Archivo de Público
Lunes, 20 de Octubre de 2008

Una biografía para dos vidas

Aparece la traducción definitiva de ‘Vida de Manolo’, la biografía del escultor Hugué, que pasa por ser una de las obras fundamentales y menos conocidas de Josep Pla.

PEIO H. RIAÑO ·20/10/2008 - 23:08h

EFE - Con este libro, Pla marcó una línea que siguió más tarde Manuel Chaves Nogales en 'Juan Belmonte, matador de toros'.

Cuando Pla conoció a Hugué, debieron saltar las chispas. El escritor tenía 25 años menos que el escultor y encontró en él un modelo moral ideal al que aferrarse. Los dos compartían un característico tono anti enfático por todo, los dos rechazaban la pedantería como rasero para medir la inteligencia, los dos desconfiaban de las exigencias de las religiones y transitaban con la misma trascendencia por los altos pensamientos y los temas más vulgares. Los dos se conocieron en 1919, cuando Manolo Hugué regresó a España desde París, al acabar la primera Guerra Mundial.

Ocho años más tarde, esos dos seres que ya eran uno se encerraron en el verano de 1927 en una casa de la pequeña ciudad de Prats de Molló, frontera pirenaica con Catalunya. Allí le dieron forma a sus pensamientos fundidos en un libro maravilloso: Vida de Manolo, con voz de Pla y cerebro de Hugué.

Esta curiosa biografía escrita en primera persona por el biógrafo se publicó en 1928 en catalán y fue traducida al castellano en 1930, con notables carencias e imprecisiones. Así que podemos asegurar –y celebrar– que esta nueva edición que llega ahora a las librerías, gracias a la editorial Libros del Asteroide, es la primera traducción fiable de uno de los libros clave del autor de Cuaderno gris.

Escritura a bocajarro

“Uno de los esfuerzos concentrados más febriles de mi vida”, reconoce Pla en el prólogo original al hablar de cómo afrontó la escritura del libro. De hecho, el método de trabajo consistió, según cuenta el escritor catalán, primero, en estimular unas conversaciones con preguntas intencionadas y combinarlas con la propia sinceridad del artista. Algo así como un psicoanálisis a la ampurdanesa. Imaginamos que la libre asociación de recuerdos que Josep destapaba en Manolo, amigo y reconocido amante de las buenas charlas, iba apuntándolos en cuadernos. Tomaba notas sin parar de preguntar. Estaba construyendo el relato de una vida peculiar, la de un niño educado en la periferia y la marginalidad, que terminaría triunfando como escultor y pintor, como referente ineludible del noucentisme catalán de principios del siglo XX.

"Él había puesto el gallo y yo, el relleno", dijo por escrito Josep Pla

Luego, se encerró algo más de una semana en un hotel para trascribir todas las horas pasadas a papel y las ordenó con un marcado hilo cronológico, que conduce al lector desde el niño hasta el gran escultor. Ordenó todas esas ideas, esos cuadernos a rebosar, y en una escritura salvaje de horas y horas, encerrado en el Hotel del Comercio de Port-Vendres, montó la vida de Hugué en pocos días. Pero a la muerte del escultor, en 1945, intentó ampliar el escrito y la estructura saltó por los aires. “Habían pasado 20 años desde la primera edición y ya, evidentemente, no podía hablar con él”, comenta Jordi Amat, el traductor de esta edición. “El material ya no era el mismo y amplía como puede”. Era otro proyecto, fue una mala idea.

Tú, la vida; yo, la palabra

“Él ha puesto el gallo y yo, el relleno”. Siempre tan amigo de lo cotidiano en sus imágenes, en este caso dejaba claro que las buenas biografías lo son si hay una buena vida que destripar. Vida de Manolo tiene tajada: es un suculento plato de rico reportaje, por el acercamiento al sujeto y el oído en la escritura; es una ficción exquisita, por lo ocurrido y lo que se le ocurre, y una biografía de lo más sabrosa, por las mil aventuras del bueno de Hugué. Y, a pesar de ser un escrito con claras acotaciones y apreciaciones sobre arte y estética, se mantiene fiel a la llaneza y a la claridad: en sus páginas, “no hay un solo gramo de filosofía del ramo”.

Conversaron en pocas semanas y lo escribió en unos días

El mismo Dionisio Ridruejo –escritor, político y uno de los primeros seguidores de Juan Antonio Primo de Rivera–, en un artículo recogido en su libro En algunas ocasiones (1962), escribe sobre Vida de Manolo y dice del escultor, sin mencionar a Pla en ningún momento: “¡Qué hombre literalmente fascinador!”. Y más adelante: “Aunque Manolo haya accedido al arte por casualidad, como recurso y en cierto modo con pereza, no hay muchas vocaciones tan esenciales como la suya. Su destinación al arte es irrefrenable desde el principio”, escribe y termina acercándolo a su ideario político-religioso y describiéndole como hombre con una necesidad religiosa próxima a la que tuvo Unamuno: “Manolo será un clásico y también un cristiano”. Pero, en verdad, Pla pinta a Manolo Hugué muy lejos de esas coordenadas.

Un tipo de la calle

“Este libro está escrito desde la literatura picaresca”, comenta Jordi Amat. “Como toda novela picaresca, está escrita en primer persona por un personaje que pasa hambre y tiene que buscarse la vida, que pasa por problemas con su padre (la autoridad) y termina, no con la muerte del protagonista, sino con el éxito en su vida”. De ahí que para Amat una de las claves de este escrito sea el “registro de taberna”.

El traductor cree que es una de las tres grandes biografías escritas en literatura española

Pla está atento a todo lo que hace y dice su interlocutor y apunta cómo, en varias ocasiones, Hugué hurga en la comida con los dedos para llevarse a la boca la mejor tajada. “Eso no impide que pueda tratar con normalidad otros temas trascendentales”, dice Amat. Precisamente, uno de los valores morales que destila el libro es “la filosofía ligada a la vida”, vuelve Amat. Porque ninguno de los dos acuden a la abstracción filosófica para hablar de los problemas. Por este y otros motivos, el traductor cree que es una de las tres grandes biografías escritas en la literatura española.

Aunque no nos lo imaginemos –y sirva para alimentar la leyenda y el mito del escritor–, Pla se encargó también de distribuir el libro, que se publicó en los primeros días de 1928, en la editorial La Mirada, con un lujoso papel y un cuadernillo con reproducciones de la obra de Huhué. Sólo se imprimieron 550 ejemplares, a 14 pesetas el ejemplar.

Motivos para creer

Pensamientos de Hugué, con palabras de Pla

BARCELONA, LUMPEN
Era, en fin, un mundo extraño, de casas de empeño, burdeles, bailes, cafés de mil clases, lugares recónditos, mujeres, policías y ladrones, miseria y hambre, expedientes, trampas y embustes, jugadores, valientes y canallas, aunque quizá muy poco interesante”. Hay pocos libros en los que se hable de la cara B de los años del modernismo catalán. Éste es uno de ellos.

HIJO DE LA MISERIA
Esta es la historia de un sufridor, de alguien al que seguimos de cerca y vemos cómo supera la falta de recursos de su familia y crece hasta llegar a conquistar un oficio y un reconocimiento por su trabajo. Y Pla nunca olvida la espontaneidad en el escrito: “Y ahora le quiero decir una cosa. Yo, que he vivido tan mal, he sido siempre un manirroto”.

LLANA INTELIGENCIA
Al final, ya encumbrado, con toda una cohorte que le alaba, rechaza el tipo de actitudes propias del peloteo. “Reír con la gente, hacer el ‘esprit’ de comprender a las personas simples, hacer que todo el mundo se desternille, me gusta, es algo superior a mí, me embriaga”. Y no hay falsa modestia.