Viernes, 7 de Noviembre de 2008

España detiene en 2008 un 20% más de fugitivos internacionales

Interior y Reino Unido colaborarán en la captura de delincuentes en la Costa Blanca

 

ALBERT MARTÍN VIDAL ·07/11/2008 - 08:00h

ALBERT GEA - Tablón del despacho del UDYCO, en Barcelona.

Eran sólo cuatro turistas italianos asombrados en el Parque Güell. Paseaban, reían, charlaban y lo fotografiaban todo. Nunca supieron que una quincena de agentes del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) de paisano seguía todos sus movimientos. La invisible procesión siguió al grupo durante varios días. Y lo hacían porque entre ellos estaba la hija de Mario Santafede, uno de los capos de la Camorra más buscados de Italia, huido de la justicia y condenado a 13 años. Ese sigiloso dispositivo prueba la especialización de las fuerzas policiales españolas ante el aumento de delincuentes que huyen a España. En lo que va de año, más de 1.100 huidos de la justicia han sido detenidos en España, tantos como en todo 2007. Este año, asimismo, 200 fugitivos de la justicia española han caído en el extranjero.

Llegan atraídos por el sol, la calidad de vida y el gran número de extranjeros que hay en España, que les ayuda a pasar desapercibidos. "Se esconden en el arco mediterráneo de Algeciras a Portbou", explica Jordi Vila, inspector de la Unidad de Cooperación Interpolicial de los Mossos dEsquadra.

«El fugitivo lucha contra su pasado, se le atrapa porque al final vuelve a él»

Un delito globalizado

La búsqueda y detención de estos huidos de la justicia requiere la colaboración entre fuerzas policiales y suele propiciarse por una orden internacional de detención. "Hacemos frente a la globalización del delito: si una persona vive en Barcelona, atraca un banco en Francia y se refugia en Italia, los tres países deben cooperar para detenerla", añade Vila.

El volumen de trabajo ha aumentado tanto en los últimos años, que en 2005 el CNP creó su grupo de Localización de Fugitivos. Desde entonces ha atrapado a más de 700 delincuentes. En estrecha colaboración con este cuerpo trabaja la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) del Grupo VI, porque muchos fugitivos están relacionados con el narcotráfico.

Hasta octubre fueron detenidos 1.100 huidos, como en todo 2007

"Perseguimos a profesionales, gente con experiencia, que tiene asesores y abogados", explica el inspector de este grupo. Una decena de agentes comienza a investigar con las fuentes de información públicas y coteja datos a menudo caducados. Se rastrea a todo el que pudiera relacionarse con el detenido y si se determina con fiabilidad su ubicación, se prepara un dispositivo.

En algunos casos, el operativo se activa por un chivatazo. "Dentro de una organización, la caída de uno favorece a otro", admite este inspector, rodeado en su despacho de fotografías de sus próximos objetivos y de delincuentes ya detenidos. Estas informaciones suelen ser de última hora: "Hace poco nos llegó el soplo de que un árabe estaba en un ayuntamiento haciendo un trámite. Si el papeleo hubiera sido rápido, no lo cogemos".

No obstante, las delaciones no siempre son precisas. "A menudo nos dicen que un delincuente vive en la calle Carrer [calle, en catalán]. Entonces, sabemos que va a ser duro", ironiza este mando. Así ocurrió con otro capo, Ippolito Magnoli. Vivía en la calle Carrer de Vilanova i la Geltrú, cerca de una escuela. No hubo suerte hasta que trascendió un dato: jugaba a la petanca. Tras un seguimiento de ancianos ociosos, el mafioso cayó en Cubelles.

Perfil psicológico

Una de las claves del trabajo es el perfil psicológico de los huidos. "Sabíamos que Santafede vería a su hija porque de niño no conoció a su padre", dice el inspector. "El fugitivo lucha contra sus instintos y por eso se le atrapa. Luchan contra su pasado, pero al final vuelven a él", dice. En efecto, Santafede cayó porque vio a su hija. En su detención participaron fisonomistas, porque los huidos cambian de aspecto e incluso se someten a operaciones de cirugía plástica.

No siempre las detenciones son tan limpias: en uno de los mayores golpes del CNP, cinco mafiosos italianos cayeron en un restaurante: "Hubo aplausos, una señora tuvo un ataque de histeria y los camareros preguntaban si podían seguir".

En la detención, muchos se sienten aliviados: "Notas que les quitas un peso de encima. Y es entonces cuando revelan su personalidad, piden cosas, como cambiarse de ropa, ponerse lentillas o ir a comer por última vez a un buen restaurante".