Miércoles, 5 de Noviembre de 2008

"Lo ha logrado. El tío lo ha conseguido"

MAGDA BANDERA ·05/11/2008 - 02:39h

TANNEN MAURY/EFE - Seguidores del candidato presidencial demócrata, Barak Obama, se preparan para el discurso que dará en Chicago.

Como vendedores ambulantes de paraguas, el parque se ha llenado de gorras donde se lee "president of the United States. Obama". Una cuesta diez dólares, por quince te dan dos. El puente sobre el rio esta colapsado de coches en dirección a grant park. La policia pone orden. Dos adolescentes negros euforicos chillan "lo ha logrado. El tío lo ha conseguido".

Horas antes, mientras se realizaba el recuento, en la sede de la ONG creada por el reverendo Jesse Jackson en Hyde Park, el barrio de Chicago de Obama, no todos lo tenían tan claro. 

"Yes, we can"

Los resultados avanzan en positivo y vuelven a encender las dos pantallas instaladas en la iglesia a ambos lados del púlpito. "Podemos ganar por goleada", dice sin dar apenas crédito uno de los cocineros. El sonido esta altísimo, demasiados altavoces. A pesar de todo, una vecina se ha quedado dormida. Las caras siguen tensas y atentas a la CNN, casi nadie charla. Cuando aparecen los porcentajes de Georgia -60% para McCain- se oyen silbidos.

Los seguidores de Jesse Jackson aprovechan los anuncios de la CNN para usar sus propios micrófonos. Un nuevo feligrés recuerda el sueño de Martin Luther King y anuncia la actuación de un grupo de jóvenes que desatan la euforia con su hip-hop en honor a King

 Todos los feligreses gritan "Yes, we can". Jackson aún no ha aparecido. Mientras tanto, una mujer coge el micrófono y se deja de remilgos: "Estoy tan feliz. Sí, vamos a tener un presidente negro". A continuación, entra el primer blanco de la noche en la iglesia de Jackson. Es un cura. 

Ilona dice que está al límite: "Nerviosa, sudando...". Su hermano, el reverendo Tony C. Evans, acaba de llegar al templo, directo desde New Jersey. "He votado esta mañana a las seis y media de la mañana. Todo el día en danza, pero he cogido el coche y me he venido. Hoy tenia que estar aquí"

"Vamos a celebrarlo por muchas razones"

Aga, un taxista de 25 años hijo de emigrantes iraníes, anda como loco buscando un lugar para aparcar el taxi. Ha quedado con sus amigos cerca del Grant Park de Chicago a las nueve. "Vamos a celebrarlo por muchas razones". Él, además, tiene una razón que raramente comenta. Es un chiíta que espera que Obama "hable antes de disparar". "Con McCain, que es igual que Bush, tendríamos una nueva guerra antes de cuatro años". 

Un nuevo y tenso silencio se hace entre la multitud cuando la pantalla anuncia 135 votos para McCain y 207 para Obama. De golpe, llueve un aluvión de abucheos cuando se confirma la victoria del republicano en Mississippi. 

Dos jóvenes, animados por los resultados, salen corriendo hacia el Grant Park para unirse a la fiesta. Más cautos, dos seguidores de unos 50 años, sacan un bolígrafo y empiezan a hacer sumas. En estos momentos, ninguno de los dos recuerda cuántos votos tiene California. "Y eso es fundamental. En el sur ya sabíamos que no iban a votar a Obama, pero por suerte tienen pocos representantes".  

"Yes, we did"

En la entrada al loop, el barrio de los grandes rascacielos y los negocios, la situación se repite. Apenas si circulan coches ni peatones. La gente que no se ha atrevido a acercarse hasta Grant Park sigue las noticias desde los bares. A través de las cristaleras, se ven las televisiones. Todas muestran mapas de EEUU. "Todo Chicago ha votado a Obama. También los republicanos", dice un vecino.

"Vamos a tener un presidente inteligente"

"Ha ganado! Ha ganado!" Empiezan a aparecer coches. Suenan las bocinas. Gritos de alegría. La gente se saluda. Bajan las ventanillas para conversar. Chicago vive en directo el cambio de la Historia. 

Es fácil distinguir a los pocos republicanos que están en la calle. Son los únicos que están quietos con la cara larga. El resto corre hacia Grant Park y chilla el nombre de Obama. "Yes, we can", aquí y allá. Se saludan, chocan manos con los desconocidos. Una afroamericana de unos veinte años grita "somos libres".

"Se acabó Bush, se acabó. Y encima vamos a tener un presidente inteligente", grita una joven desde su descapotable. Y ya no sigue hablando, necesita chillar el nombre de Obama. La tercera ciudad de EE.UU se ha convertido en un delirio colectivo.

Dos adoslecentes pasean una pancarta improvisada "young blacks for obama". Apenas hablan. No se lo acaban de creer. Y ya han llegado a las calles las camisetas con el nombre del nuevo "comandante en jefe". Las banderitas van a un dólar. 

Mientras el presidente está dando su primer discurso, desde la multitud una voz grita en castellano "te quiero mucho".

Tras su "change" ha llegado para América el alarido en el parque es general. Una mujer con cara de agotada tras varios días de maratón final de campaña dice que "su victoria tiene que servir para unir a blancos y negros".

Cada vez que el presidente dice "yes, we can", y lo dice a menudo, sus seguidores concentrados en el parque aplauden totalmente seducidos.

The end

Acaba el discurso. La gente empieza a caminar.  Miles y miles. Muchos en bicicleta. Mike no sabe que contestar cuando se le pregunta qué le ha parecido el discurso. "Estoy demasiado emocionado. Deseaba que pasara pero tenía mucho miedo de que al final no fuera así". Junto a él, su mujer tampoco puede hablar. Han traído a su hijo de meses a vivir este "momento histórico". 

Muchos buscan un lugar al que encaramarse para ver circular la riada de gente por las calles de las inmediaciones del parque. Todo esta lleno de gente circulando, las calles , los puentes sobre las vías del tren urbano. Sonrisas y caras de alivio. Una adolescente afroamericana contradice a sus amigos y dice que ella no se siente aliviada. "Yo estoy satisfecha, feliz. Siempre supe que ganaría. Tenía que ganar".

 La Avenida Michigan, totalmente cortada al tráfico, acoge esta especie de manifestacion espontánea. El grito de 'Obama' la recorre cada pocos minutos como las olas en los partidos de fútbol. La mezcla de razas total. Una mirada más atenta detecta que la gente ha venido en grupos menos plurales. Pandilla de amigos negros y pandilla de amigos blancos. Pero cuando cualquiera de ellos se encarama a uno de estos maceteros gigantes para gritar 'Obama',  la respuesta es unánime.

Mañana hay que trabajar y la gente empieza a dispersarse. "¿No hay más fiesta?". "Me temo que no", dice René, un veintañero que trabaja en una imprenta y que se ha pedido la noche libre. "Tenía que estar aquí. Es lo más importante que ha ocurrido en este país desde que nací".