Domingo, 12 de Octubre de 2008

Alonso desnuda a Hamilton

El español gana en Fuji su segundo Gran Premio seguido, por delante de Kubica y Raikkonen, tras despachar una carrera soberbia

ÁNGEL LUIS MENÉNDEZ ·12/10/2008 - 08:08h

Fernando Alonso, feliz tras su victoria en el Gran Premio de Japón. AP

Fernando Alonso es el riesgo controlado y preciso. Lewis Hamilton, la temeridad inestable, tan pronto espectacular como esperpéntica. Ayer triunfaron la serenidad, la constancia y la firmeza del primero. Haciendo suyas virtudes fundamentales de la cultura oriental, el piloto español rubricó en Japón la segunda victoria de la temporada. Ganó hace quince días en Singapur y encadena así dos inesperadas alegrías en el periplo asiático que concluye el domingo en China. El asturiano despachó una carrera perfecta, confirmó la espectacular progresión de Renault y, sobre todo, el talento superior del mejor piloto de la parrilla.

Alonso tiene el corazón caliente y la cabeza fría. Hamilton bombea sangre a excesivas revoluciones y su joven cerebro funciona como un intermitente defectuoso, se enciende y se apaga cuando menos lo esperas.

Hamilton se empeña en agrandar su leyenda de inmaduro 

La capacidad innata del ovetense para domesticar la velocidad no parece tener límites ni, de momento, se vislumbra en el horizonte un rival a su altura. Si acaso, los dos que subieron tras él al podio nipón, Kubica y Raikkonen, se le aproximan, pero a ambos les falta un punto de fiabilidad para escalar al peldaño de los fuera de serie. Hamilton, que este año parecía dispuesto a presentar una firme candidatura al trono, se empeña en agrandar su leyenda de inmaduro.

Al inglés le devora la impaciencia. Bajo presión, explota. Ayer le bastaba con aprovechar la pole obtenida el sábado para arrancar bien, marcar el ritmo y, sin arriesgar demasiado, mantener alejado a Massa, su rival en el Mundial, que salía muy atrás, quinto. Pero Lewis lo mandó todo al traste antes en un visto y no visto. Se quedó bloqueado en la salida, la jauría de la parrilla se lo merendó y, espoleado por la rabia, armó una de las suyas.

Abrió gas sin miramientos, el McLaren respondió como un demonio y, tras echar hacia el arcén a su compañero Kovalainen, tuvo que castigar el freno para no embestir a Raikkonen, que también se vio obligado a clavar su Ferrari. Ciego de ira y descontrolado, Hamilton no pudo trazar bien la primera curva, se salió por la escapatoria y regresó a la carrera en sexta posición, emparedado entre los dos Ferrari.

Lejos de calibrar el desaguisado para buscar soluciones serenas, el británico enfocó con su mirilla a Massa. Se pegó a él y, después de cruzar la línea de meta una sola vez, decidió cazarlo sin dilación. Le propinó un certero y salvaje hachazo por la derecha, un excepcional adelantamiento interior, pero el brasileño, otro peligroso saco de sorpresas, no se achantó. Obligado a salirse para no colisionar, no levantó el pie. Pisó con descaro la escapatoria de la siguiente curva y, desequilibrado y sin control, tocó el McLaren de Hamilton lo suficiente como para hacerle trompear.

Varado en el costado derecho de la pista con el coche del revés, Lewis vivió uno de los momentos más duros desde que está en la F1, sólo superado por el nefasto final de curso del año pasado. Impotente, el inglés tuvo que morderse los labios y agarrarse la pierna. Mascando las ganas de acelerar y retornar a la lucha, vio pasar por delante de sus narices, uno tras otro, a todos los coches de la parrilla. El McLaren, contagiado, rebrincó varias veces, como metiendo prisa a los más rezagados para colocarse a la cola e intentar remontar lo antes posible. 

Ajenos a las barrabasadas de Hamilton y Massa, Kubica y Alonso afrontaron la salida como suelen. Fijaron la mirada en el horizonte, reaccionaron al apagón del semáforo con la velocidad del rayo, se pegaron a la derecha y, aprovechando el colapso provocado por el inglés, se encaramaron a la primera y segunda posiciones respectivamente. Ni un mal volantazo, ni un derrape, ni un error.

Estrategia impecable

El español, que salía cuarto, tuvo que propinar el pertinente zapatazo para no empotrarse con Kovalainen. Frenó tan fuerte que incluso bloqueó las ruedas, según propia confesión posterior, pero salió del trance con la soltura habitual y en dirección a la gloria.

La falda del monte Fuji en la que se localiza el trazado japonés se estremeció sorprendida por un arranque tan accidentado. Alonso, no. En carrera no hay lugar para distracciones. El ovetense escruta cada situación, procesa todos los datos en décimas de segundo y toma decisiones inmediatas. Y, por lo general, acertadas.

Sabía que su depósito tenía más gasolina que el de Kubica, así que se enganchó a su amigo, le vio repostar y tiró como un poseso hasta calcular que tenía ventaja suficiente. Entonces entró, paró menos de lo previsto y salió por delante del polaco. En cabeza, dispuesto a exhibir un pilotaje de alta precisión, una exhibición sobre imaginarios raíles que le permitió dominar con la solvencia de los buenos tiempos y, por supuesto, realizar el segundo y último pit-stop sin agobio alguno.

Berrinche de Hamilton   

El único amago de sobresalto llegó, a toda velocidad, en la última vuelta. Hamilton, siempre Hamilton, atisbó el R-28 de su íntimo enemigo y se fue a por él. No luchaba por el triunfo ni por el podio. Ni siquiera por un mísero punto. El inglés había sido doblado por Alonso minutos antes y, enrabietado, no estaba dispuesto a consentir semejante "humillación".

Así que, desesperado, a golpe de derrapes salvajes y latigazos sin sentido, colocó su potente máquina a rebufo del Renault. Alonso, imperturbable, le atisbó en el retrovisor, aflojó y, a la primera de cambio, le abrió la puerta. Le dejó pasar y, sin mirarle siquiera, comprobó los últimos indicadores del vehículo, se ajustó el casco, sacó el brazo derecho y su eufórico puño saludó al majestuoso monte Fuji y a los enloquecidos mecánicos de Renault que habían asaltado el muro del pitlane. Ya lo escribió el italiano Carlos Dossi a finales del siglo XIX: "Los locos abren caminos que más tarde recorren los sabios".

Alonso, "como en una nube"

"Ha sido una victoria importantísima para el equipo, importantísima para mi y la verdad es que estoy como en una nube, dos victorias en quince días y con un coche que a mitad del año yo mismo y todo el equipo lo dábamos por perdido este año y casi por muerto y sin embargo el equipo ha hecho un trabajo increíble para mejorar los problemas que teníamos y los resultados están llegando ahora mismo y hay que aprovecharlo y disfrutarlo y ser feliz".

Añadió Fernando Alonso, que por segunda vez se ha impuesto en el Gran Premio de Japón, que "ha sido una carrera estupenda, sobre todo por la victoria, otra vez inesperada".

"En Singapur hubo un factor suerte importantísimo con el coche de seguridad y con los favoritos teniendo problemas como con el repostaje de Massa y ese tipo de cosas, aquí no hubo nada extraño, fue una carrera sin coches de seguridad y hemos conseguido la victoria, así que tengo un mejor sabor de boca hoy que hace 15 días en Singapur", añadió.

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