Miércoles, 5 de Noviembre de 2008

El reto es cambiar en 77 días una Administración en crisis y en guerra

El nuevo presidente norteamericano hará oficiales sus primeros nombramientos antes de que finalice noviembre

MARÍA CORRAL / AGENCIAS ·05/11/2008 - 08:00h

paul j. richards / AFP - Imagen del Despacho Oval del presidente estadounidense en la Casa Blanca.

El próximo presidente de EEUU tendrá que remangarse la camisa desde hoy mismo y ponerse a trabajar a todo trapo en los detalles de la transición de un país en guerra y con una economía en crisis. El nuevo inquilino de la Casa Blanca tiene 77 días, hasta su investidura oficial el 20 de enero, para reemplazar a miles de funcionarios y trazar las directrices que marquen un nuevo rumbo político.

Con EEUU sumido en la peor crisis desde la Gran Depresión y dos contiendas abiertas, en Irak y Afganistán, parece existir acuerdo en que las decisiones importantes no pueden hacerse esperar.

El primer cargo que se hará oficial será el del secretario de Defensa

Barack Obama dejó claro el pasado 29 de octubre en una entrevista con la cadena de televisión ABC que los votantes tienen derecho a esperar que el nuevo presidente se ponga manos a la obra en cuanto conozca su triunfo en las urnas.

John Burke, experto en transiciones presidenciales de la Universidad de Vermont, señala que el éxito del proceso radica en que los preparativos comiencen cuanto antes, una receta que han seguido a pies juntillas tanto Obama como McCain.

Los dos crearon hace meses sus equipos de transición, que mantienen, eso sí, un silencio casi sepulcral sobre sus planes.

El demócrata ha puesto al frente de la tarea a John Podesta, ex jefe de Gabinete del presidente Bill Clinton, y el republicano, a John Lehman, secretario de la Marina durante la presidencia de Reagan y miembro de la comisión que investigó los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York.

Los observadores dan por hecho que el nuevo mandatario estadounidense designará con celeridad al secretario de Defensa.

De hecho, fuentes cercanas a Obama ya han dejado caer que podría mantener en el cargo al actual responsable del Pentágono, Robert Gates. Y nadie duda tampoco de que emergerá en breve un equipo económico capitaneado por un flamante secretario del Tesoro, cuya titánica tarea no despierta muchas envidias. El equipo de transición demócrata "querría que el primer nombramiento fuera el secretario del Tesoro y dejar otras grandes designaciones para la próxima semana", dijo hace unos días una fuente próxima a Obama al New York Daily News.

Los demócratas quieren evitar a toda costa los errores que se le atribuyen a Clinton, cuyos primeros 100 días en el poder se convirtieron en una pesadilla y cuya transición no arrancó de lleno hasta que asumió la presidencia.

Obama, de hecho, ya tiene un acuerdo con el líder de la mayoría en el Senado, Harry Reid, para acelerar el proceso de confirmación de los cientos de nombramientos que deberá encarar su administración para no tropezar en la misma piedra que chocó Bill Clinton, como fue la de demorar algunas designaciones importantes más de un año.

El sentido de urgencia queda de manifiesto también en la estrecha colaboración existente entre la actual administración del saliente Bush y los dos equipos en liza.

Transición perfecta

"Puede que nunca haya sido más crucial lograr que una transición sea lo más perfecta posible", indicó el mes pasado la portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino. "Nuestro país está en guerra, afrontamos una crisis financiera y tratamos de protegernos contra ataques terroristas", concluyó Perino.

"Puede que nunca haya sido más crucial lograr que una transición sea lo más perfecta posible"

Para Burke, el profesor de Vermont, todos los esfuerzos por alcanzar este objetivo son pocos, ya que, según declaró recientemente a la agencia Bloomberg, "esta es probablemente la transición más importante a la que nos enfrentamos en la historia (estadounidense) moderna".

Burke considera que EEUU "no lidia con una situación normal sino con un escenario extraordinario". Para el subdirector de la Oficina Presupuestaria de la Casa Blanca, Clay Johnson, las precauciones tomadas permitirán que el 44º presidente de EEUU "esté mejor preparado" para afrontar la transición que ningún otro inquilino de la Casa Blanca antes que él.

Temas económicos

La economía será el tema más urgente y sus asesores han indicado que prevén que Obama anuncie en los próximos días su secretario del Tesoro, que deberá ser ratificado en el cargo por el Senado.

Hasta el 20 de enero, el día de la toma de posesión, se quedarán en su cargo los principales directivos actuales de ese departamento, según ha anunciado el Gobierno. El Congreso podría no esperar tanto para aprobar el estímulo fiscal que ha propuesto Obama, por valor de 175.000 millones de dólares.

El proyecto de ley que manejan los demócratas por ahora prevé usar unos 100.000 millones de dólares para inversiones en infraestructura, ayuda a los estados y los municipios, asistencia a los pobres y subsidios para el desempleo.

El objetivo sería dar oxígeno a una economía en recesión

 

El objetivo sería dar oxígeno a una economía que, según todas las señales, ha entrado en recesión, pero algunos economistas creen que el paquete necesitaría entre 300.000 y 500.000 millones de dólares para tener efecto. Ese volumen de gasto colocaría el déficit presupuestario del país en el billón de dólares en el actual año fiscal, que comenzó en octubre.

Por ahora, incluso economistas obcecados con el equilibrio fiscal como Robert Rubin, ex secretario del Tesoro de Clinton, aceptan que habrá que olvidarse del presupuesto a corto plazo, pero cuando la economía repunte Estados Unidos tendrá que ajustarse el cinturón. Eso ceñirá el margen de maniobra de Obama para impulsar sus rebajas tributarias y su reforma del sistema de salud, según los expertos.

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