Martes, 14 de Octubre de 2008

Obama no enamora (todavía) al voto obrero

Una de las claves para el exito del candidato demócrata es conquistar el voto obrero blanco que presenta la mitad del electorado y que se había deslizado hacia el lado republicano

ISABEL PIQUER ·14/10/2008 - 22:21h

Bruce Springsteen tiene una canción sobre Youngstown. Y dice algo así: "Siempre es la misma historia, setecientas toneladas de metal al día y ahora me dicen que el mundo ha cambiado. Ahora que os he hecho ricos, ya no os acordáis de ni nombre". Son palabras que describen bastante bien las calles desiertas de este antiguo centro industrial.

Llevamos treinta años intentando remontar la cuesta y ahora que parecía que las cosas iban mejor viene esta nueva crisis", dice Anthony Paglia, de la cámara de comercio local, "pero estamos acostumbrados a las épocas duras; ahora el resto del país va a saber lo que se siente".

América se construyó en ciudades como esta. Hubo un tiempo, en los años 50, en las que las acererías de Youngstown eran las más importantes del país. Los altos hornos del condado de Mahoning hacían vivir toda una región que desarrolló una fuerte tradición sindicalista y un historial sólidamente demócrata. Pero demócrata conservador, demócrata católico, de los que cogen el rifle y se van a cazar ciervos en los densos bosques de Ohio y Pensilvania. 

Y llegó la crisis industrial, la fallida reconversión y con ella el desengaño. Desengaño hacia el Gobierno y hacia el partido que debía defenderles. "Todos los candidatos presidenciales han venido aquí a hacer campaña. Se han puesto delante del mismo edificio abandonado y han hecho muchas promesas que nunca han cumplido", dice John Russo, profesor de Historia Laboral de la Universidad de Youngstown.

En su despacho cuelga la foto de Springsteen, con nieve hasta la rodilla, cuando vino en 1996 a ver la ciudad sobre la que quería escribir.
Russo se refiere a Franklin D. Roosevelt y John Kennedy cuando hablaron ante el cielo anaranjado por el resplandor de los altos hornos, o años más tarde, Bill Clinton y John Kerry cuando prometieron atajar la crisis.

"En 1992, los sindicatos respaldaron masivamente a Clinton porque les prometió empleos. Dos años más tarde, entraba en vigor el NAFTA (el tratado de libre comercio entre EEUU, Canadá y México) y fue un golpe muy duro porque aquí esto significada más paro. Así que poco a poco se fueron decantando por los republicanos", explica Russo.

Muchos también se despegaron de un partido que sólo parecía ver a la clase obrera como una caricatura: el redneck religioso aferrado a su armas, como Obama dijo durante las primarias, en unos desafortunados comentarios ante una audiencia mucho más cool en San Francisco.

La semana pasada la portada del diario local de Youngstown, The Vindicator, criticaba amargamente un artículo de la revista Rolling Stone, por llamar a la ciudad el "sobaco de Ohio", una "ruina deshabitada" que en las últimas décadas ha perdido la mitad de su población.

Youngstown está cansada de los estereotipos. El voto obrero blanco representa más o menos la mitad del electorado estadounidense. Hasta los años 70 era fielmente demócrata pero poco a poco se fue deslizando hacia tendencias más conservadoras, por motivos que los analistas no siempre vieron con claridad.

¿Qué pasa con Kansas?" escribía en 2004 el politólogo Thomas Frank, preguntándose como las franjas más desfavorecidas votaban consistentemente en contra de sus propios intereses económicos.

Respondía diciendo que los republicanos los habían engañado hablándoles de moralidad y religión, temas que ya no se estilaban del lado demócrata. En esta ecuación, Ohio es crucial. Ningún candidato republicano ha llegado a la Casa Blanca sin obtener sus 20 votos electorales (de los 270 necesarios para ganar). Las dos campañas lo saben. Es con Florida, el estado que más han visitado los candidatos. Barack Obama tiene aquí 70 oficinas, John McCain 40. Y dentro de Ohio, el valle de Mahoning es una pieza clave. Los demócratas necesitan ganar aquí el 65% de los votos para contrarrestar otras partes más rurales y conservadoras del estado.

Hace cuatro años John Kerry consiguió más votos en Ohio que ninguno de sus predecesores demócratas pero no fue suficiente. Bush ganó Ohio con el 51% de los votos, por una diferencia de tan sólo 118.600 votos de un total de 5,6 millones. Y se llevó las elecciones.

Perdida de empleos

Pero en los últimos cinco años, Ohio ha perdido 250.000 empleos, en gran parte por la globalización (la tasa de paro es de 7,9%, mucho más que en el resto del país) y los votantes han empezado a castigar a los republicanos.

En las elecciones legislativas y locales de 2006 muchos conservadores perdieron sus puestos. Con el colapso de Wall Street las cosas se han puesto aún más feas.

El reto de Obama es ahora canalizar este descontento. "Vamos a ver si la economía supera la barrera racial", dice Russo, "la gente no ha cambiado radicalmente de postura pero ha empezado a superar su desconfianza". No es una transición fácil.

"Básicamente si eres un obrero blanco que has desertado de los demócratas, te sientes traicionado por los republicanos y ves que tu única esperanza es un candidato negro, estás muy confundido", cuenta Russo.

Los sondeos muestran un cambio paulatino. La cadena conservadora de noticias FOX da a Obama dos puntos de ventaja frente a McCain en Ohio (49% frente a 47% para el republicano).

Pero mucho no se fían. Temen el llamado "efecto Bradley", de Tom Bradley, el candidato afroamericano que todas las encuestas en 1982 daban como claro ganador en las elecciones a gobernador de California. Al final le superó su rival republicano, blanco, en un giro que los analistas atribuyeron en su momento al color del aspirante y sobre todo al miedo de los encuestados por parecer racistas.

Bertram de Souza es bastante pesimista. Columnista de The Vindicator, lleva 29 años escribiendo sobre la vida política de Ohio. "Este estado todavía no está listo para votar por un candidato negro y creo que los resultado son mucho más ajustados de lo que parece. Con esta economía, con el descontento hacia el Gobierno, esta carrera debería estar ya resuelta, y creo que lo estaría si Clinton fuera candidata. Pero el hecho de que todavía siga bastante abierta demuestra que hay un problema".

La ex primera dama arrasó en Youngstown en las pasadas primarias demócratas. El partido local ha pedido que vuelva a hacer campaña, junto con Obama, para despejar los últimos miedos y confirmar su respaldo. Paglia, que desde su puesto en la cámara de comercio, ve cómo Youngstown no acaba de despegar, confía en sus conciudadanos: "Esta es una ciudad con una gran tradición participativa. Aquí la política es un deporte de contacto. La gente lee mucho, se involucra mucho. No es que estén entusiasmados con Obama pero empiezan a pensar que es el menos malo de los dos candidatos".

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