Viernes, 10 de Octubre de 2008

Un taller placentero

Santiago Auserón concluyó este viernes una aventura de dos años con los alumnos del Taller de Músics de Barcelona

SANTIAGO AUSERÓN ·10/10/2008 - 21:18h

Santiago Auserón, junto a la Original Jazz Orquestra. DANIEL NABIL

Tras doce años de Radio Futura, diez de Juan Perro y tres interpretando clásicos del rock y el soul, lejos de mi cabeza estaba volver a tocar viejas canciones, detenerme a contemplar un trayecto de 25 años. Sin embargo las cosas no ocurren como uno imagina, por fortuna en este caso.

Oí hablar del Taller de Músics de Barcelona en el ambiente jazzístico de Madrid y me acerqué a conocer su emplazamiento en el barrio del Raval. Un cartel anunciaba clases de guitarra de Jordi Bonell, repasé con él la hechura de algunos standards. Luis Cabrera, director del Taller, me preguntó si quería cantar con la orquesta de alumnos en la celebración de su 25 aniversario. Cumplíamos los mismos años en activo.

Enric Palomar alternaba entonces su trabajo de compositor clásico con los discos del cantaor Miguel Poveda producidos por el Taller, que
es un centro fundamental para la evolución del flamenco en Catalunya. Bajo el cuidado de Vicens Martín estaba formando además su segunda big band con alumnos destacados. De la primera, habían salido unos cuantos excelentes solistas.

Palomar se mostró dispuesto a arreglar La negra flor. Había bailado los éxitos de Radio Futura, había seguido después el rastro de Juan Perro. En el ensayo los chavales tocaban la canción a la primera lectura. A la hora de cantar, me sentí transportado en volandas por un sonido poderoso y
rico, por una nueva generación de músicos, como en alfombra mágica.

Decidimos que valía la pena arreglar un repertorio entero, lo estrenamos en las fiestas de la Mercé de 2006. La sensación de placer compartido nos llevó a planear un año de gira. Mis propias canciones me enseñaban luces y colores nuevos. Los jóvenes alumnos, en trance ya de convertirse en profesores, sostenían con entera complicidad la historia de cada letra, cada nota reescrita por Enric Palomar con humor lúcido.

El diálogo se situó de entrada en el terreno oportuno: la tradición musical como aliada de la poesía urbana. Enric es buen poeta, además de un músico especial. Visionario del encuentro entre palabras e instrumentos, una especie de hereje pragmático, que ama el trabajo en equipo y desconfía de la pose romántica del genio. Frente a su mirada de sorna buñuelesca, la Original Jazz Orquestra se divierte respondiendo a la exigencia de precisión. Alternando energía y delicadeza, sacude el trasero del cantante, éste no tiene más que soltar las palabras al vuelo, montar sobre el tapiz sonoro.

En una treintena de escenarios el público ha compartido con nosotros el placer de hacer durar las canciones más allá de los límites del mercado. Da gusto ver las ganas de tocar en las caras de una nueva generación de músicos catalanes recibidos con calor en las cuatro esquinas de la Península. Es un placer que no vicia, al que uno no se acostumbra, que recompensa con energía fresca lo que uno gasta en el trabajo.

Esa energía ha quedado registrada en una producción cuidada con esmero. La suerte nos ha permitido participar en un encuentro histórico entre tres generaciones y tres escuelas de músicos españoles. Y escapar una vez más del soniquete gris de la especulación.