Archivo de Público
Domingo, 26 de Octubre de 2008

El coordinador que no pudo reinar

Llamazares quiso cambiar IU, hacerla más moderna y "soberana", pero no frenó el desgarro interno y la caída electoral

JUANMA ROMERO ·26/10/2008 - 07:30h

SEMEYAPRESS - Gaspar Llamazares recibe, ayer los aplausos de sus compañeros asturianos.

Vaya por delante una evidencia: no valen las recetas de otros partidos en IU, que no es un partido. Concebirla como tal no es un pecado venial. Conduce a la muerte política. No hay confortables sillones desde los que teledirigir la federación, así en el cielo como en la tierra. Ni los habrá tras un rey que intentó ser más presidencialista. "No presentaré [en la asamblea] un informe de gestión sin gestión porque he gobernado IU. Tampoco un informe inculpatorio. Para eso soy muy asturiano, muy cabezón, y defiendo lo que hago".

Gaspar Llamazares (Logroño, 1957) incidía ayer en una de las marcas de su carácter. Una huella que, para bien o para mal, lega a la federación. Su búsqueda de una "IU soberana"”, moderna, con una relación más flexible con el PSOE (fuera pinzas) e implacable con el PP. Como alega en su obra Al rojo vivo (A. Machado Libros), un diálogo con Almudena Grandes que publica este martes: "Yo quiero un PCE de IU antes que una IU del PCE". "Tenemos mucho miedo a cambiar", dice unas páginas después. La coalición está atenazada por una brutal falta de “confianza y autoestima”.

Gestión "autoritaria"

El ex coordinador no ha cumplido sus objetivos, en parte arrastrado por la "cacofonía interna". La "atmósfera de virus", que dijo ayer Jesús Iglesias. La guerra de unos y otros ha sido constante, extenuante, desde 2000, y aún antes. Está en el ADN de IU. Pero también le ha pesado su perfil adusto, seriote, tímido, poco amigo de las multitudes, y su falta de cintura para gestionar –y equilibrar– las voces internas. Parte del ruido obedece a una rivalidad personal, una antipatía mutua entre Llamazares y los dos aurigas del PCE, Felipe Alcaraz y (sobre todo) Paco Frutos, al que ganó por un voto en 2000, en la VI Asamblea.

Deja el liderazgo de la federación, pero seguirá en política en el Congreso, avisó dos veces 

Otra ración se la lleva la incomprensión de su política cotidiana, "autoritaria" para sus detractores, "subordinada" al PSOE, "dócil" con él. Él siempre se ha deshecho de esas críticas. Ha opuesto su trabajo en el Congreso y sus diferencias con Zapatero, las culpas del "bipartidismo feroz" la "injusta" ley electoral.

Llamazares deja una IU desconcertada. Todo puede pasar en la IX Asamblea. O la hecatombe o la refundación. La recuperación es difícil. Desde 1996 (21 diputados), la coalición ha caído en picado. Ocho actas en 2000, cinco en 2004, dos (una de ICV) en 2008. Y todo en un contexto favorable hoy para una fuerza así: la reflexión de las costuras del capitalismo.

El líder que vino de Asturias coge el petate. Ha dimitido. Pero, y lo avisó ayer dos veces, sigue en política en el Congreso. Como decía su camarada Noemí Martín: "Su faro no se ha apagado. Estará ahí"”. Pero IU no adora a líderes caídos. Los sepulta.