Lunes, 10 de Noviembre de 2008

Los jóvenes no son rentables

Los (otros) invisibles. Una industria editorial conservadora y afectada por la crisis económica se cierra a los escritores nacidos en la década de los ochenta. Los autores de veintitantos lo tienen claro: "Vamos a jubilar a la generación Nocilla"

PAULA CORROTO ·10/11/2008 - 09:00h

Paula Cifuentes es la abanderada de esta generación de veintitantos.

Se les llamó JASP y estaban por todas partes. Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados. No había lugar a ningún tipo de discusión más. En los noventa uno tenía veinte años y podía ser dios. La industria editorial confiaba en ti. Ser joven era un valor per se.

Los nombres aún resuenan en la cabeza de todos: José Ángel Mañas y su Historias del Kronen, novela con la que fue finalista del Nadal a los 23 años (1994); Ray Loriga, que publicó Lo peor de todo a los 25 (1992); o Lucía Etxebarría y Espido Freire, la primera, ganadora del Nadal con Lucía y los cuerpos celestes, a los 29 años (1998), y la segunda, premiada con el Planeta a los 25 años por Melocotones helados (1999).Pero, ¿dónde están ahora los escritores veinteañeros (nacidos entre 1980-1985)?

Prácticamente, ninguno ha entrado en los catálogos de las editoriales. Ni de las grandes, ni tan siquiera de las pequeñas, con alguna excepción como 451, El Gaviero o Caballo de Troya. Tras varias consultas en el mundo editorial, la conclusión es evidente: los jóvenes hoy no son rentables. Mucho más con la que está cayendo. "Desde luego, ahora no es el momento para invertir en los jóvenes.

Por otro lado, en España nunca ha habido mucho interés por publicar nuevos autores", constata Constantino Bértolo, editor de Caballo de Troya y descubridor de Ray Loriga. La industria editorial niega que les esté afectando la crisis, pero como admite José María Gala, director de la Fundación Antonio Gala, "la tendencia es no apostar por lo desconocido". Nadie quiere jugársela. ¿Por qué no? ¿Por qué esta vez se guarda la ropa y antes el dinero parecía salir de debajo de las piedras?.

"Aunque recordemos algunos nombres, la gran mayoría de los jóvenes de aquella época no cuajó. Costó mucho hacerles ver y creo que no han dado los resultados esperados. Por eso ahora las editoriales preferimos ir por otro lado y reeditar a los clásicos", reconoce Enrique Redel, editor de Impedimenta, una editorial que no tiene en su catálogo a un sólo autor español y, mucho menos, joven.

Una década de ebullición

José Ángel Mañas, quizá uno de los impulsores de la segunda movida tras la publicación de su Kronen, es consciente de que vivió un momento privilegiado. "Es evidente que fueron unos años especiales. Se obligó a todo el mundo a buscar al joven escritor, al joven músico y al joven director de cine", señala. No sólo en literatura reinaron los veinteañeros. Ahí están los nombres de Australian Blonde, El inquilino comunista o Los Planetas, en música, o Daniel Carpalsoro y Juanma Bajo Ulloa, en cine.

Los jóvenes tenían el beneplácito de la industria. Papá y mamá habían dejado de ser padres para convertirse en los colegas de sus hijos. Esto deviene en una palabra: ha aumentado el conservadurismo. Se va a lo seguro. En las editoriales, pero también en los medios de comunicación. Xavi Azpeitia, ex Lengua de Trapo -otra editorial que dio a conocer a nuevos nombres como José Machado- y editor ahora de 451 sabe bien de lo que habla: "La reedición de clásicos es una tarea bastante más tranquilizadora que implicarse en alguien nuevo, sobre todo, porque los medios no te suelen dar nada de espacio. No hay más que ver ahora que las páginas de cultura están llenas de cine. Es lo que da el dinero de la publicidad".

Bértolo también se muestra tajante: "El riesgo de los suplementos literarios es mínimo. Sólo se habla de extranjeros consolidadísimos". De ahí que hasta las editoriales más pequeñas e independientes tampoco estén explorando en lo emergente. Otra causa que señala que hoy apenas se conozcan los nombres de Paula Cifuentes, Elena Medel, María Zaragoza o Juan Gómez Bárcena -todos nacidos entre 1980-1985 y con algún premio y novela a sus espaldas- se enlaza más con una cuestión de estilo literario.

La literatura de los noventa fue muy social, muy a pie de calle; urbanita y con símbolos muy reconocibles por los lectores. La que escriben los veinteañeros de hoy es más experimental, más abstracta, menos realista. Y, por supuesto, como señala Cifuentes, "mucho más difícil de vender".

Al final, el dinero se lleva la partida.Entonces, ¿de dónde sale todo el fervor de la Generación Nocilla? Las editoriales han apostado en los últimos años por un grupo de escritores comandados por Agustín Fernández Mallo (Nocilla dream) que tiene alrededor de los 40 y que han hecho una apuesta por una literatura que rompe con lo tradicional. Para los veinteañeros, la cuestión es que Mallo y acólitos no son realmente la joven generación, sino un síntoma de la infantilización de la sociedad. "Con 40 años uno no es emergente", afirma Paula Cifuentes.

"Quizá no hay que darle muchas vueltas y simplemente es que no hay autores jóvenes buenos", admite Luis Solano, editor de Libros del Asteroide. Bértolo también opina que "es un momento en el que hay muchos con ganas de escribir, pero nadie parece tener nada que decir". Aún así, hay cierto optimismo. Al final, el Mesías de los ochenta, llegará.