Jueves, 9 de Octubre de 2008

Fiebre del cobre en el fondo del mar

Por primera vez en la historia, una empresa inicia las obras para extraer cobre a hasta 1.800 metros bajo el mar // La ONU quiere preservar el subsuelo marino

ANDRÉS PÉREZ ·09/10/2008 - 22:02h

IFREMER - Emanación de fluidos en un yacimiento ‘hidrotermal’ cerca de las Azores.

Nódulos polimetálicos. Desde 1947, estos pedruscos densos y grisáceos de los grandes fondos marinos, auténtico concentrado repleto de metales preciosos, eran la quimera económica que hacía salivar a empresarios y estudiantes de geopolítica. Pero los grandes fondos nunca pudieron ser explotados por la minería, porque la piedra es difícil de subir a la superficie, contrariamente al petróleo o el gas. El pasado viernes, ese veto técnico a la codicia saltó por los aires. Una empresa minera ha iniciado las obras para explotar el cobre extraído a 1.800 metros bajo el Mar de Bismarck.

La firma Nautilus Minerals, que hasta hace sólo unos meses no era más que una pequeña empresa de aventureros y prospecciones, obtuvo ese día del Gobierno de Papua Nueva Guinea la tramitación de la licencia de explotación comercial de minas situadas en los grandes fondos marinos, explorados y analizados desde 1999. La extracción, según la firma -segura de obtener luz verde definitiva-, comenzará en 2009, y la comercialización del cobre, en 2010.

Los grandes fondos marinos nunca pudieron ser explotados por la minería. Hast hoy 

Con el anuncio se abre una brecha en un consenso establecido en el marco de la ONU y por la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, el que dice que estos fondos de aguas internacionales son "patrimonio común de la Humanidad", y sólo pueden ser explorados por ciertas empresas e instituciones científicas bajo estricta supervisión internacional.

Ahora, la tecnología desarrollada por Nautilus Minerals y sus socios abre, por la profundidad prevista de 1.800 metros, la carrera hacia el fondo de las aguas internacionales, plagado de las mayores reservas de metales cada vez más caros. La fiebre de los grandes fondos, en busca de zinc, cobre, cobalto, oro, niquel, uranio y demás, en alta concentración y una distribución perfectamente regular y previsible, puede comenzar.

Nautilus sorprendió a propios y extraños al conseguir casi 350 millones de dólares (unos 255 millones de euros) en el cerrado mundo de la gran minería para su proyecto de explotación de los yacimientos en aguas profundas, por ahora único en el mundo.

Un gigante de las materias primas, Teck Cominco, ha entrado en el capital de Nautilus y en el proyecto de minería submarina. Otro gigante, AngloAmerican, casa madre de la célebre De Beers, ha tomado un 5,9% del capital de Nautilus. Gente que no bromea y no invierte en quimeras.

Robots marinos

Un conocido constructor de infraestructuras de petróleo, la firma Technip, trabaja en el proyecto y la firma de ingeniería minera británica Soil MachinesDynamics fabrica ya dos robots de extracción submarina de 190 toneladas, para el proyecto bautizado Solwara-1, en aguas situadas a unos 50 kilómetros al norte de la ciudad de Rabaul.

En la Autoridad Internacional de Fondos Marinos sonó la alerta en abril y mayo pasado. Porque el proyecto trae consecuencias para el futuro de los fondos internacionales y para las ya de por sí tensas negociaciones sobre la extensión de las zonas económicas exclusivas en la plataforma continental de los océanos.

El informe de la Autoridad independiente de la ONU en abril pasado subraya que "las tecnologías desarrolladas con vistas a su utilización en zonas bajo jurisdicción nacional también serán adaptadas para diferentes utilizaciones" en aguas internacionales.

Es un importante desafío a la biodiversidad

Con la bandera de titanio rusa en los grandes fondos del Océano Ártico, y la presente OPA de la gran minería privada anglosajona casi en la otra punta del planeta, el principio mismo de unos fondos marinos patrimonio de la Humanidad, indivisible y no privatizable, está en un brete.

La biodiversidad también está en un brete. Sesenta años de investigaciones científicas sobre los nódulos polimetálicos lanzaron una carrera entre potencias por la prospección de los fondos marinos. Una carrera que, en realidad, sirvió para darse cuenta de que allí, a temperaturas bajísimas, a alta presión, a la salida de las chimeneas de volcanes submarinos y en la línea de fractura de las dorsales de placas continentales, se encuentra el límite de la vida, sus formas más primigenias, en la frontera entre la química orgánica e inorgánica.

En esos mismos puntos, hubo otro descubrimiento: el de los Sulfuros Masivos Submarinos (SMS), precipitaciones de mineral con altísimas concentraciones de los minerales hoy cada vez más caros. Cobre en primer lugar, como el que va a extraer Nautilus en el Mar de Bismarck. Un informe del ministerio de Industria francés en 2001 ya concedía gran importancia a este tipo de yacimientos, llamados hidrotermales porque es el contacto entre el calor del magma o de los volcanes y el frío del mar el que origina la precipitación mineral. El desafío que las firmas pueden lanzar a la biodiversidad es importante. En la fractura de las dorsales a gran profundidad, allí donde casi se ve el manto de la tierra, y al borde de las chimeneas de los volcanes, viven unas 700 especies, desde bacterias que utilizan el metano como alimento hasta moluscos que, confrontados a la presión y a la alternancia de calor extremo y frío gélido, saben reparar su genoma. Todo ello fue explorado por la Campaña Serpentine del Ifremer francés, el año pasado. Vida apenas descubierta, y ya amenazada por la minería.