre el resto del territorio. "El matorral mediterráneo, un gran sumidero de CO2, se está recuperando", explica.

Científicos quieren un mundo de color blanco

En una reciente conferencia sobre el cambio climático, un equipo de científicos del Laboratorio Nacional Lawrence de Berkeley (California, EEUU) lanzó una original idea como forma de combatir el calentamiento del planeta: pintar los tejados de blanco.La sugerencia era, en realidad, un estudio en profundidad sobre diferentes formas de equilibrar la temperatura del planeta. Para compensar el calentamiento provocado por las emisiones, principalmente de CO2, proponían blanquear los tejados de casas y edificios, usar materiales fríos para el pavimento (el alquitrán o el cemento absorben mucha radiación solar) y poblar las avenidas de frondosos árboles.

Además de ahorrar energía y mejorar la calidad del aire, se aumentaría el efecto albedo, reflejando una gran cantidad de watios al espacio. Esto podría evitar la emisión de 44.000 toneladas de CO2 al año.