Jueves, 9 de Octubre de 2008

"Mi vida ha acabado con todas mis ilusiones infantiles"

El guionista Charlie Kaufman, una de las 100 personas más influyentes de Hollywood, según ‘Time', debuta como director

RUBÉN ROMERO ·09/10/2008 - 22:45h

Miguel Chazo - Charlie Kaufman, el guionista más importante del Hollywood actual.

Charlie Kaufman (Nueva York, 1958) no sólo arrastra una fama de guionista de talento, que le ha valido ya tres nominaciones a los Oscar por Cómo ser John Malkovich (Spike Jonze, 1999), El ladrón de orquídeas (S. Jonze, 2002), y ¡Olvídate de mí! (Michel Gondry, 2004), obteniendo la estatuilla por esta última. También soporta el sambenito de icono de la modernidad, narrador críptico y persona huidiza.

Menudo, como un niño con los pies colgando de una silla a pesar de estar en un sillón, Kaufman se toma una eternidad para cada respuesta, procedimiento enervante cuando uno tiene los minutos de entrevista contados. No abandonamos el minutero. El Festival de Sitges ha decidido premiar le con su máximo galardón, la Máquina del Tiempo, algo curioso teniendo en cuenta la importancia de los juegos temporales en su obra.

"Pienso mucho en el tiempo. No lo entiendo y paso muchas horas intentado comprenderlo. Me asusta. Cuando era un niño quería inventar una máquina del tiempo, y pensaba que sería capaz de hacerlo. Me obsesionaba la posibilidad de morir". Bueno, ahora que ya tiene una máquina del tiempo, tal vez podría decirnos a dónde le gustaría ir en caso de que funcionara. "No la usaría. No sabría a dónde dirigirme. La vida ha acabado por derrotar esas ilusiones infantiles".

La depresión

¿Creen que lo dicho hasta ahora es deprimente? Pues no se vayan todavía, que aún hay más. "Ya no soy tan joven. La muerte me aterra igual que a todo el mundo. Es la base de cualquier religión, así que no creo ser el único que comparta ese sentimiento". Además de para recoger el premio, Kaufman ha venido al festival a presentar su primera película como director, Synecdoque, New York. Se trata de la consabida empanada intelecto-esquizofrénica al más puro aroma Kaufman.

Philip Seymour Hoffman interpreta a un director de teatro en crisis que, al ser abandonado por su pareja, desarrolla un síndrome de Cotard (delirio de negación) sencillamente indescriptible. "Es su manera de responder a la manera de comportarse de su mujer con respecto a su trabajo. Sus motivaciones son demostrar que tiene algo artístico que aportar al mundo".

En Cannes, la crítica vio en en el personaje el reflejo de la propia inseguridad de Kaufman para enfrentarse a su primer encargo como director. No es de extrañar: ese fue el punto de partida de El ladrón de orquídeas (Spike Jonze, 2002), en la que Kaufman desarrollaba una doble personalidad, motivada por su incapacidad para llevar a cabo una adaptación literaria. "No escribí Synecdoque para mí. Tenía que hacerla Spike. Cuando la gente asume que esos personajes son mis álter egos, me siento halagado, porque creen que la historia es real. Pero, no es así. Mi técnica de escritura no consiste en vomitar sobre un papel. Esa no es la causa de que mis guiones sean tan caóticos y complicados. En realidad se parecen más a un trabajo de artesanía".