Martes, 13 de Noviembre de 2007

"Debemos entender el mundo en términos racionales"

Entrevista a Michael Gazzaniga, director del Centro SAGE para el estudio de la mente, que anima a rechazar mitos y creencias.

VICENTE FERNÁNDEZ DE BOBADILLA ·13/11/2007 - 20:40h

J.M. LADRA - El catedrático Michael Gazzaniga, durante su entrevista en Madrid

Llevaba años metido en el cerebro humano, hasta que la vida le llevó a responsabilidades mayores.

Este Catedrático de Psicología en la Universidad de California ha visitado Madrid para dar una conferencia sobre El cerebro ético en el Museo de Ciencia de la Obra Social La Caixa.

Su principal campo de trabajo sigue siendo la mente humana, aunque las implicaciones de su funcionamiento, de por qué pensamos de una manera y no de otra, y su papel en los principios éticos universales, le ocupan cada vez más.

Su cargo de director del centro SAGE para el Estudio de la Mente, en California, y su labor como miembro del Consejo Presidencial de Bioética de George Bush le han apartado más de lo que le gustaría de la investigación pura.

Pero tampoco le da demasiada importancia pues, como dice con una sonrisa, “ahora es el turno de los jóvenes”.

Usted ha centrado parte de sus investigaciones en las funciones de los hemisferios cerebrales. ¿El dominio de uno u otro hemisferio influye en nuestra personalidad?

Ésta es una pregunta muy complicada, pero lo que hemos descubierto es que hay una característica del hemisferio izquierdo que nosotros llamamos el intérprete.

Y lo que hace es procesar toda la información que recibe y encajarla en nuestras pautas de comportamiento; es como entramar una historia para que al final tenga sentido.

Y ese entramado juega un papel muy importante en la vida de una persona, porque explica por qué actúa de una manera concreta, por qué cree en unas cosas y no en otras… La personalidad de cada uno surge de la manera en que su cerebro cuenta esa historia.

Cuando realizamos un juicio moral sobre determinadas cosas, la gente tiende a responder de forma muy parecida, independientemente de sus creencias, su religión... Pero a la hora de explicar por qué piensan así, tienen diferentes motivos. Esto es lo que define la propia personalidad.

Volviendo al ‘intérprete’, parece  tener como principal trabajo procesar toda la información que recibimos para que encaje con nuestro modo de ver la vida. ¿Podría darnos algún ejemplo de cómo es ese proceso, cómo funciona?


Sí, hay una prueba muy sencilla, que hemos utilizado mucho en los últimos años. Es como un juego: yo tengo una caja con una división en la que hay dos luces, una arriba y otra abajo. Y puedo programarla para que una luz se encienda más veces que otra.

Usted tiene que adivinar qué luz va a encenderse en cada ocasión. Y, de acuerdo con los resultados, irá formando un patrón con los aciertos y los errores para intentar averiguar qué luz se encenderá la próxima vez. Y esa es la tarea del hemisferio izquierdo, averiguar el patrón, interpretar la información que recibimos de forma que tenga sentido para nuestro cerebro.

Pero usted ha dicho también que la habilidad del intérprete para adecuar la información a nuestra manera de pensar puede ser un obstáculo cuando hay que adaptarse a cambios drásticos.

Sí, éste es un gran problema.

¿En qué momento nuestro cerebro decide establecer una creencia y mantenerla firmemente?

Hay un experimento que no sé si conoce. Una persona entra en la tienda para comprar un billete de lotería, que le cuesta un dólar. Esa persona ni siquiera pide un número específico; lo único que hace es pagar un dólar al tendero.

Entonces, a la salida de la tienda se le acerca otra persona y le dice: le ofrezco dos dólares por este boleto de lotería. Es un cien por cien de beneficio. ¡Y la gente dice que no! Tienes que subir la oferta hasta más de 20 dólares para que la gente esté dispuesta a cambiar el boleto.

El hecho de haber comprado ese primer número ha estimulado algo en nuestro cerebro que nos lleva a querer quedarnos con él.

En su libro ‘El cerebro ético’ hablaba usted de un “rumbo de colisión” entre el conocimiento científico y las creencias religiosas. ¿Los motivos tienen que ver también con la manera en que nuestro cerebro procesa la información?

No, lo que yo quería transmitir es mi idea de que como animales superiores debemos entender el mundo en términos racionales, no en términos de mitos ni de creencias.

El don más importante, el mayor regalo que puede hacerse a la humanidad es la educación, y dejar que el cerebro humano saque sus propias conclusiones sobre lo que le rodea en vez de intentar dirigirlo sólo con argumentos políticos.

Usted forma parte del Consejo Presidencial de Bioética desde 2002. ¿Cuál es su papel allí?

Al principio formaba parte del grupo de seis o siete personas que estaba a favor de la investigación con células madre, pero el último año hemos hablado sobre todo del servicio sanitario, de si debe implantarse una cobertura sanitaria para todos los ciudadanos de Estados Unidos.

Es un debate interesante, porque ha habido un cambio político, y ahora todo el mundo está a favor. Pero la discusión es sobre la manera de implantarlo, si deberíamos copiar el modelo europeo, que a muchos no les gusta, o crear uno propio.

También hay que ver si podemos ofrecer un buen servicio para todos, o nos debemos mantener en los cuidados básicos. No sé qué resultados vamos a ofrecer, pero al menos queremos terminar con una declaración de que es necesaria una cobertura para todos. Porque el año que viene habrá ya otro presidente y otro consejo.

¿Qué campos de investigación ha procurado impulsar desde que comenzó a dirigir el centro SAGE para el estudio de la mente?

Sobre todo, las características individuales y los mecanismos del cerebro que están implicados en ellas. Tenemos resultados sorprendentes que irán apareciendo en los próximos años sobre cómo podemos explicar la variación fenotípica entre un cerebro y otro; es decir, por qué usted tiene unas capacidades específicas y otra persona tiene otras diferentes.

La clave es poder examinar los neurocircuitos, y para ello contamos con la ayuda de nuevas tecnologías de la imagen. Si hacemos un corte transversal del cerebro humano, vemos que hay unas zonas blancas y luego hay materia gris alrededor.

Esas zonas blancas son conectores; sabemos que juegan un papel esencial, pero hasta ahora era muy difícil examinarlas. Pero en estos momentos se están desarrollando nuevas técnicas para monitorizar estas conexiones.

Esta fisiología de las variaciones, de las características individuales de cada cerebro va a abrir una nueva vía de comprensión que, como se puede imaginar, también traerá consigo nuevos problemas éticos.