Lunes, 10 de Noviembre de 2008

"Es inevitable que la inmigración a España continúe"

Alejandro Portes, sociólogo. Aboga por buscar acuerdos con los países emisores para regular la llegada de extranjeros

P. GONZÁLEZ ·10/11/2008 - 08:00h

Público - Alejandro Portes, profesor de Princeton y experto en migraciones.

España seguirá recibiendo importantes flujos de inmigrantes extranjeros, porque necesita mano de obra para cubrir puestos de trabajo que los nacionales rechazan. Así lo sostiene uno de los mayores expertos del mundo en migraciones, el sociólogo cubano-estadounidense Alejandro Portes, profesor de la Universidad de Princeton, donde dio clases el actual presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke. El profesor Portes, que ha participado en Madrid en una conferencia en la Fundación Ramón Areces, defiende una llegada de trabajadores extranjeros ordenada y regular, que permita también beneficiarse a los países de origen.

¿Estamos viviendo la etapa de las grandes migraciones?

Hay diversos tipos de migraciones. Está la del ocio, que no es un problema; también está la de profesionales, que tampoco da guerra. La migración laboral, de bajo capital humano, y, sobre todo, aquella que viene indocumentada, es la que genera toda la preocupación. Pero no hay que exagerar: en un mundo de 6.000 mil millones de habitantes, existen 200 millones de emigrantes. No es ninguna inmigración masiva...

"Un contrato de integración puede llegar a ser contraproducente"

Tras la intensa llegada de inmigrantes en los últimos años, hay quien dice que los extranjeros pueden suponer un lastre o colapsar los servicios públicos.

Es parte de la herencia del Estado de bienestar, del compromiso del país receptor de respetar los derechos humanos. Eso genera problemas u hostilidad de la población nativa. Hay que ver cómo es posible regular los flujos migratorios para que cumplan un papel para la economía, y, al mismo, tiempo, no desborden la capacidad de absorción de los servicios públicos. En España existe necesidad de mano de obra extranjera. Y el país se ha beneficiado económicamente de la llegada de esta población. El balance es claramente positivo: Las contribuciones de las migraciones son más positivas que sus costes.

¿Cómo se puede ordenar la inmigración?

Hay que crear programas con los países emisores que lleven a una regulación de los flujos cíclicos. La migración laboral cíclica es buena para el país receptor, porque las personas van y vienen, y no tienen el problema de la familia y otras cargas. Y es buena para el país emisor, porque las migraciones permanentes llevan al despoblamiento. Lo importante es llegar a acuerdos bilaterales que permitan una regulación de los flujos, creando incentivos para que los emigrantes regresen..

¿Y qué se puede hacer para regular estos flujos?

Los países emisores, por ser países subdesarrollados, a menudo tienen gobiernos muy malos; y es difícil trabajar con ellos. Pero hay posibilidades de llegar a acuerdos, que incluyan la construcción de escuelas, de infraestructuras, de elementos para el desarrollo, que supongan incentivos para volver. En general, el emigrante vuelve si hay algo, si hay donde invertir los ahorros, si hay posibilidades de montar una empresas, de comprar casa y de mantenerse. Donde no hay nada, es difícil volver.

Algunos expertos creen que los procesos migratorios en EEUU ya se han terminado. ¿Ha cambiado la tendencia?

Creo que es coyuntural. Una vez que vuelva el crecimiento económico, no habrá en Europa ni en EEUU suficientes manos, ni suficiente disposición de la población autóctona para llenar una serie de puestos. Por eso, no se puede sostener la idea de que los emigrantes desplazan a los nativos. Sí y no. Hay algunos sectores en que hay desplazamiento, como en tareas de la construcción bien pagadas. Pero hay otros en los que no se encuentra mano de obra local. Lo que hay que hacer es poner cierto orden a un proceso social que es bastante complejo.

No obstante, ¿tras la crisis se producirá un ajuste y se moderará la inmigración hacia España?

En tanto en cuanto es parte de Europa y del mundo desarrollado, es inevitable que continúen los flujos migratorios. Y, a menudo, es necesario. El país hubiera perdido población si no hubieran llegado extranjeros; habría envejecido, como le está pasando a Japón. Nutrirse tanto de flujos cíclicos, como también permanentes, es importante. Insisto en que la clave es cómo se regulan, y eso debe hacerse a través del bilateralismo, no controlando las fronteras.

Algunos países, como Francia, han planteado exigir a los inmigrantes contratos de integración. ¿Cree que sirven a algo?

Es un requerimiento muy francés, que puede ser muy problemático. Este tipo de contrato no necesariamente logra el objetivo que persigue, y, a menudo, puede ser contraproducente. Al abordar la inmigración permanente, hay tres modelos. Uno es el francés, de asimilación dura: para el Estado sólo existen franceses o inmigrantes, y no hay nada más en medio.

Este modelo es contraproducente, porque esa posición oficial se contradice con el hecho de que la propia sociedad no trata a los inmigrantes como un grupo aparte. En el otro extremo está el modelo multicultural, en el que el Estado mismo apoya la persistencia de la cultura extranjera bajo el principio de que todas tienen el mismo derecho.

El problema de este modelo, como lo ha visto Holanda, es que tiende a crear una gran fragmentación. El tercer modelo, que ocurrió en Norteamérica con la emigración europea anterior, es el de la asimilación suave. Es, básicamente, un dejar hacer. Después se produce un proceso de integración natural. Todos los grandes grupos de inmigrantes en EEUU, los italianos, los irlandeses, los polacos, pasaron por este proceso: crearon organizaciones para mantener la lengua y las costumbres, construyeron sus propias iglesias; y se les dejó, siempre que pagaran los impuestos y cumplieran la ley. Esta integración es más natural. Porque los hijos se resisten a la exigencia de los padres de preservar su cultura cuando la sociedad no les está metiendo presión. Cuando es el Estado el que presiona, se produce un efecto de reacción activa.

Las remesas no crecen ahora como antes. ¿Es por la crisis?.

Los emigrantes continúan remitiendo dinero a sus países. Pero ahí también está la diferencia entre la inmigración cíclica y la permanente: cuando es permanente, y traen a sus familias, los inmigrantes tienen menos motivos para enviar dinero. Eso no le conviene al país emisor, y es una de las razones por las que los flujos cíclicos les resultan más convenientes.