Martes, 14 de Octubre de 2008

El prestigio se casa con el mercado

Juan José Millás obtiene el Premio Nacional de Narrativa con El mundo, novela con la que ganó el Planeta en 2007

PAULA CORROTO ·14/10/2008 - 08:00h

Dani Pozo - El escritor Juan José Millás.

En ocasiones, universos a priori contradictorios se unen y lo imposible ya no lo es tanto. El escritor valenciano Juan José Millás (1946) consiguió ayer tal hazaña al obtener el Premio Nacional de Narrativa con El mundo, la novela con la que ganó el año pasado el Planeta.

El galardón más prestigioso, entregado por el Ministerio de Cultura, frente al considerado más comercial de nuestras letras y dependiente de una editorial. Una dotación de 20.000 euros (Nacional) frente a 600.000 euros (Planeta). El mundo ha conseguido ser el libro de culto, que ha vendido 380.000 ejemplares y se ha traducido a siete idiomas.

«Las editoriales no presentan los textos a este premio», dice Planeta

No es la primera vez que sucede. Ya en 1992, Antonio Muñoz Molina consiguió ambos premios con la novela El jinete polaco. Y yendo más allá, no son pocos los que tienen en su estantería los dos galardones, aunque sea con novelas distintas. Sin embargo, ayer muchos se preguntaban sobre la coincidencia: ¿Se ha rendido el prestigio ante lo comercial?

"Yo no sé si hay lectores que tienen prejuicios ante ciertos premios. Además, lo interesante del Nacional es que no son las editoriales las que llevan los textos hasta la final, sino las diferentes academias y asociaciones de escritores y críticos. Y se ha demostrado que la novela de Millás tiene calidad", explicó ayer la editora de Planeta Ana Datri.

El carro mediático

Muñoz Molina ya consiguió los dos premios con El jinete polaco

En el mismo sentido se expresó el crítico Juan Bonilla, quien ya escribió una reseña positiva cuando la novela salió al mercado editorial en 2007: "El Ministerio ha demostrado que no se ha cortado en premiar una novela que ya tenía el Planeta, y eso es bueno. A mí, desde luego, me parece de lo mejor del año". Otros editores, sin embargo, no opinaron lo mismo. Uno de ellos, Enrique Redel, de Impedimenta, afirmó incluso que "el Nacional parece haberse querido subir al carro mediático".

Pero sin más vueltas de tuerca, la infancia del escritor valenciano durante la posguerra en el madrileño barrio de Prosperidad fue la que se impuso a otros libros que partían como favoritos. Javier Marías, de momento, tendrá que esperar.

Juan José Millás: "Yo también soy un lector con prejuicios" 

Como buen valenciano, Juan José Millás definió ayer el día que había vivido con un símil de traca: “Estos son fuegos artificiales. Un rato de mucha explosión, y luego ya nada”. Aún así, el escritor ya tenía las hechuras para este traje. El año pasado tuvo la misma experiencia con el premio Planeta.

Con ‘El mundo’ ganó el Planeta el año pasado y ahora obtiene el Nacional de Narrativa. Bendito el día que decidió sacar el manuscrito del cajón.
Sí, desde luego, bendito el día.  De todas maneras, creo que es bueno meter las novelas en un cajón porque a veces necesitan reposar. Esta novela la tuve dos años guardada, porque necesitaba ese reposo al tener una carga autobiográfica tan fuerte. Cuando la saqué y la volví a leer, me convencí totalmente de que era una buena novela.

¿Por qué tuvo ese convencimiento?
Es algo muy irracional. En el fondo, creo que es una cuestión de olfato y, por lo general, los escritores solemos acertar.  Otra cosa era la capacidad de conexión que podía tener con los lectores, y eso sí que era un misterio. Pero está bien que así sea.

¿Cómo encaja que dos jurados tan distintos hayan decidido premiarla?
Yo lo encajo muy bien. Estoy muy satisfecho de haberla presentado al Planeta y de haberlo ganado. Mucha gente podía pensar que la novela tenía el estigma de la comercialidad, pero el jurado del Nacional ha dicho que tenía calidad literaria, así que espero haber derrumbado ese estigma.

¿Cree entonces que servirá para que se deje de valorar a las novelas por aspectos exteriores?
En nuestro país funcionan muchos tópicos que se aplican de forma mecánica y que son muy difíciles de quebrar. Esto es así porque es más fácil mirar a la realidad desde ese punto de vista que cuestionársela. A mí ya me dijeron que no tenía el perfil para ganar el Planeta, pero si se mira a ganadores de otros años, ahí están Álvaro Pombo, Juan Marsé o Manuel Vázquez Montalbán.

¿Usted también ha tenido prejuicios como lector?
Sin duda, muchas veces. Pero es que la relación entre el libro y el lector es muy extraña. Suele suceder que a veces empiezas a leer un libro y se te cae de las manos. Pero luego, lo coges al cabo de dos años y te encanta. Es una relación en la que influyen factores muy diversos.

¿Tiene vértigo ante lo que esperan sus ‘nuevos’ lectores?
No, yo no me hago esos cálculos, porque yo no escribo de oficio. Yo sólo escribo lo que se me impone.

Análisis: La delgada línea blanca.

Por Alberto Olmos 

Juan José Millás nunca acaba de perder su prestigio. Desde sus primeras obras y su Premio Nadal a este Premio Planeta puesto en órbita nuevamente por el jurado del Premio Nacional, el autor valenciano ha dejado de ser un escritor intocable para convertirse en uno de los novelistas más cuestionados de España.

Los testimonios de aquellos lectores que le eran fieles son explosivos: Millás se ha vendido al mercado. Desde luego, pocos escritores han recibido tantos premios como Millás. Ni Enrique Vila-Matas ni Javier Marías han caído en la tentación de usufructuar su prestigio y llevarse (entiendo que con facilidad) alguno de esos premios tan espectacularmente dotados.

Sin embargo, ni a Marías ni a Vila-Matas les hace mejores escritores no haber ganado el Premio Planeta; entonces, ¿por qué a Millás parece hacerle peor?

Porque, con claridad, sus novelas aquejan un innegable deseo de vender. Esto es, carecen de altura técnica y de exigencia verbal. Son (basta hojearlas) libros fáciles. Pero son libros fáciles hechos por uno de los escritores más inteligentes de España y es ahí donde, milagrosamente, Millás se salva.

Porque Juan José Millás está en perpetuo equilibrio entre la calidad y el aluvión, en una delgada línea blanca que él cruza en ambas direcciones. Gana el Planeta, pero también gana el aprecio de los entendidos. Escribe simplezas, pero nunca tonterías. Es un escritor que lo sabe todo sobre ser escritor y que, por lo que se intuye, algún día nos dará una magistral y apoteósica clase sobre dejar de serlo.