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Lunes, 20 de Octubre de 2008

"Ser auténtico es lo más difícil"

Director de cine. Tras la buena acogida en el Festival de San Sebastián, el realizador argentino estrena este viernes en España 'El nido vacío', un cruce entre Woody Allen y Paul Auster

FEDERICO PEÑA ·20/10/2008 - 08:00h

Daniel Burman, con su equipo.

Daniel Burman (Buenos Aires, 1974), es un tipo sencillo. Su imagen no pasa por la del cineasta estrella. En su pequeña oficina de la productora BD (BurmANDub-covsky) no hay glamour.

Hay pilas de papeles por todos lados, un portátil, y un pizarrón donde trabaja sobre ideas para su próxima historia. En algunos gestos puede verse el carácter de los personajes de sus seis largometrajes: es sobrio, escoge las palabras más esquivas.

Todo con aire informal, con la pierna derecha sobre la mesa. Eso sí, a la hora de sacarse las fotos, Burman muestra que tiene tablas y que la cámara también lo quiere.

"Hay mil cosas más rentables y seguras que financiar una película"

En la entrevista, habla sobre su nueva película, El nido vacío, donde Cecila Roth y Óscar Martínez interpretan con buenas dosis de humor a una pareja en crisis tras la partida de los hijos. La película se ha convertido en un fenómeno en Argentina: 300.000 espectadores la vieron durante su primer mes en cartelera. Tras competir en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, El nido vacío recibió la Concha de Plata al Mejor Actor y el Premio del Jurado a la Mejor Fotografía.

Su película habla del Síndrome del nido vacío, que se produce cuando los hijos crecen y abandonan el hogar, lo que deja al descubierto las grietas del matrimonio. Usted tiene 34 años y dos hijos. ¿Ya empezó a sufrir con la idea de que se marchen de casa?

No me gusta hablar de mi vida personal. Para eso hago películas muy personales que cuentan mis inquietudes. La película cuenta cuánto hay construido en ese molde familiar y qué es lo que pasa cuando los hijos salen como en el molde de una tarta: cuando lo sacas, se puede caer todo o puede quedar bien; todo depende de cómo hiciste las cosas.

"Los conceptos independiente y comercial son vacuos y banales"

¿Y no es prematuro estar pensando en ese escenario del nido vacío a tu edad?

Uno trabaja con los miedos y con las fantasías, no necesariamente con las experiencias. Son más poderosos los temores, porque las experiencias son limitadas, tienen un borde. El miedo es infinito.

Hablando de miedos, ¿no le genera temor el éxito que está teniendo su película, con 300.000 espectadores en un mes, muy buena crítica y dos premios en el Festival de San Sebastián?

"Hago películas muy personales que cuentan mis inquietudes"

No, porque no es mi primera película. Cuando ya has filmado varias veces aprendes a no involucrarte demasiado en ninguna de las dos situaciones, manteniendo una distancia tanto del éxito como del fracaso. Claro que es más difícil alejarse del éxito, pero llega un momento en que ya lo tomas como parte de tu trabajo y de tu profesión. Y sabes que cuando hablan de la película, por más que pongan tu apellido, hablan de lo que uno produce y no de lo que uno es. Hay que manejarse con bastante cuidado.

Siempre fue un director muy personal con los temas tratados, como el judaísmo, la identidad y el futuro incierto. En esta película cambió esa temática y se nota una forma de filmar diferente. ¿Era necesario trocar el lenguaje para contar esta historia?

El cambio en la forma viene con los años. De la misma forma que uno ve las cosas de manera diferente, pone la cámara de forma diferente. No tiene que ver con una evolución a la hora de filmar, sino con una mirada distinta.

¿Ha madurado?

Bueno, sí, eso dicen algunos. Pero volvemos al principio.

Por el humor con que trata la crisis de Leonardo, se dice que su película tiene toques de Woody Allen. ¿Qué opina de esta comparación?

Mantengo una distancia sobre lo que se dice. En este caso, confieso que lo que he leído hasta ahora me pone muy contento porque los críticos han visto la película que yo quería contar. Además incluyo ciertos detalles para disfrutarlos en soledad, y cuando me doy cuenta de que llegan de una forma un poco más amplia, me da placer.

¿Qué aportó contar con Cecilia Roth y Óscar Martínez, que son padres y que trabajaron como pareja durante muchos años en televisión?

Ambos aportaron su experiencia vital, que es algo que yo no tengo, pero lo aportaron con inteligencia y no de una manera cerrada de "esto es así y así", sino que dentro del personaje me han permitido ajustar ciertos detalles y errores, dentro de una película que no es de una pareja de 50 años en crisis sino que nace de cómo un tipo de treinta y pico se imagina a esa edad.

En su película, el personaje de Óscar Martínez no sabe lidiar con la fama; lo trata con bastante humor. ¿Lo lleva usted así de bien?

Es muy duro, la parte más complicada del trabajo. No conozco a nadie hiperfamoso en España, pero siempre pienso que si eres Susana Giménez [la presentadora más conocida de Argentina] y te rodea un halo de fama y de reconocimiento, debes construir un personaje que te permita sobrellevarlo. Tienes que tener una construcción más o menos bipolar para poder convivir. En mi caso el reconocimiento es más tibio. A mi nadie se me abalanza. A Leonardo, el personaje de Óscar tampoco. Se da en determinados ámbitos solamente. Por eso a veces es más difícil dejar de ser uno mismo y que te choque la situación.

¿Hablaron sobre cómo lidian ellos con una fama que paradójicamente necesitan?

La verdad es que no. Ellos tienen un nivel de exposición permanente y en cualquier lado, que no es el caso del personaje. Además, a ellos les pasa desde hace 30 años, tengan o no una obra en cartel. Y lo necesitan. Es parte inherente de su profesión, no de la mía.

¿Es de los que vuelve a ver sus propias películas?

Sí, las veo, pero en el proceso. Una vez que está en la calle, el problema es de otro. Yo dejo de pensar en eso, ya me lo saqué de encima. La película está ahí. Por eso, aunque la vuelva a ver y haga un análisis no sirve de nada.

Mirando atrás , con seis películas encima, ¿qué camino recorrido ve?

Trato de no mirar para atrás y no analizar. Siento que a partir de El abrazo partido sí hay un cambio de animarme a hacer cosas que antes no hacía por el pudor de sentirse demasiado involucrado. Ser auténtico es lo más difícil, sobre todo por el pudor de mostrar.

Se entiende entonces que la idea de rodar una escena musical dentro de un centro comercial, que al final no metió en el metraje final, es un signo de liberación...

Es que me dio miedo: era una escena disparatada y fantasiosa. Pero sí, me siento más libre a la hora de filmar. Ahora no me importa nada, ya perdí la conciencia del ridículo. La escena esa es una muestra importante (risas).

Es un director bastante reconocido en España. El abrazo partido tuvo 150.000 espectadores y Derecho de familia unos 80.000. Antes, también le fue bastante bien con Esperando el mesías.

Siempre me impresiona cuando voy, porque España es como el otro, somos parecidos, pero siempre está esa imagen de ser una potencia desarrollada. Siempre hay como un prejuicio de inferioridad que uno tiene. Por eso cuando vas y ves que alguien conoce tu trabajo, o se enteran de que vas a la Casa de América y alguien te va a escuchar, te da una sensación muy agradable. España siempre me ha recibido muy bien, Televisión Española siempre ha comprado mis películas y he tenido un coproductor muy fiel que es José María Morales. Ya es la cuarta película que filmo con Wanda Films.

Hace poco se reía de las etiquetas independiente y comercial con la que se definen actualmente los estilos de cine, cuando en realidad tienen que ver con la financiación.

[Se ríe] Son conceptos totalmente vacuos y banales que no ayudan a definir una obra. Aparte, lo que no entienden los analistas ni la gente es que los contenidos importan cada vez a menos. Entonces ni siquiera tener al lado a un supuesto factor de poder hace que influyan en el contenido.

¿Qué les importa entonces?

La forma, el contenido no les importa.

Como parte de la nueva generación de cineastas argentinos, ¿le resultó difícil conseguir financiación?

Siempre es difícil. Pero es que no debería ser fácil conseguir dinero para hacer una película porque no se pueden obtener intereses de ella, meterla en Bolsa, ni comprar petróleo o mil cosas más rentables y seguras. Lo más normal es que alguien no quiera financiar una película. Cuando yo voy a vender una película son 90 páginas impresas con un cartucho que vale 10 pesos (unos dos euros). La idea es todo y la idea es nada. Una idea no motorizada por un montón de tiempo, gente y dinero, termina siendo nada más que un comienzo.

Tras su paso por la Berlinale y San Sebastián, ¿tiene vocación competitiva?

El deseo es ganar, no perder, claro. Pero tampoco me obsesiono con el tema porque van a ganar algunos y otros no.

¿En qué consiste el proyecto de Cinearte en el barrio de Constitución?

Es un proyecto que abriremos este mes con cuatro socios. La idea es hacer el primer multicine-boutique o de calidad en Argentina. No existen lugares en los que uno pueda ver, con el mismo confort que en el mejor centro comercial, películas que no sean norteamericanas. La realidad es que para ver cine europeo, argentino o norteamericano independiente tenemos que verlo en malas condiciones, como si verlas en un lugar refinado quedara mal. La idea es no estar tan presionados por las olas globalizadas de los estrenos que supuestamente hay que poner.