Miércoles, 5 de Noviembre de 2008

La cuenta atrás de una era nefasta

MARCOS SCHWARTZ ·05/11/2008 - 08:38h

Calificar de “histórico” un acontecimiento podrá parecer a algunos un lugar común, por la utilización abusiva que se suele hacer de la expresión. Sin embargo, resulta difícil encontrar otro adjetivo para describir las elecciones que se celebraron ayer en Estados Unidos.

No sólo porque en ellas se decidía si al frente del país más poderoso de la Tierra iban a estar, por primera vez, un afroamericano o un aspirante republicano que llevaba como número dos a una mujer.

También fueron históricos los comicios porque, con ellos, comenzaba la cuenta atrás de una de las presidencias más nefastas que ha tenido EEUU en los últimos tiempos. George W. Bush permanecerá hasta enero en la Casa Blanca. Aún podrá actuar de anfitrión en la cumbre financiera internacional del 14 y 15 de noviembre.

Sin embargo, todas las miradas estarán a partir de hoy puestas en su sucesor de quien se espera, en el peor de los casos, que nunca lo haga peor que el líder que embarcó al mundo en una desquiciada guerra contra el terrorismo, que invadió ilegalmente Irak, que autorizó Guantánamo, que recortó las libertades en su país con el pretexto de la amenaza exterior, que intentó la privatización parcial de las pensiones, que torpedeó la lucha contra el cambio climático, que defendió un orden económico despiadado y decrépito...

En abril pasado, una encuesta informal realizada por la universidad George Mason entre 109 historiadores arrojó que el 61% de los sondeados consideraba a Bush el peor presidente en la historia de EEUU. Cada vez son más los ciudadanos estadounidenses y del resto del mundo que comparten esa percepción. No sorprende que el aún presidente haya caído a los niveles más bajos de popularidad desde los tiempos de Richard Nixon, que tuvo que dimitir en 1973 como consecuencia del escándalo Watergate. Tampoco causa asombro que Allan Greenspan, el hasta hace poco jefe de la Reserva Federal, descubra ahora que aquello de las armas de destrucción masiva de Irak, eran cuentos chinos, meros pretextos para invadir un país rico en petróleo, con la ayuda de obedientes acólitos como Aznar y Blair.

Termina, felizmente, la era Bush. Y eso constituye, sin duda, un hecho histórico.

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